Benito Zambrano y Wang Xiao-shuai pusieron la política en el Festival de San Sebastián desde dos sucesos totalmente diferentes: la posguerra española y la Revolución Cultural china. El primero con ‘La voz dormida’ y el segundo con ’11 flowers’.
El realizador de ‘Solas’ cierra con su adaptación de la novela homónima de Dulce Chacón la participación española a concurso con una película que se sale de lo que la derecha algo más reaccionaria llama “guerracivilismo”, una forma de apartar con malos adjetivos la realidad de un país devastado por la muerte y el fascismo. Y todo con los focos acuosos que son los ojos de María León en toda la película. Para ella son ya las quinielas de la Concha de Plata a la mejor actriz. Su papel de espíritu puro encadenado a una hermana comunista que la arrastra hacia el abismo es de los que llegan. Eso sí, es otra muestra más de que el tema está ya más que explotado y empieza a ser agotador tener que preparar la mente para otra película más sobre aquella guerra que cada año queda más muerta y alejada. En teoría.

En el otro extremo del mundo y del arco está ’11 flowers’, que aborda la Revolución Cultural evitando el drama en todo momento y abonándose al costumbrismo de cuatro chavales en la China rural de aquella época en la que Mao llevó el comunismo chino hasta el paroxismo de fundir a una generación entera para darle el poder a los jóvenes. Un niño intentando recuperar su camisa nueva sirve al director de ‘Las bicicletas de Pekín’ para articular una historia minimalista que se engarza con la Historia, método ya empleado en otras ocasiones para narrar un acontecimiento histórico.

