Espacio ganado al vacío cultural desde el campo privado: La Malhablada empezó a caminar a finales de mayo para ser microteatro, formación y lugar de encuentro.

Desde que la crisis económica se llevara por delante las subvenciones públicas a la cultura, y sobre todo la cultura subvencionada por los poderes públicos (muchas veces como una prolongación de su poder, para ganar votos), el campo privado ha intentado recoger el testigo llenando ese vacío con proyectos que empiezan siendo pequeños pero que son más ambiciosos y autosuficientes. España pasa lentamente de una cultura oficial a otra no oficial, “off”, fuera de lo habitual y marcada por la iniciativa privada, libre y sin cargas políticas. Y en Salamanca, ciudad célebre por su patrimonio pero también por cómo el poder político se apropió de la cultura en su beneficio (hasta que cerró el grifo), todavía es más fuerte ese impulso.

En la calle Meléndez (número 27, un edificio modernista de 1908 sin tocar en el exterior ni tampoco en la distribución interior pero adaptado al microteatro), a la sombra de edificios con muchos siglos encima, entre la Universidad Pontificia y una calle repleta de cafeterías y tiendas, aparece La Malhablada, varios pisos de espacio cultural entretejido por el microteatro, los cursos de formación y una cafetería-ambigú desde lo alto que es la guinda de un proyecto sacado adelante con mucho esfuerzo por Paz Pedraza, Gloria Hernández y Sonia Díez, arquitecta, escenógrafa y directora de arte y arquitecta respectivamente. Las tres vinculadas a la cultura desde su terreno y que tuvieron una idea muy clara: un centro cultural que sirviera de laboratorio de artes escénicas en todas sus variantes (teatro, danza, cuentacuentos y marionetas para niños, poesía) a la que suma una pequeña galería de arte abierta a todos los artistas que se pongan en contacto con ellas.

Un proyecto que lleva mucho tiempo en marcha, que tuvo retrasos por esa crónica enfermedad española llamada burocracia (más los consecuentes sablazos impositivos, que se han cebado en la cultura y las pymes con especial saña) y que contó con el apoyo de una campaña de crowfounding recompensada con una inauguración específica para esos micromecenas que tantas ideas han salvado en la nueva España de crisis crónica. “Cuando aportabas más de 100 euros se te invitaba a que fueras de los primeros en venir aquí y disfrutar de todas las obras de microteatro de forma gratuita”, cuenta Paz Pedraza, una de las tres creadoras de La Malhablada y que cuenta también con Rosa Pinedo, que se encarga de talleres creativos para la parte infantil, más una becaria del master de Evaluación y Gestión de Patrimonio Cultural.

Lo cierto es que Paz Pedraza señala algunos de los males endémicos nacionales a la hora de levantar este tipo de proyectos: desde la ralentización de los trámites, donde la burocracia y la gestión del patrimonio hacen que todo sea “como el engranaje de un dinosaurio”, hasta los excesivos impuestos y coste de servicios que han tenido que pagar para poder poner en marcha un proyecto que, a fin de cuentas, es una empresa privada con vocación pública y abierta. Exactamente la misma y coincidente queja que hay en todo el país, no sólo de los proyectos culturales sino de cualquier tipo de empresa privada. “Empiezas a sumar, y sumar y sumar…”.

La Malhablada 2

Pero una vez superado ese primer escollo siguieron adelante y cada semana (de jueves a domingo, de 20.00 a 23.30 horas en los horarios para adultos) ponen en marcha La Malhablada, bien organizadas “en principio, pero luego es tan cansado, y con el ritmo que llevamos… creemos que nos queda mucho por aprender del desarrollo de una empresa”. Humildad ante todo, porque rellenar el inmenso hueco dejado por el desplome del sector público será complicado, pero por lo menos aquí sí que hay brotes verdes.

La base es el microteatro, “muy similar al de otros centros; hay cinco salas con seis sesiones que se repiten en bucle con lo que puedes venir cuando te apetezca, y esto favorece que haya mucho dinamismo a la hora de entrar y salir del edificio, que haya movimiento. Lo que pasa es que La Malhablada da un paso más allá, ahora mismo ya vamos a incorporar otras actividades culturales. Por ejemplo, aprovechando que ahora es el Fàcyl (Festival de las Artes de Castilla y León) vamos a tener el martes 10 una tarde dedicada a cultura urbana, e ir poco a poco incorporando otras actividades”.

Tienen claro que el campo es abierto, que hay que ser flexible y que en realidad La Malhablada aspira a ser más un espacio cultural mixto, ya que “cualquier propuesta vinculada con la cultura o la educación tiene cabida aquí, puedes pedir el edificio o cualquiera de las salas y otras franjas horarias. La idea es que el resto del tiempo se pueda usar para otros temas […], potenciar las artes escénicas, porque Salamanca no tiene demasiado lugares si no son a otra escala, hacía falta un lugar más íntimo, más modesto”.

Para lograrlo han tirado de un concepto cada vez más presente en todos los campos de actividad cultural: sinergias. Las hay desde las colaboraciones con el mundo universitario a través de prácticas y becarios que puedan trabajar y formarse en gestión cultural como la colaboración con otras plataformas similares como “Microteatro por la Gorra de Valladolid; en Madrid hemos contactado con la Pensión de las Pulgas. Lo que pasa es que esos centros ya tienen un caché muy alto para poder traerlos. Todo lo que podamos hacer de colaboraciones es lo que nos interesa, las sinergias, que son fundamentales”.  Lo principal, recalca Paz, es “que pueda haber un poco de todo, que todas las propuestas que estén bien planteadas puedan tener acogida, que ya le buscaremos hueco”.

El mecanismo es sencillo: “recibimos las propuestas (a través de su dirección de email, lamalhabladapropuestas@gmail.com) y seleccionamos. Hicimos un concurso de textos de microteatro en noviembre que nos sirvió para tomar un poco el pulso para ver si había gente interesada. Y de hecho exhibimos en la programación la obra ganadora (‘Always on my mind’, de Carmen Socías). Luego, queremos incorporar lo que nos llega y potenciarlo. Vamos poco a poco, sabemos que cuesta”. La iniciativa privada es fundamental en este nivel, y cree Paz que en Salamanca (como en otras ciudades en la misma situación) “Pasan muchas cosas que yo creo que hay que aprovechar. Son formatos distintos, la parte buena de la iniciativa privada es que te permite dirigirte hacia donde te interesa, no estás concidionado porque sean temas que le puedan gustar a todo el mundo, puedes buscar diferente tipo de público y probar”.

Actualmente hay en cartel en la parte de adultos seis obras para cinco salas, la mayor de todas la Sala 2, donde hasta el 15 de junio se exhibe una obra del director de cine Rodrigo Cortés, ‘La culpa es de la Sgae’, que luego acogerá, desde el día 19, ‘La folie’. En las demás salas están Las Marunguis, de Maite Iglesias, ‘No somos nadie’, de Carlos San José y Patricia Sánchez (autora y directora de la obra); ‘Always on my mind’, de Carmen Socías y que fue la ganadora del certamen organizado por La Malhablada, que cuenta con Lucio J. Adansa, Amaya Talón y José Manuel Lima; y ‘Contagiados’, un “microteatro musical” de Martín Puñal y Yashmín Zamani. En la parte de infantil el cartel incluye una obra que se define como teatro para bebés (‘Estaciones’, de Katua & Galea), ‘Un viaje alrededor’ (La Gelen), ‘La máscara del león’ y ‘¡Rooma!’ de Lula Teatro.

La primera exposición, situada en la parte alta (aunque posiblemente se ganará más espacio con el tiempo) corre a cargo de María Riera (riera38@gmail.com) con ‘Abrocharte’ en colaboración con la galería local Lalabeyou (www.lalabeyou.com), una fusión de joyería y paisaje castellano con objetos reciclados. Cortezas, clavos, óxido, madera, metales, yeso… todo vale para crear las piezas en exposición y venta. Una iniciativa muy peculiar donde cada cuadro lleva insertado un broche que puede extraerse del mismo y llevarse como una joya más mientras que el soporte queda fijado en la pared de casa.

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