La editorial Navona reedita, 25 años después de la primera publicación, el poemario ‘Biografía del explorador’ de José Ovejero, que ganó el Premio Ciudad de Irún de 1993.

Ovejero ha vivido en Alemania y Bélgica y vive hoy en Madrid. Ha publicado novela, cuentos, ensayo, teatro, poesía y libros de viajes. Colabora con sus artículos en diferentes revistas y periódicos españoles y latinoamericanos. Su carrera literaria no se ha cerrado a un solo género, como muestra sus inicios en poesía y que le llevaron incluso a ganar en 1998 el Premio Grandes Viajeros por ‘China para hipocondríacos’.

Entre sus obras aparecen también los libros de relatos ‘Qué raros son los hombres’ y ‘Mujeres que viajan solas’, las obras teatrales ‘Los políticos’ y ‘La plaga’, novelas como ‘Los ángeles feroces’ y ‘La seducción’. También es uno de los autores más laureados: ganó el Premio Primavera de 2005 por ‘Las vidas ajenas’, el Premio Ramón Gómez de la Serna 2010 por ‘La comedia salvaje’, el Premio Alfaguara de Novela de 2013 por ‘La invención del amor’, y por ‘La ética de la crueldad’, uno de sus ensayos, ganó el Premio Anagrama de Ensayo 2012, Premio Estado Crítico 2013 y premio Bento Spinoza 2013.).

Ha pronunciado conferencias en universidades de numerosos países europeos y americanos. Imparte regularmente talleres literarios tanto virtuales como presenciales. Es autor, junto a Edurne Portela, de la película documental ‘Vida y ficción’. Su último libro de relatos, ‘Mundo extraño’, ha obtenido el premio Setenil 2019 al mejor libro de relatos publicado en España.

Imágenes: portada (Navona Editorial), fotografía del autor extraída de su web

‘Retrao del explorador adolescente’

Es amargo ser huérfano

teniendo padre y madre. Amargo vivir

de la caridad y el desprecio de los más allegados.

Es amargo el día y es amarga la noche,

amargos los sueños, las derrotas,

las victorias. Y qué sabor tendrá, si no amargo,

el plato que le ponen delante como por descuido.

Tanto dolor le rompe a uno el corazón, peor aún:

no lo rompe,

lo oprime, lo aplasta, sin llegar jamás a romperlo.

Aunque jure que un día no necesitará a nadie,

que será el más fuerte, el más rico,

incluso el más bueno,

allí continúa esa baba amarga,

envolviendo su lengua como un vendaje.

Henry Morton Stanley sería siempre un hombre frugal.