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Reportaje – El futuro inmediato de la ESA

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La Agencia Espacial Europea calienta moto­res para la próxima década al mantener once misiones espaciales y proyectar otra más con destino al gigante rojo

Luis Cadenas Borges

Hay dos certe­zas respecto a las relaciones entre periodis­mo y ciencia. La primera: que vende mucho más el espacio exterior que la exploración de las llanuras abisales en bus­ca de calamares gigantes (el Kraken, que sí existe pero no es tan monstruoso… o sí); se­gunda: que la ciencia va ligada al dinero que empresas y go­biernos ponen sobre la mesa. Por eso me quedo con esta noticia, la de que la Agencia Espacial Europea (ESA por sus siglas en inglés) prolonga once de sus misiones científicas, a pesar de la crisis, a pesar de la presión por abaratar costes, a pesar de que el 90% de la gente no entienda que un año de experimentación en el espacio puede resolver miles de problemas hasta ahora im­posibles de superar. El pasado 23 de noviembre salía a la luz que la ESA ha cerrado un poco los ojos, apretado los dientes y dicho que sí, que seguimos en el espacio porque es donde hay que estar. Porque, visto de otra forma, explotar al máximo lo que se tiene tam­bién es una forma de ahorrar: eso supone que al menos once misiones se mantendrán por otros dos años, según el jefe de sección de operaciones de la agencia, Martin Kessler.

Las once misiones están trabajando “más allá de su vida útil prevista”, pero en la ESA piensa que todavía pueden darle a Europa cono­cimientos científicos de gran relevancia. Eso supone que siguen adelante proyectos como los satélites, muchos de ellos auténticas obras del arte perdido de la ingeniería y que son máximos exponentes de la inventiva continental. En este sentido, han señalado que también se ha conside­rado una contribución de la agencia europea para la nave espacial Hinode, que realiza misiones internacionales en colaboración con Japón, así como la Cassini-Huygens, el Telescopio Espacial Hubble y SOHO (ambos en un mano a mano con la NASA), y las operaciones científicas del demostrador de tecnología de la ESA, el Proba-2.

Pero de cara al fu­turo hay muchas mas cosas en mente: ahorrar gastos, sí, pero también ser ambiciosos. Mantener en funcionamiento esas misiones ayudaría mucho para poner en marcha otras tres opciones, todas con los ojos puestos en Júpiter. Hay un proyecto de varias partes, complicado y conjunto con la NASA, llamado EJSM/Laplace, una misión que debe estudiar Júpiter y sus satélites, con un énfasis especial en Ganímedes, candidato junto con la luna Europa a ser campo de trabajo humano en el futuro. En reali­dad, Laplace forma parte de la misión EJSM, que se llevaría a cabo en colaboración con los norteamericanos. La agencia norteamericana suministraría la sonda JEO (Júpiter Europa Orbiter), mientras que los europeos pondríamos la JGO o Laplace (Júpiter Ganymede Orbiter), cada una fijada en uno de los satélites del gigan­te gaseoso rojo. Laplace es una gran sonda de 4,3 toneladas que despegaría en marzo de 2020 mediante un Ariane 5 y llegaría en febrero de 2026. Como viene siendo habitual en las últimas propuestas de sondas de espacio profundo de la ESA, incorporaría paneles solares para alimentarse de energía, lo cual, una vez más, hace que todo sea más barato. Su misión se dividiría en dos: primero estudiaría el sistema de lunas del planeta y luego, ya en 2028, se enlazaría en una órbita geoestacionaria alrededor de Ganímedes

El dinero, siempre el dinero 

La agencia ha señalado que hace dos años se puso en marcha un plan financiero para misiones científicas, por lo que cada dos años se lleva a cabo una evaluación com­pleta de todas las misiones de la ESA que se acercan al final de su financiación, con el fin de ampliarla. En la última inspección, las misiones que han pasado por el control de los expertos han sido: Cluster, Integral, Planck, Mars Ex­press, Venus Express y XMM-Newton. Kessel se ha referido a la situación económica mundial y ha señalado que “no es un momento fácil para comprometerse de este modo” aunque ha destacado que “no se debe dudar de la sabidu­ría de las grandes inversiones del pasado”.

Reportaje – De Río Tinto a Marte

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La Nasa descubre fósiles en el planeta rojo mientras en Huelva simulan cómo sería la vida bacteriana en su superficie: lentamente, avanza el ser humano hacia el planeta rojo. 

La búsqueda de vida fuera de la Tierra tiene dos niveles: uno, seres inteli­gentes capaces de crear civilizacio­nes y tecnología y cuya bús­queda se centra en el progra­ma Seti; dos, bacterias, fósiles de éstas o la más microscópica huella de que haya existido al­gún tipo de vida activa. En el primer caso todavía estamos en el campo de los sueños, pero en el segundo Marte es, por ahora, la principal baza. Más allá de que el planeta rojo tenga agua congelada, cicatrices concretas que de­muestran que hubo corrientes líquidas en su superficie (casi en un 90% de probabilidades, de agua) y que haya pruebas fósiles de vida microscópi­ca, se trata de una verdadera odisea para poder demostrar que puede haber vida extra­terrestre.

Aunque sean bacte­rias parecidas a las que hay en estos momentos en Río Tinto, un destruido paraje onubense donde las corrientes de agua son férricas y el óxido se ha comido todo rastro de vida. Y sin embargo, Río Tinto es la Meca de los astrobiólogos que comparan este medio ambiente extremo con el que hay en Marte, o que pudo ha­ber. De momento la Nasa ha vuelto a apuntarse un tanto: hay indicios de que las rocas marcianas, en determinados puntos, podrían contener res­tos fosilizados. Las primitivas rocas se encuentran en el área Nili Fossae, una de las zonas contempladas para el amarti­zaje de la futura sonda Mars Science Laboratory de este año, y cuya misión será precisamente analizar la habi­tabilidad del planeta rojo. El descubrimiento en 2008 de carbonato en las rocas de Nili Fossae en Marte revolucionó a la comunidad científica, ya que esta molécula era la prue­ba última de que el planeta rojo podía haber albergado vida.

La nueva investigación ha relacionado las caracterís­ticas de las rocas marcianas, recogidas por infrarrojos desde el espectrómetro CRISM que orbita el planeta, con las rocas de la zona Pilbara, en el no­roeste australiano. Esta zona es, junto con Río Tinto, el manual de campo hipotético de la vida factible en la superficie de Marte, o incluso en el subsuelo, donde el calor y el frío extremos del día y la noche fueran menos dañinos. O peor, la radiación (la atmósfera marciana no es tan protectora como la terres­tre). Es el CSIC español el que más ha investigado, y ti­rado de otros científicos, para poder convertir la zona en un laboratorio a cielo abierto. Las pruebas con bacterias qui­miolitotrofas (devoradoras de rocas), en condiciones extre­mas, demuestran que existe al menos la posibilidad. Así, las bacterias fueron sometidas a condiciones muy restrictivas, como las marcianas: presiones de 7 milibares, temperaturas por encima de los 170 grados centígrados y alta presencia de rayos UV. Las mayores ta­sas de supervivencia fueron en subsuelo, por lo que al me­nos teóricamente se abre la vía para la investigación de vida marciana para los próxi­mos años.

Rumbo a Marte

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Todo está listo en la base de Cabo Cañaveral (Florida) para el lanzamiento, previsto el sábado 26 de noviembre, a bordo de un cohete Atlas V, de la nueva misión internacional a Marte (MSL). Y con otro robot móvil, o mejor dicho, otro rover independiente, el Curiosity, el más potente nunca enviado fuera y que confirma que en el futuro serán las máquinas las que exploren por nosotros. El MSL es el más completo instrumento de investigación enviado hasta ahora al planeta rojo, que tiene el tamaño de un coche.

La llegada a Marte se espera para el próximo verano, concretamente a un punto preciso denominado cráter Gale, donde observaciones desde la órbita de Marte indican que la composición sedimientaria del terreno parece más favorable para que la misión tenga éxito. El rover Curiosity cuenta con 10 instrumentos científicos para buscar pruebas acerca de si Marte tuvo un entorno favorable para la vida microbiana, incluyendo los ingredientes químicos de la vida.

El robot utiliza un láser para observar el interior de las rocas y la liberación de gases. Su espectrómetro podrá analizar y enviar los datos a la Tierra. La última información en línea sobre la misión Mars Science Laboratory está en: http://www.nasa.gov/msl

 

 

 

 

Investigación científica en peligro

Sin título

Hace unos días varios medios de comunicación, como ‘El Mundo’, publicitaban el miedo de varios medios especializados respecto al futuro del Centro Príncipe Felipe de Valencia, uno de los pocos que hay en el mundo dedicado de forma total al estudio sobre células madre. En su sección de Ciencia publicaban que la revista ‘Nature’, la referencia de este campo junto con ‘Science’, denunciaba los recortes a este centro, y las opiniones de algunos de los mayores especialistas de este campo sobre su labor y la pérdida que supondría su cierre.

El artículo del diario español, firmado por Miguel Corral, decía que “la revista reconoce al centro como una de las banderas de la investigación valenciana y resalta la importancia de algunos de sus hallazgos en el campo de la medicina regenerativa y la bioquímica. “El centro fue inaugurado en 2005, con la financiación principal del Gobierno de Valencia, que invirtió millones de euros para convertir al CIPF en el cetnro neurálgico de la investigación biomédica de la región. Tras la explicación de la dramática situación económica que ha llevado al centro a hacer un expediente de regulación de empleo que tumbará más de la mitad de las líneas de investigación y echará por tierra alrededor de 100 puestos de trabajo, la publicación recoge las opiniones de científicos de renombre que han colaborado con el CIPF”.

Pero no sólo es la crisis, ya que ‘Nature’ asegura que el centro fue capaz de captar hasta 7 millones de euros de fuentes externas, pero que todo ese dinero se ha perdido. La comunidad científica internacional asegura que fue la mala gestión de las autoridades la que ha alimentado también la situación crítica. Ludovic Vallier lamenta la stuación del centro y asegura que la pérdida de financiación y de recursos humanos tendrá u impacto tremendo y que “hará retroceder la investigación en España hasta 10 años atrás”.

 

Mars 500 vale un buen viaje

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“Viajar a Marte es un paso necesario que tenemos que hacer para convertirnos en una especie interplanetaria. Tenemos que expandirnos”. Así de contundente se ha expresado Diego Urbina, uno de los seis participantes en el proyecto Mars500, la primera simulación de un viaje al planeta rojo. Un ensayo de lo que podría ser volar y volver a Marte en el futuro. “Hemos demostrado que el hombre puede volar a Marte”, dijo el francés Romain Charles, otro de los voluntarios. Urbina, que se encerró con Charles y otros cuatro voluntarios durante 520 días en el mayor simulacro de odisea interplanetaria realizado hasta la fecha, cree que la conquista de Marte es vital para el futuro de la humanidad.

Este colombiano de nacimiento e italiano de adopción sueña con convertirse en uno de los primeros ‘martenautas’ de la historia y cree que “si ponemos todos los huevos en una cesta, en este caso la Tierra, las probabilidades de que la civilización humana se acabe son reales“. Aunque el proyecto Mars500 era un simulacro, los seis voluntarios realizaron numerosos experimentos científicos y se comportaron como si se tratara de un auténtico viaje interplanetario, lo que convirtió el experimento en un “éxito”, según los organizadores.

El impacto de la ciencia

science

Hay una máxima que no falla nunca: cuanto más dinero se destina a investigación científica y tecnológica, más resultados se obtienen. La ciencia no es como la lotería: no se tira el dinero. Siempre se consigue algo que tendrá un impacto en nuestras vidas. Un baremo mide el impacto de esa ciencia. El impacto del conocimiento científico producido en EEUU está en decadencia: la crisis y la competencia extranjera hace mella. El país, en cambio, quien mejor rendimiento saca a cada euro que invierte es Gran Bretaña, seguido de Alemania. Los mismos de siempre. Pero por algo será.

Según la editorial científica Elsevier, y la consultora Thomson Reuters, Gran Bretaña es el país con el mejor rendimiento científico del mundo, es decir, el mejor cociente entre el impacto (normalizado) de sus publicaciones y los fondos públicos invertidos en su financiación. Gran Bretaña produce el 8% de los artículos de investigación publicados en todo el mundo, pero logra producir el 17% de los trabajos de investigación con más de 500 citas y el 20% de los que tienen más de 1000 citas. Entre 1991 y 2011 pasó del segundo lugar en 1991 al primer lugar desde 2007; Alemania pasó del cuarto lugar en 1991 hasta el segundo en 2010; Francia, en el quinto puesto detrás de EEUU, sigue creciendo y se espera que si el gobierno de los EEUU no hace nada para evitarlo, acabará obteniendo el tercer lugar.

Por cierto, España no se encuentra en buen lugar en esta lista. En 2010 fuimos los novenos por número de artículos, los undécimos por número de citas, pero los trigésimo cuartos por número de citas por artículo. Siempre en el furgón de cola.

 

Reportaje – ¿Icebergs en Galicia?

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Hay una razón por la cual no hay ice­bergs flotando frente a las costas de La Coruña un día de principios de enero… (no es broma): la Corriente del Golfo. Es un poco exagerado pero no deja de ser cierto que de no exis­tir esta corriente de agua ca­liente en el Atlántico Norte el clima del oeste y noroeste de Europa sería muy pareci­do al de las costas siberianas.

Desde hace varios años se teme la desaparición o freno de laCorriente del Golfo que suaviza el clima del oeste y norte de Europa haciéndola más habitable

Su funcionamiento y efectos (ver anexo sobre su sistema de circulación) convierte las islas Lofoten, por ejemplo, en un lugar apto para la vida humana y no un peñasco aplastado por hielos polares perpetuos. Las razones para que el hemisferio norte at­lántico tenga esta bendición que afecta a Groenlandia, Islandia, las Islas Británicas, Noruega y el Mar del Norte, así como (en menor medida) la costa portuguesa, gallega y cantábrica, hay que buscarla en los vientos globales, sobre todo en el ciclo eólico del he­misferio norte que influye en las aguas atlánticas, con una alta salinidad que ayuda (y mucho) a que la corriente o “Gulfstream” no desaparezca.

De alterarse el nivel del agua, su salinidad o los vientos (a lo que hay que añadir la rotación de la Tierra como otro factor más) el clima de la Europa oc­cidental y de la costa oriental de Estados Unidos y Canadá cambiaría para enfriarse. Y entonces surgiría ese terror atávico de muchos especia­listas y agoreros del clima: en lugar de más calor y sequedad, una mini era glacial costera para la zona más industriali­zada y desarrollada del mun­do. Desde que en la agenda mundial entrara el cambio climático con fuerza ha habi­do todo tipo de mitología al respecto, pero, por ahora, el temido deshielo de Groenlan­dia y la alteración siguiente de la corriente no han provoca­do cambios. Por ahora. A cau­sa del calentamiento global, se producen más deshielos en el Ártico y fluye, por lo tanto, más agua dulce hacia el At­lántico Norte.

Si esto conti­núa, en un momento dado sus aguas ya no tendrían el nivel salino necesario (y por tanto densidad) como para seguir su camino en las profundidades y luego ascender. Groenlandia es pues la clave, tanto o más que el resto del casquete polar del Norte. El cambio no sería brusco y apocalíptico como en la película ‘El día de maña­na’, sino que se prolongarían durante unos 100 años. La temperatura bajaría gradual­mente, muchas especies ani­males y vegetales desaparece­rían del oeste europeo y vivir en la costa sería más duro que ahora. No obstante, el factor fundamental de la corriente es el viento, y éste no cambia por el calentamiento, así que quizás mucha gente se esté ahogando en un vaso de agua. Como apunte, el último fre­nazo de la corriente coincide con el fuerte descenso de las temperaturas que hubo en Europa entre los siglos XVI y XIX, la “Pequeña Edad del Hielo” que aisló Groenlan­dia, Islandia y las islas nórdi­cas del resto del mundo. Así pues, será cuestión de esperar y mirar al horizonte desde Fi­nisterre.

Circulación de la Corriente

La corriente del Golfo es una corriente oceánica de baja pro­fundidad que desplaza una gran masa de agua cálida procedente del golfo de México y que se diri­ge al Atlántico Norte. Alcanza una profundidad de unos 100 metros y una anchura de más de 1000 km en gran parte de su larga trayecto­ria. Se desplaza a 1,8 m/s aproxi­madamente y su caudal es enor­me: unos 80 millones de m•/s. La circulación de esta corriente asegura a Europa un clima cálido para la latitud en que se encuen­tra e impide la excesiva aridez en las zonas atravesadas por los tró­picos en las costas caribeñas y de­termina en buena parte la flora y la fauna marina de los lugares por los que pasa. El descubrimiento por parte de los europeos de la corriente del Golfo data de 1513, año de la expedición de Ponce de León, una herramienta perfecta para ser usada por los navegantes españoles en el viaje de ida y vuel­ta al Caribe. Pero el primero que sistematizó su funcionamiento fue Benjamin Franklin en 1786 en su obra ‘Sundry Maritime Observa­tions’, que además trazó el primer mapa oficial.

Ocho años más para la ISS

Estacion Espacial Internacional 2

La falta de dinero por culpa de la crisis ha obligado a los científicos y administradores de las agencias espaciales mundiales a replantearse ciertas cosas allá arriba: una de ellas es la longevidad de lo que hay. Porque no hay dinero para cosas nuevas. Y la primera en dar el paso ha sido Rusia, con la complicidad de la NASA: ha propuesto prolongar ocho años, hasta 2028, la vida útil de la Estación Espacial Internacional (ISS).

La ISS comenzó a operar en 1998 y estaba previsto su cierre para 2020. “Los especialistas tienen ante sí la misión de estudiar una propuesta audaz: cómo garantizar el funcionamiento de la ISS en órbita durante 30 años”, afirmó Alexéi Krasnov, jefe del programa de cosmonautas de la agencia espacial rusa, Roscosmos, durante una reunión internacional sobre astronomía y tecnología en Moscú. Todo un aviso de que la astronomía y la exploración espacial entra en la fase de vacas flacas, de mucho ingenio y de aguantar con lo que hay.

La plataforma podría ser utilizada en el futuro como centro de ensamblaje de los aparatos que realicen vuelos interplanetarios. Polanski considera que la ISS tendrá en los próximos años un papel crucial como trampolín para los vuelos a la Luna, Marte y otros lugares remotos del cosmos. La iniciativa rusa recibió de inmediato el apoyo del director de operaciones de la NASA, Mark Polanski, y de los representantes de la Agencia Espacial Europea (ESA), según las agencias rusas. Es decir, que nadie da un paso así si no es con la aquiescencia de sus socios en este gran proyecto. El gesto positivo de Japón también iba implícito.

Esperando el Big One asiático

Chile

Después de los dos tsunamis provocados por terremotos que han asolado Asia en los últimos diez años, hay que tener muy en cuenta de que sigue la amenaza del llamado Big One asiático, vinculado a la actividad del Cinturón de Fuego del Pacífico, la gran cadena de volcanes que de entrar en erupción podría cambiar todo el planeta. Reportaje sobre ese Big One, publicado antes de que Japón fuera sacudido mortalmente.

Por Luis Cadenas Borges

Un megaterre­moto de al me­nos 8.5 grados en la escala de Richter y con el potencial de formar un tsunami tan letal como el que mató a 226.000 personas en 2004 se gesta junto a la isla indonesia de Sumatra, según varios científicos. Otro mucho más al norte, pero vinculado, arrasó el noreste de Japón este mismo año y provocó miles de muertos. Con la comunidad internacional des­bordada por la tragedia humana de Haití, sismólogos y geólogos de Estados Unidos, Indonesia y Reino Unido han coincidido en subrayar que un sismo de gran­des proporciones va a castigar de nuevo el Sudeste asiático. “Hay una gran probabilidad de que se produzca un gran terremoto con una magnitud de más de 8,5 en las (islas) Mentawai, junto a Su­matra.

Y es muy posible que ese seísmo provoque un tsunami”, aseguró el sismólogo indonesio Fauzi, director de la Agencia Meteorológica y Geofísica de In­donesia (BMG). Un movimien­to telúrico de gran magnitud y epicentro próximo al litoral puede generar una ola gigante que arrase las pobladas costas de Sumatra y cause decenas de miles de víctimas. En concre­to, McCloskey apuntó que una de las zonas más proclives a ser devastada es Padang, capital de la provincia de Sumatra Occi­dental, con una población de un millón de habitantes y que fue parcialmente destruida en el seísmo de magnitud 7,6 que el pasado septiembre mató a, al menos, 1.100 personas. El de 2004 mató a unas 226.400 personas y dejó varios millones de damnificados en 13 países hace algo más de cinco años. “La amenaza de un fenómeno así es clara y la necesidad de tomar ac­ciones urgentes para mitigar (el impacto) es extremadamente importante”, añadió el experto, muy reconocido en su ámbito tras prever con dos semanas de anticipación el seísmo de marzo de 2005 en la isla de Nias, al oes­te de Sumatra.

El epicentro del futuro cataclismo, según Fauzi, McCloskey y otros colegas, se situará bajo la pequeña isla de Siberut, en las Mentawai, un apartado archipiélago al oeste de Sumatra con un extenso histo­rial sísmico. Atraviesa su fondo marino la falla de Sonda, donde colisionan las placas tectónicas indoaustraliana y euroasiática, una de las fracturas más activas de la corteza terrestre. Según las investigaciones de McCloskey, la región sufre, de media, un gran terremoto cada dos siglos y la falla lleva acumulando ten­sión desde 1797, el último gran seísmo, por lo que concluye que está “a punto de romper”.

La cuestión sobre la que ningún experto se atreve a pronun­ciarse con exactitud es cuándo se producirá la catástrofe. “Lo más probable es que se produzca en las próximas décadas: en los próximos 30 segundos o dentro de treinta años”, aseguró Kerry Sieh, director del Obser­vatorio Tierra de Singa­pur. Tras coin­cidir en el diagnóstico, los sismólogos apuestan por que los gobiernos centrales y regionales se prepa­ren para minimizar el número de víctimas entre la población. “Lo verdaderamente importante no es saber cuándo ocurrirá ese me­gaterremoto, sino prepararse. La mayoría de las muertes se produ­ce por el derrumbe de edificios, los corrimientos de tierras y los tsunamis. Ahí es donde hay que incidir”, aseguró Fauzi.

El Arca vegetal

semillas preciosas

Noruega alberga en este archipiélago el mayor depósito aséptico de semillas y ADN vegetal del mundo, “por si acaso”. Fue uno de nuestros primeros reportajes de Ciencia y uno de los más peculiares de todos.

Por Luis Cadenas Borges

Primavera de 2010, arranca la rueda de la previsión humana. Holocausto, guerra, me­teorito, fusión de los polos… no importa, mientras haya plantas, habrá vida. Y mien­tras haya semillas, habrá plan­tas. Siguiendo esta cadena ló­gica, los científicos noruegos diseñaron años atrás, con apo­yo de organizaciones interna­cionales, el mayor silo pro­fundo de semillas del planeta, pensado para albergar hasta tres millones de esas pequeñas piezas de relojería natural que podrían germinar de nuevo en el futuro para salvarnos. Porque, ya sin ciencia-ficción, ésa es la razón por al que se creó el Banco de Semillas de Svalbard, en el corazón del ártico escandinavo. En­terrado en la dura roca del norte, sería capaz de soportar incluso el impacto directo de una pequeña cabeza nuclear. Su característica esencial es la resistencia: el silo incluye dos estancias excavadas en la roca arenisca a 130 metros por debajo del nivel del mar a las cuales se accede por un túnel de 120 metros de largo, todo recubierto con paredes de hormigón armado, diseñado todo el entramado para resis­tir durante al menos 100 años la fuerza de tsunamis y terre­motos, bombas, invasiones de virus y hasta un aumento del nivel del mar por culpa del calentamiento global. Las muestras se conservarán a una temperatura de -20° y -10° mediante un sistema de refri­geración, pero incluso en caso de una caída del sistema ener­gético se mantendrían a -6° gracias al ambiente natural de la propia estructura, protegida por una gruesa capa de perma­frost o hielos perpetuos.

Se­gún el jefe y padre del proyec­to, Cary Fowler, director de la Fundación para la Diversidad de los Cultivos Globales, este silo es el “mejor congelador del mundo”, y también el más caro: más de dos millones de euros y varios meses de tra­bajo sirvieron para poner en marcha este cinturón de se­guridad para la Humanidad. Y detrás, la FAO, la principal institución alimentaria del planeta, dependiente de la ONU y que ha puesto todo su afán en esta particular Arca de Noé vegetal. Es difícil ima­ginar un lugar más idóneo que la tierra helada de Sval­bard para albergar este banco mundial de semillas. Por una parte, se trata de un lugar re­moto, alejado de cualquier conflicto. De hecho, existe un tratado internacional por el cual se considera una zona desmilitarizada. Además, las condiciones de permafrost en la zona, y el hecho de que la roca de la montaña escogida para su ubicación se mantiene fría las 24 horas durante todo el año, convierte a la bóveda en una especie de congelador natural. Y su principal misión no es otra que garantizar,a toda costa, que la biodiver­sidad natural se mantenga: en perspectiva, para cuando se lleno y albergue más de 4 millones de semillas, será el almacén garante de que todo vaya bien. De hecho la úni­ca amenaza por las Svalbard, zona libre de grandes movi­mientos sísmicos y volcáni­cos, y totalmente desmilitari­zada, son los osos polares. Más allá de eso, sólo hielo, frío y ciencia. Y nuestro futuro.