José Saramago necesito cuarenta años para que un editor se diera cuenta de que tenía entre manos algo de interés. Es el caso de la novela iniciática ‘Claraboya’, póstuma en España a este Premio Nobel portugués. Editada por Alfaguara.

El mito del autor genial despreciado: se ha repetido tantas veces que ya es un cliché auténtico. Le pasa a los grandes, a los pequeños, y a los Premios Nobel como Saramago y uno de sus primeros textos, ‘Claraboya’. Saramago terminó de escribirla a los 31 años y entregó el manuscrito a una editorial de la que solo obtuvo respuesta cuarenta años más tarde, cuando era un escritor consagrado. A eso se le llama ser “avispado”. Los mediocres en los puestos clave.

En una mañana de mediados del siglo XX, la mirada del novelista se asoma a la ventana de un vecindario. Se anuncia un día no muy diferente de los demás: el zapatero Silvestre, que abre su taller; Adriana, que parte hacia el trabajo mientras en su casa tres mujeres inician otra jornada de costura; Justina, que tiene ante sí un largo día jalonado por las disputas con su brutal marido; la mantenida Lidia; y la española Carmen, sumida en nostalgias… Todo esto es ‘Claraboya’, una mirada a través de este vano de cada casa para ver el mundo publicada póstumamente por Alfaguara (19,50 euros).

Discretamente, la mirada del novelista va descendiendo y, de repente, deja de ser simple testigo para ver con los ojos de cada uno de los personajes ese mundo que describe. Capítulo a capítulo, salta de casa en casa, de personaje en personaje, abriéndonos un mundo gobernado por la necesidad, las grandes frustraciones, las pequeñas ilusiones, la nostalgia de tiempos que ni siquiera fueron mejores. Todo cubierto por el silencio tedioso de la dictadura, la música de Beethoven y una pregunta de Pessoa: «¿Deberemos ser todos casados, fútiles, tributables?».

La novela póstuma anticipa de un modo deslumbrante los elementos del universo Saramago, así́ como las virtudes que serán el germen de tantas obras maestras. En el texto se oye la voz de José Saramago, se reconocen sus personajes, se identifican la lucidez y la compasión que según la Academia Sueca distinguen su obra.