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Reportaje – Museo de la Evolución

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Resiste el Museo de la Evolución Humana, inaugurado para ser el principal centro pedagógico de la paleontología, junto a Atapuerca

Por Luis Cadenas Borges

El Museo de la Evolución Humana ya acumula suficiente visitantes, loas, artículos, reportajes, fotografías y atención mediática como para ser un proyecto aceptado. Abierto en 2010, es una de las grandes apuestas por la Teoría de la Evolución en medio de los ataques desde el otro lado de la religión. Y que sea junto a Atapuerca es una consecuencia lógica, además de muy útil: une el museo del centro de Burgos con la sierra del mismo nombre que llena miles de artículos científicos. El MEH puede hacer una labor encomiable para que los ciudadanos puedan entender ese gran interrogante.

La estructura del museo es un largo recorrido jalonado de momentos estelares, de piezas que de alguna forma han ayudado a entender y comprender los pasos biológicos, la dieta, la primitiva tecnología y todos sus cambios. Siguiendo un guión científico creado por esos tres hombres, el MEH divide el recorrido en cuatro plantas donde se trata de interpretar los hallazgos más emblemáticos que han realizado los investigadores en los yacimientos más importantes del mundo: hall, con el paisaje de Atapuerca en la época; la planta -1 se concibe como el corazón del museo, todo para el yacimiento. La planta 0 está dedicada a la Teoría de la evolución de Darwin. La planta 1 da respuesta, desde un punto de vista funcional, por qué somos tan iguales al cazador-recolector de hace 9.000 años, y sin embargo, tan diferentes. Y la planta 2, donde en esta planta se recrean los tres ecosistemas fundamentales de la evolución Humana: la selva, la sabana y la tundra-estepa de la última glaciación.

Pero hay siete piezas que hacen las veces de claves para explicar toda la cadena evolutiva. Siete fósiles y herramientas sacadas del yacimiento de Atapuerca, alma máter del MEH, la razón de su nacimiento y estructura. Arrancamos con Miguelón, sobrenombre del oficial mucho más aséptico: Cráneo 5. Es uno de los más completos y antiguos del registro fósil del mundo, descubierto en 1992 en la Sima de los Huesos, con 400.000 años de antigüedad y correspondiente al Homo heildelbergensis. Segunda parada: una punta de cuarcita encontrada en la Gran Dolina, con 350.000 años, que impacta por su bella factura y que es una de las demostraciones de que las herramientas ya eran una realidad desde el principio de las primeras fases de evolución.

Tercera llave del hombre: una lasca de sílex de la Sima del Elefante, todavía más antigua que la anterior, con un millón de años y que fue, quizás, la primera vez que se dio ese salto técnico fundamental junto con el fuego. Otro fósil para el cuarto puesto: Elvis, otro sobrenombre para el dueño de una pelvis con medio millón de años descubierta en la Sima de los Huesos en 1994 y que es un escalón más para entender cómo la anatomía de los homínidos evolucionó. Fundamental también para desarrollar las teorías del bipedismo que nos separa del resto de primates. Quinta maravilla: Excalibur, un hacha de mano muy elaborada con 500.000 años hallada en la Sima de los Huesos a finales de los años 90; sobre si fue usada o no para la caza hay dudas, ya que podría tratarse también de uno de los primeros objetos simbólicos de nuestra evolución, algo así como una imagen de poder como los bastones de mando, las coronas o los cargos, pero del principio de los tiempos. Sexto elemento: una mandíbula animal, la Panthera Leo, que revela la fauna y por tanto el campo de caza y la alimentación de la zona de Atapuerca en el pleistoceno. A través de este fósil puede determinarse cómo era la dieta y por tanto la organización para lo fundamental: comer. Y por último, el guiño: hace más de 800.000 años un niño murió en la Gran Dolina y partes de su cráneo han llegado hasta nosotros para que podamos conocer mucho más de la estructura ósea en las diferentes fases de crecimiento de aquellas especies que, sin llegar a ser lo que hoy somos, sí que eran parte de lo que somos.

Reportaje – La Gran Barrera en peligro

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Después de años de custodia y mimo del mayor ecosistema autónomo del mundo, resulta que el enemigo del mayor organismo vivo de la Tierra son los insecticidas.

Desde 1981 la inmensa formación de miles de kilómetros de coral que se extiende a lo largo de la costa oriental (más poblada) de Australia es patrimonio de toda la Humanidad, lo que da cierta idea de su importancia. Es un lugar único, no tanto por su composición (arrecifes de coral los hay en muchos mares y costas del mundo) sino por sus dimensiones: 2.400 kilómetros y el equivalente a casi 35 millones de hectáreas de superficie que crean una especie de segundo mar costero en la costa australiana, quizás uno de los lugares más fértiles y privilegiados de la Tierra. A veces se le considera, como es arrecife coralino, como el ser vivo más grande del mundo.

Sin embargo es una gran orquesta biológica de miles y miles de especies que han formado su ecosistema marino de baja profundidad a partir de una idea sencilla: el coral, acumulado durante millones de años. Cada coral se asienta sobre los restos fósiles de anteriores generaciones, en un proceso de acumulación desde el fondo marino que ha hecho crecer en altura y masa total a toda la Gran Barrera. Es la suma de millones y millones de seres vivos, de generaciones que se amontonan para crear algo nuevo. Cuando se quiere acelerar el proceso o crear nuevos ecosistemas, por ejemplo, se hunden barcos viejos que sirvan de base para futuros nuevos corales, algo que se ha hecho en algunas zonas de Australia, pero también en España con frecuencia.

Durante décadas la Unesco y el Gobierno australiano se han afanado para proteger el paraíso submarino y muchos otros ecosistemas ligados, como el costero oriental de la isla-continente. Es una forma de cuidar un patrimonio que genera biodiversidad, turismo y forma parte del legado de los australianos. Primero fue la protección frente a la explotación pesquera, luego determinado tipo de transportes, pero por mucho que se hiciera el problema final ha venido por algo tan nimio como los insecticidas y pesticidas usados en los campos australianos. Un reciente estudio oficial, derivado de las denuncias de asociaciones ecologistas y de investigadores que analizan la calidad del agua en la zona, ha puesto en entredicho el futuro de la formación coralina si persiste la amenaza química de estos compuestos. Como en todos los países del mundo, muchos de los residuos producidos por la agricultura acaba derivando hacia el mar, el mismo que recibe a espuertas esos compuestos químicos. Hasta un 12% de los campesinos y grandes empresas del campo australiano utilizan compuestos que son altamente contaminantes. Y los peor no es que desagüe en la costa, es que han llegado incluso a la zona, a unos 60 kilómetros de la costa.

Cuando los pesticidas se asientan en el fondo, en este caso sobre el coral, lo corroen y lo envenenan, de tal forma que poco a poco destruyen ese legado de millones de años. Otra forma de acabar con él es sirviendo de nutriente externo de la vegetación del fondo marino que, al crecer acaba por desplazar al coral o taparlo, con lo que también puede eliminarlo, siempre según la Academia de Ciencias australiana. Queensland, el estado que domina parte de la Gran Barrera, es uno de los mayores productores agrícolas del país, y el uso de pesticidas, herbicidas y fertilizantes sintéticos es masivo y habitual; cualquier cambio de postura al respecto podría poner en peligro el sustento económico de esa parte del país, pero es obvio que hace falta una solución a medio y largo plazo. Incluso los que menos daño hacen son también un peligro para organismos tan sensibles como el coral. El informe gubernamental acusa al sector agrícola en general pero apunta directamente a una parte del mismo en concreto, la industria azucarera, muy criticada también en Europa por su alto coste contaminante; en Australia se cultiva la caña de azúcar, sobre todo en la zona norte. Los agricultores se defienden, y lo hacen alegando que si alguien tiene alguna forma más fácil de cultivar en masa sin ser atacados por las plagas, que lo digan, porque si no las opciones no son viables. Además, afirman que el informe se basa en datos antiguos y que ha habido un cambio significativo, cosa que el Gobierno ha reconocido. Es aquí donde se llega a ese punto muerto peligroso, puesto que mientras se mantenga la situación la Gran Barrera seguirá sufriendo todo tipo de agresiones, especialmente la química, tan silenciosa como difícil de evitar.

Descubrir “el organismo vivo” más grande del planeta

Descubierta por el Capitán James Cook, al encallar en el arrecife el 11 de junio de 1770, la Gran Barrera de Coral es el arrecife coralino más grande de la Tierra. En 1981 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y el equilibrio de gran parte de sus 34.870.000 hectáreas está protegido por el Parque Marino de la Gran Barrera de Coral. Es un laberinto de 2.900 islas y arrecifes individuales que se extiende 2.300 km a lo largo de la costa oriental australiana, y es visible desde el espacio por su cercanía a la superficie del mar. A menudo se le conoce como el ser vivo animal más grande del mundo aunque, en realidad, está formada muchas colonias de corales. La Gran Barrera de Coral tiene una transparencia que alcanza una visibilidad de más de 50 metros. Se compone por más de 3.000 arrecifes distintos y es el hogar de un sinfín de especies: unas 1.500 de peces, más de 4.000 de moluscos, 200 de aves, 1.500 de esponjas, 500 de algas, seis de tortugas y unas 400 de coral. 

También es el refugio de algunas especies en peligro de extinción, como el dugongo y la gran tortuga verde.

Reportaje – Seti pregunta quién anda ahí

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El Programa SETI, afectado por los recortes de dinero público, tira de donaciones de millonarios para poder continuar con su búsqueda de señales de vida inteligente en el espacio.

“¡Es la economía, estúpido!”, le gritaba Clinton al Partido Republicano en los años 90 para ganar las elecciones. “¡Son los economistas, idiota!”, gritan ahora en las calles para demostrar quiénes son los que no supieron ver llegar la crisis. El dinero, siempre el maldito dinero: por su culpa uno de los proyectos más grandes, ambiciosos y quiméricos hechos nunca por el ser humano está en el filo de la navaja. El capitalismo tiene estos efectos colaterales: pagan los que menos lo merecen, un principio de injusticia que solivianta a la clase media hasta ponerla al borde de la barricada improvisada pero que en la comunidad científica es todavía más brutal.

El Programa SETI es la contracción de “Search for Extraterrestrial Intelligence”, o dicho de otra forma, el proyecto que revisa cada señal del espacio exterior o cuadrante del universo en busca de una respuesta inteligente, es decir, de vida extraterrestre evolucionada. Que es, poco menos, que buscar aquello que cambiará para siempre la existencia de la Humanidad, uno de esos sucesos clave, como el descubrimiento y manipulación del fuego, que derrumbará un mundo y levantará otro. Y resulta que la crisis ha hecho que se le corten los fondos públicos.

Otras preocupaciones menos altas han dejado apartado este proyecto, casi en forma de residual acumulación de ordenadores en línea en todo el mundo y con varios radiotelescopios y estaciones de radio mirando al infinito. Pero será salvada por las donaciones de millonarios americanos, que están dispuestos a pagar por continuar con la misión a tiempo perdido de rastrear cada pequeño trocito del cielo buscando a alguien. Lo más peculiar de todo esto es que el centro de SETI, en Mountain View (California) es privado, pero durante décadas ha formado parte de los proyectos paralelos de la NASA.

El Allen Telescope Array (ATA), un telescopio con 42 grandes antenas receptoras de ondas de radio cuyo objetivo es captar posibles mensajes extraterrestres funcionó hasta finales de abril, cuando el recorte de dinero público le dejó sin misión. Las donaciones privadas cayeron como una cascada para un proyecto con mucho tirón mediático y lograron acumular más de 150.000 euros para poder reengancharse a la misión. Uno de los famosos y afortunados en poner dinero es Jodie Foster, famosa en el mundo de la ciencia por la película ‘Contact’, un fracaso de público y taquilla pero filme de culto entre los admiradores del programa SETI. También hay astronautas como Bill Anders, que aportó dinero para que no se pare. No es una novedad: en 2004, Paul Allen, compañero de fatigas de Bill Gates en Microsoft, donó 24 millones de dólares para construir el telescopio ATA y que el SETI no se rindiera. Sin embargo no es suficiente: con el dinero conseguido no se pueden cubrir todo los gastos. El cálculo de los responsables de SETI es que harán falta unos 3,5 millones de euros para que funcione durante los próximos dos años.

En más de 30 años sólo ha existido un indicio de algo raro, la famosa Señal WOW de 1977, que en parte ha alimentado las mentes de muchos contribuyentes al programa SETI (ver despiece). Eso ha hecho que arrecien durante mucho tiempo las críticas al programa, no tanto en su existencia sino en su planteamiento. Los contrarios a SETI aducen que una forma de vida extraterrestre no tiene por qué comunicarse por ondas de radio. Eso para empezar, ya que podrían usar otros métodos más sencillos, como “presentarse”, enviar sondas o mensajes visuales. La segunda crítica es que el universo es tan inmenso y profundo que las probabilidades de captar desde la Tierra una señal concreta de las miles de millones de opciones y puntos de referencia es ínfima. Tanto como para que sea una pérdida de tiempo. Los promotores de SETI se agarran entonces a la esperanza, algo irracional, de dar en el clavo con paciencia y perseverancia. Además, ya que el sector público les abandona, el privado está ahí para, de momento, darles vida. Mientras tanto, mucha gente sigue colgada de la fe en que haya alguien ahí fuera y que, por raro que parezca, tenga un radio. Tal cual.

¿Qué es el realmente el Programa SETI?

Básicamente, SETI rastrea las ondas de radio del cosmos en búsqueda de señales creadas artificialmente. Es un inmenso programa que mezcla la búsqueda con radiotelescopios con el posterior tratamiento de todos los datos acumulados, para lo que valen tanto ordenadores potentes del proyecto como los pequeños PC de la gente común, muchos de los cuales han puesto sus terminales en líneas y poder procesar todas las señales recibidas. También se envían señales al espacio exterior con la esperanza de captar alguna respuesta. Los primeros proyectos SETI surgieron bajo el patrocinio de la NASA en los 70, cuando estaba en plena vigencia el Programa Apolo. El más famoso de todos es el SETI@Home, apoyado por millones de personas de todo el mundo mediante el uso de sus computadoras personales, que procesan la información capturada por el gigantesco radiotelescopio de Arecibo (Puerto Rico), la gran puerta hacia el espacio exterior.


Reportaje – España, mal país para ser científico

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Crisis, recortes presupuestarios de cientos de millones en el nuevo gobierno de Rajoy, justo donde NO hay que hacerlos,y quejas, muchas quejas, de los científicos, que se han agrupado para sonrojar al Gobierno

El pasado 22 de febrero una re­presentación de los investigadores científicos espa­ñoles de todas las áreas hicieron lo único que podían hacer ante la actual situación de la ciencia en España: quejarse. El anunciado recorte de cientos de millones de euros para la investigación científica por el nuevo gobierno conservador es otra muestra más de que una tierra de artistas y pensadores de la letra no suele dar muchos hombres y mujeres de ciencia. Es el “que inventen ellos” que desprecia a una parte fundamental de la inteligencia humana, la cortedad de miras en un terreno que es el futuro de los países que no quieran ser parias en la Tierra.

El derecho a la pataleta es el la última vía de escape en una demo­cracia, mucho más en un país que hace justo lo contrario de lo que debería. Mientras la reacción en países con tradi­ción científica es aumentar la partida de investigación para encontrar nuevas vías de negocio y de explotación co­mercial de la tecnología y la teoría científica, en España la tijera no respeta nada. Justo mientras se mantienen otras partidas menos productivas; o directamente no se mira qué se cercena, simplemente se pone en marcha la poda­dora sin prestar atención. Se quejaron escribiendo una carta en nombre de más de 2.000 científicos al Presidente del Gobierno, Zapatero, para que supiera en persona, sin ministerios intermediarios, dónde sufren. Cerca de dos mil quinientos investigadores -exactamente 2.463- de 168 instituciones y organismos científicos han suscrito, hasta el momento, la carta, que también fue entregada a la Comisión de Ciencia y Tecno­logía del Congreso, donde se tramita el proyecto de Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación.

Una de las peores lacras que sufre la ciencia en España es que según soplen los vientos sufren vaivenes de todo tipo, desde la organiza­ción a los presupuestos. Más o menos como la educación. Una de las investigadoras que integran esta platafor­ma, Amaya Moro-Martín, ha reclamado que la ciencia en España tenga un respal­do económico continuado. Asimismo, la investigadora ha denunciado la reducción del 90% en el número de nuevas plazas anuales ofertadas para científicos titulares en el CSIC y los problemas que experi­mentan los grupos de trabajo para continuar sus investi­gaciones ante los recortes presupuestarios. Según sus datos, las nuevas plazas para titulares en el Consejo Supe­rior de Investigaciones Cien­tíficas (CSIC) han ido cayendo consecutivamente en los últimos años, de modo que se ha pasado de 250 en 2007; a 202 en 2008; a 50 en 2009 y 26 en 2010.

Todos ellos coinciden en que los recortes presu­puestarios “drásticos” decidi­dos como consecuencia de la crisis económica, del 16% de media y que alcanza el 30% en los organismos públicos de investigación van a provocar “una pérdida de credibilidad y competitividad de la política científica española”, lo que impide “alcanzar un cambio del modelo productivo actual a uno basado en el conoci­miento”. Es decir, el famoso “país Nokia” del que hablan desde hace años, aunque viendo los malos tiempos del gigante finlandés quizás sería mejor pensar un “país Silicon Valley” o “país Apple”. La gran petición es sencilla, poner las bases para un pacto de Estado que “permita planificar a largo plazo los recursos humanos y financieros en investigación”. Porque lo que queda es una reducción brutal y progresiva de capital humano: el CSIC, el Centro Superior de Investiga­ciones Científicas que con­trola toda la ciencia pública, ha caído en serie cada vez mayores. Así, frente a las 250 plazas de 2007, se pasó a 202 en 2008, luego a 50 y des­pués a 26 sólo el año pasado. Eso en un país que genera cada año varias promociones de físicos, ingenieros y quí­micos, por poner un ejemplo.

La plataforma, según informa en su comunicado de prensa, cuenta también con el apoyo de “dos colectivos importan­tísimos”, el de los estudiantes de universidad y de secunda­ria, “porque de ellos saldrán las nuevas generaciones de investigadores españoles”. No se trata sólo de científi­cos, también de personas con familias y sueños.

Muchos de ellos tienen que irse fuera, para prosperar, pero saben que tienen que volver porque la cotización a la Seguridad Social manda muchas ve­ces, y porque sus contratos privados terminan. Algunos de ellos con diez años de trabajo, tienen que pasar por el mismo filtro que un recién licenciado, lo que machaca al novato y humilla al veterano. Se les prometió mucho, pero al volver, se encontraron con que habían abandonado pla­zas fijas en el extranjero con sueldos que duplicaban lo de España, y todo para terminar fuera.

El futuro telescopio gigante de Europa

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A pesar de que la crisis económica ha barrido casi todos los proyectos más audaces de las agencias espaciales en Occidente y parte de Oriente (salvo en China, donde encienden los motores de los cohetes con billetes, al parecer), otro tipo de programa siguen adelante. Europa ha dado luz verde al Telescopio Extremadamente Grande, también conocido como E-ELT, que contará con 40 metros de diámetro para un espejo y que será el equivalente a la pirámide de Keops de los telescopios. Siempre bajo la supervisión de la suboficina de la ESA, el Observatorio Austral Europeo (ESO).

 

Comparativa de tamaño entre el E-ELT y las pirámides

Los órganos directivos de ESO acaban de aprobar en una reunión en Múnich (Alemania) su presupuesto para el año que viene, en el que se incluye el E-ELT para que sea construido en el cerro Amazones (Chile) y el desarrollo de piezas ya diseñadas con anterioridad. La aprobación del presupuesto completo para la instalación, que se cifra en 1.082 millones de euros, se ha aplazado hasta una próxima reunión a mediados del 2012, pero todos los participantes en la organización confían en que no haya demoras. Especialmente cuando una de las nuevas potencias económicas mundiales, Brasil, haya aportado dinero para sacarlo adelante. En este encuentro en Munich, el astrónomo español Javier Barcons ha sido elegido como presidente del próximo consejo de ESO; también está en marcha el siguiente asunto, buscar jefe para la gestión del E-ELT.

Tal y como recogía el diario ‘El Mundo’ el 9 de diciembre, “entre los trabajos que se pondrán en marcha desde comienzos del próximo año están los accesos al lugar de su ubicación, así como la fabricación del espejo de óptica adaptativa, uno de los cinco espejos que tendrá el E-ELT. Incluso ya se fijo un plan ruta sobre la instalación de los primeros instrumentos. Cuando el E-ELT esté en marcha, todos los estados miembros de ESO podrán tener tiempo de observación asignado. Incluso si hubiera desviaciones sobre el coste presupuestado ahora y fuera necesaria financiación adicional hay tres estados (República Checa, Suecia y Finlandia) que se han comprometido a aumentar su participación, además de Alemania”.

 

 

 

Reportaje – La basura espacial

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Una alerta urgente en la Estación Espacial Internacional puso este año, otra vez, sobre la mesa, el riesgo de la basura espacial en órbita. Para las misiones futuras será un gran problema y un peligro de seguridad.

Reportaje – El futuro inmediato de la ESA

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La Agencia Espacial Europea calienta moto­res para la próxima década al mantener once misiones espaciales y proyectar otra más con destino al gigante rojo

Luis Cadenas Borges

Hay dos certe­zas respecto a las relaciones entre periodis­mo y ciencia. La primera: que vende mucho más el espacio exterior que la exploración de las llanuras abisales en bus­ca de calamares gigantes (el Kraken, que sí existe pero no es tan monstruoso… o sí); se­gunda: que la ciencia va ligada al dinero que empresas y go­biernos ponen sobre la mesa. Por eso me quedo con esta noticia, la de que la Agencia Espacial Europea (ESA por sus siglas en inglés) prolonga once de sus misiones científicas, a pesar de la crisis, a pesar de la presión por abaratar costes, a pesar de que el 90% de la gente no entienda que un año de experimentación en el espacio puede resolver miles de problemas hasta ahora im­posibles de superar. El pasado 23 de noviembre salía a la luz que la ESA ha cerrado un poco los ojos, apretado los dientes y dicho que sí, que seguimos en el espacio porque es donde hay que estar. Porque, visto de otra forma, explotar al máximo lo que se tiene tam­bién es una forma de ahorrar: eso supone que al menos once misiones se mantendrán por otros dos años, según el jefe de sección de operaciones de la agencia, Martin Kessler.

Las once misiones están trabajando “más allá de su vida útil prevista”, pero en la ESA piensa que todavía pueden darle a Europa cono­cimientos científicos de gran relevancia. Eso supone que siguen adelante proyectos como los satélites, muchos de ellos auténticas obras del arte perdido de la ingeniería y que son máximos exponentes de la inventiva continental. En este sentido, han señalado que también se ha conside­rado una contribución de la agencia europea para la nave espacial Hinode, que realiza misiones internacionales en colaboración con Japón, así como la Cassini-Huygens, el Telescopio Espacial Hubble y SOHO (ambos en un mano a mano con la NASA), y las operaciones científicas del demostrador de tecnología de la ESA, el Proba-2.

Pero de cara al fu­turo hay muchas mas cosas en mente: ahorrar gastos, sí, pero también ser ambiciosos. Mantener en funcionamiento esas misiones ayudaría mucho para poner en marcha otras tres opciones, todas con los ojos puestos en Júpiter. Hay un proyecto de varias partes, complicado y conjunto con la NASA, llamado EJSM/Laplace, una misión que debe estudiar Júpiter y sus satélites, con un énfasis especial en Ganímedes, candidato junto con la luna Europa a ser campo de trabajo humano en el futuro. En reali­dad, Laplace forma parte de la misión EJSM, que se llevaría a cabo en colaboración con los norteamericanos. La agencia norteamericana suministraría la sonda JEO (Júpiter Europa Orbiter), mientras que los europeos pondríamos la JGO o Laplace (Júpiter Ganymede Orbiter), cada una fijada en uno de los satélites del gigan­te gaseoso rojo. Laplace es una gran sonda de 4,3 toneladas que despegaría en marzo de 2020 mediante un Ariane 5 y llegaría en febrero de 2026. Como viene siendo habitual en las últimas propuestas de sondas de espacio profundo de la ESA, incorporaría paneles solares para alimentarse de energía, lo cual, una vez más, hace que todo sea más barato. Su misión se dividiría en dos: primero estudiaría el sistema de lunas del planeta y luego, ya en 2028, se enlazaría en una órbita geoestacionaria alrededor de Ganímedes

El dinero, siempre el dinero 

La agencia ha señalado que hace dos años se puso en marcha un plan financiero para misiones científicas, por lo que cada dos años se lleva a cabo una evaluación com­pleta de todas las misiones de la ESA que se acercan al final de su financiación, con el fin de ampliarla. En la última inspección, las misiones que han pasado por el control de los expertos han sido: Cluster, Integral, Planck, Mars Ex­press, Venus Express y XMM-Newton. Kessel se ha referido a la situación económica mundial y ha señalado que “no es un momento fácil para comprometerse de este modo” aunque ha destacado que “no se debe dudar de la sabidu­ría de las grandes inversiones del pasado”.

Reportaje – De Río Tinto a Marte

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La Nasa descubre fósiles en el planeta rojo mientras en Huelva simulan cómo sería la vida bacteriana en su superficie: lentamente, avanza el ser humano hacia el planeta rojo. 

La búsqueda de vida fuera de la Tierra tiene dos niveles: uno, seres inteli­gentes capaces de crear civilizacio­nes y tecnología y cuya bús­queda se centra en el progra­ma Seti; dos, bacterias, fósiles de éstas o la más microscópica huella de que haya existido al­gún tipo de vida activa. En el primer caso todavía estamos en el campo de los sueños, pero en el segundo Marte es, por ahora, la principal baza. Más allá de que el planeta rojo tenga agua congelada, cicatrices concretas que de­muestran que hubo corrientes líquidas en su superficie (casi en un 90% de probabilidades, de agua) y que haya pruebas fósiles de vida microscópi­ca, se trata de una verdadera odisea para poder demostrar que puede haber vida extra­terrestre.

Aunque sean bacte­rias parecidas a las que hay en estos momentos en Río Tinto, un destruido paraje onubense donde las corrientes de agua son férricas y el óxido se ha comido todo rastro de vida. Y sin embargo, Río Tinto es la Meca de los astrobiólogos que comparan este medio ambiente extremo con el que hay en Marte, o que pudo ha­ber. De momento la Nasa ha vuelto a apuntarse un tanto: hay indicios de que las rocas marcianas, en determinados puntos, podrían contener res­tos fosilizados. Las primitivas rocas se encuentran en el área Nili Fossae, una de las zonas contempladas para el amarti­zaje de la futura sonda Mars Science Laboratory de este año, y cuya misión será precisamente analizar la habi­tabilidad del planeta rojo. El descubrimiento en 2008 de carbonato en las rocas de Nili Fossae en Marte revolucionó a la comunidad científica, ya que esta molécula era la prue­ba última de que el planeta rojo podía haber albergado vida.

La nueva investigación ha relacionado las caracterís­ticas de las rocas marcianas, recogidas por infrarrojos desde el espectrómetro CRISM que orbita el planeta, con las rocas de la zona Pilbara, en el no­roeste australiano. Esta zona es, junto con Río Tinto, el manual de campo hipotético de la vida factible en la superficie de Marte, o incluso en el subsuelo, donde el calor y el frío extremos del día y la noche fueran menos dañinos. O peor, la radiación (la atmósfera marciana no es tan protectora como la terres­tre). Es el CSIC español el que más ha investigado, y ti­rado de otros científicos, para poder convertir la zona en un laboratorio a cielo abierto. Las pruebas con bacterias qui­miolitotrofas (devoradoras de rocas), en condiciones extre­mas, demuestran que existe al menos la posibilidad. Así, las bacterias fueron sometidas a condiciones muy restrictivas, como las marcianas: presiones de 7 milibares, temperaturas por encima de los 170 grados centígrados y alta presencia de rayos UV. Las mayores ta­sas de supervivencia fueron en subsuelo, por lo que al me­nos teóricamente se abre la vía para la investigación de vida marciana para los próxi­mos años.

Rumbo a Marte

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Todo está listo en la base de Cabo Cañaveral (Florida) para el lanzamiento, previsto el sábado 26 de noviembre, a bordo de un cohete Atlas V, de la nueva misión internacional a Marte (MSL). Y con otro robot móvil, o mejor dicho, otro rover independiente, el Curiosity, el más potente nunca enviado fuera y que confirma que en el futuro serán las máquinas las que exploren por nosotros. El MSL es el más completo instrumento de investigación enviado hasta ahora al planeta rojo, que tiene el tamaño de un coche.

La llegada a Marte se espera para el próximo verano, concretamente a un punto preciso denominado cráter Gale, donde observaciones desde la órbita de Marte indican que la composición sedimientaria del terreno parece más favorable para que la misión tenga éxito. El rover Curiosity cuenta con 10 instrumentos científicos para buscar pruebas acerca de si Marte tuvo un entorno favorable para la vida microbiana, incluyendo los ingredientes químicos de la vida.

El robot utiliza un láser para observar el interior de las rocas y la liberación de gases. Su espectrómetro podrá analizar y enviar los datos a la Tierra. La última información en línea sobre la misión Mars Science Laboratory está en: http://www.nasa.gov/msl

 

 

 

 

Investigación científica en peligro

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Hace unos días varios medios de comunicación, como ‘El Mundo’, publicitaban el miedo de varios medios especializados respecto al futuro del Centro Príncipe Felipe de Valencia, uno de los pocos que hay en el mundo dedicado de forma total al estudio sobre células madre. En su sección de Ciencia publicaban que la revista ‘Nature’, la referencia de este campo junto con ‘Science’, denunciaba los recortes a este centro, y las opiniones de algunos de los mayores especialistas de este campo sobre su labor y la pérdida que supondría su cierre.

El artículo del diario español, firmado por Miguel Corral, decía que “la revista reconoce al centro como una de las banderas de la investigación valenciana y resalta la importancia de algunos de sus hallazgos en el campo de la medicina regenerativa y la bioquímica. “El centro fue inaugurado en 2005, con la financiación principal del Gobierno de Valencia, que invirtió millones de euros para convertir al CIPF en el cetnro neurálgico de la investigación biomédica de la región. Tras la explicación de la dramática situación económica que ha llevado al centro a hacer un expediente de regulación de empleo que tumbará más de la mitad de las líneas de investigación y echará por tierra alrededor de 100 puestos de trabajo, la publicación recoge las opiniones de científicos de renombre que han colaborado con el CIPF”.

Pero no sólo es la crisis, ya que ‘Nature’ asegura que el centro fue capaz de captar hasta 7 millones de euros de fuentes externas, pero que todo ese dinero se ha perdido. La comunidad científica internacional asegura que fue la mala gestión de las autoridades la que ha alimentado también la situación crítica. Ludovic Vallier lamenta la stuación del centro y asegura que la pérdida de financiación y de recursos humanos tendrá u impacto tremendo y que “hará retroceder la investigación en España hasta 10 años atrás”.