Octubre 2011 - Página 8 de 8 - El Corso | Revista Cultural Online

Archive for Octubre, 2011

Temprano adiós al Centro Niemeyer

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Por una vez, y sin que sirva de precedente, la realidad se adelanta a la revista El Corso. Para este mes teníamos preparado un reportaje sobre el Centro Niemeyer, temiendo, como se ha demostrado, que las nuevas autoridades conservadoras del Principado iban a reajustar años de trabajo de tejido cultural socialista. Lo comentamos en un post de nuestro blog Corso Expresso el pasado 25 de septiembre, y se demuestra ahora con esta noticia que en El País firma Ana Marcos. Las razones son las desavenencias en la forma de organizar el centro, y presuponemos que no sin mucha razón habida cuenta del vacío que provoca su visita. Para más información simplemente esperad al 5 de octubre para leer el reportaje que tenemos preparado. Los dos problemas aducidos por el nuevo gobierno en minoría de Álvarez-Cascos son la cesión gratuita de los terrenos donde se construyó el centro (y el uso de los edificios) y la representación oficial autonómica en el patronato de la fundación que dirige el centro; esto es, una cuestión de dinero y de quién manda. Igual esta vez la ideología no es el fondo, pero la cuestión es que las pérdidas serán de 600.000 euros entre devoluciones e indemnizaciones. El espectáculo de María Pagés el 8 de octubre será el último.

Esperando el Big One asiático

Chile

Después de los dos tsunamis provocados por terremotos que han asolado Asia en los últimos diez años, hay que tener muy en cuenta de que sigue la amenaza del llamado Big One asiático, vinculado a la actividad del Cinturón de Fuego del Pacífico, la gran cadena de volcanes que de entrar en erupción podría cambiar todo el planeta. Reportaje sobre ese Big One, publicado antes de que Japón fuera sacudido mortalmente.

Por Luis Cadenas Borges

Un megaterre­moto de al me­nos 8.5 grados en la escala de Richter y con el potencial de formar un tsunami tan letal como el que mató a 226.000 personas en 2004 se gesta junto a la isla indonesia de Sumatra, según varios científicos. Otro mucho más al norte, pero vinculado, arrasó el noreste de Japón este mismo año y provocó miles de muertos. Con la comunidad internacional des­bordada por la tragedia humana de Haití, sismólogos y geólogos de Estados Unidos, Indonesia y Reino Unido han coincidido en subrayar que un sismo de gran­des proporciones va a castigar de nuevo el Sudeste asiático. “Hay una gran probabilidad de que se produzca un gran terremoto con una magnitud de más de 8,5 en las (islas) Mentawai, junto a Su­matra.

Y es muy posible que ese seísmo provoque un tsunami”, aseguró el sismólogo indonesio Fauzi, director de la Agencia Meteorológica y Geofísica de In­donesia (BMG). Un movimien­to telúrico de gran magnitud y epicentro próximo al litoral puede generar una ola gigante que arrase las pobladas costas de Sumatra y cause decenas de miles de víctimas. En concre­to, McCloskey apuntó que una de las zonas más proclives a ser devastada es Padang, capital de la provincia de Sumatra Occi­dental, con una población de un millón de habitantes y que fue parcialmente destruida en el seísmo de magnitud 7,6 que el pasado septiembre mató a, al menos, 1.100 personas. El de 2004 mató a unas 226.400 personas y dejó varios millones de damnificados en 13 países hace algo más de cinco años. “La amenaza de un fenómeno así es clara y la necesidad de tomar ac­ciones urgentes para mitigar (el impacto) es extremadamente importante”, añadió el experto, muy reconocido en su ámbito tras prever con dos semanas de anticipación el seísmo de marzo de 2005 en la isla de Nias, al oes­te de Sumatra.

El epicentro del futuro cataclismo, según Fauzi, McCloskey y otros colegas, se situará bajo la pequeña isla de Siberut, en las Mentawai, un apartado archipiélago al oeste de Sumatra con un extenso histo­rial sísmico. Atraviesa su fondo marino la falla de Sonda, donde colisionan las placas tectónicas indoaustraliana y euroasiática, una de las fracturas más activas de la corteza terrestre. Según las investigaciones de McCloskey, la región sufre, de media, un gran terremoto cada dos siglos y la falla lleva acumulando ten­sión desde 1797, el último gran seísmo, por lo que concluye que está “a punto de romper”.

La cuestión sobre la que ningún experto se atreve a pronun­ciarse con exactitud es cuándo se producirá la catástrofe. “Lo más probable es que se produzca en las próximas décadas: en los próximos 30 segundos o dentro de treinta años”, aseguró Kerry Sieh, director del Obser­vatorio Tierra de Singa­pur. Tras coin­cidir en el diagnóstico, los sismólogos apuestan por que los gobiernos centrales y regionales se prepa­ren para minimizar el número de víctimas entre la población. “Lo verdaderamente importante no es saber cuándo ocurrirá ese me­gaterremoto, sino prepararse. La mayoría de las muertes se produ­ce por el derrumbe de edificios, los corrimientos de tierras y los tsunamis. Ahí es donde hay que incidir”, aseguró Fauzi.

El Arca vegetal

semillas preciosas

Noruega alberga en este archipiélago el mayor depósito aséptico de semillas y ADN vegetal del mundo, “por si acaso”. Fue uno de nuestros primeros reportajes de Ciencia y uno de los más peculiares de todos.

Por Luis Cadenas Borges

Primavera de 2010, arranca la rueda de la previsión humana. Holocausto, guerra, me­teorito, fusión de los polos… no importa, mientras haya plantas, habrá vida. Y mien­tras haya semillas, habrá plan­tas. Siguiendo esta cadena ló­gica, los científicos noruegos diseñaron años atrás, con apo­yo de organizaciones interna­cionales, el mayor silo pro­fundo de semillas del planeta, pensado para albergar hasta tres millones de esas pequeñas piezas de relojería natural que podrían germinar de nuevo en el futuro para salvarnos. Porque, ya sin ciencia-ficción, ésa es la razón por al que se creó el Banco de Semillas de Svalbard, en el corazón del ártico escandinavo. En­terrado en la dura roca del norte, sería capaz de soportar incluso el impacto directo de una pequeña cabeza nuclear. Su característica esencial es la resistencia: el silo incluye dos estancias excavadas en la roca arenisca a 130 metros por debajo del nivel del mar a las cuales se accede por un túnel de 120 metros de largo, todo recubierto con paredes de hormigón armado, diseñado todo el entramado para resis­tir durante al menos 100 años la fuerza de tsunamis y terre­motos, bombas, invasiones de virus y hasta un aumento del nivel del mar por culpa del calentamiento global. Las muestras se conservarán a una temperatura de -20° y -10° mediante un sistema de refri­geración, pero incluso en caso de una caída del sistema ener­gético se mantendrían a -6° gracias al ambiente natural de la propia estructura, protegida por una gruesa capa de perma­frost o hielos perpetuos.

Se­gún el jefe y padre del proyec­to, Cary Fowler, director de la Fundación para la Diversidad de los Cultivos Globales, este silo es el “mejor congelador del mundo”, y también el más caro: más de dos millones de euros y varios meses de tra­bajo sirvieron para poner en marcha este cinturón de se­guridad para la Humanidad. Y detrás, la FAO, la principal institución alimentaria del planeta, dependiente de la ONU y que ha puesto todo su afán en esta particular Arca de Noé vegetal. Es difícil ima­ginar un lugar más idóneo que la tierra helada de Sval­bard para albergar este banco mundial de semillas. Por una parte, se trata de un lugar re­moto, alejado de cualquier conflicto. De hecho, existe un tratado internacional por el cual se considera una zona desmilitarizada. Además, las condiciones de permafrost en la zona, y el hecho de que la roca de la montaña escogida para su ubicación se mantiene fría las 24 horas durante todo el año, convierte a la bóveda en una especie de congelador natural. Y su principal misión no es otra que garantizar,a toda costa, que la biodiver­sidad natural se mantenga: en perspectiva, para cuando se lleno y albergue más de 4 millones de semillas, será el almacén garante de que todo vaya bien. De hecho la úni­ca amenaza por las Svalbard, zona libre de grandes movi­mientos sísmicos y volcáni­cos, y totalmente desmilitari­zada, son los osos polares. Más allá de eso, sólo hielo, frío y ciencia. Y nuestro futuro.