Todo empezó mucho tiempo atrás, con la novela ‘Roseanne’ de la pareja de vida y obra formada por Per Wahloo y Maj Sjöwall (en portada), calificada como “reina madre” de la novela negra escandinava.
Por L. C. B.
La producción literaria de ambos quedó parcialmente en el olvido hasta que apareció un periodista malogrado y algo bizarro llamado Stieg Larsson, el padre de un personaje que quedará huérfano y que no tendrá salida si otro escritor no lo recoge en sus brazos. Se podría resumir en la frase “Totalmente colgados de Lisbeth Salander”, una bisexual menuda, introvertida, inicialmente sociópata y con una energía desmesurada que sedujo a toda Suecia primero, y al mundo después. Su saga Millenium, compuesta de tres únicos libros (murió preparando el cuarto), se convirtió en un fenómeno de masas que produjo un efecto llamada sobre muchos otros.
Antes que Stieg ya figuraba un monstruo sagrado de las letras suecas y lugar común de los amantes del género: Henning Mankell, creador del personaje del inspector Kurt Wallander (once novelas ya a su alrededor, la última en 2009, ‘Un hombre inquieto’). Y a su vera surgió también, recientemente, Asa Larsson, que en España ya ha repetido éxito con su primera novela ‘Aurora boreal’ y se prepara ya para continuar con la segunda, ‘Sangre derramada’. Ante este tipo de fenómenos siempre surge la misma pregunta: ¿ha coincidido tanto talento o es que el pelotazo Millenium ha quitado los escombros del olvido sobre los demás? Tendría explicación si sólo se tratara de Suecia, pero en otros países también despuntan más escritores que avalan que efectivamente, el norte es “noir”, negro.
Henning Mankell
En Islandia surge un escritor que se sube a la misma ola, pero que sólo ha llegado a España tardíamente: Arnaldur Indridason, islandés y por lo tanto un tipo acostumbrado a los rigores climáticos. El mejor ejemplo es ‘La mujer de verde’, que para algunos críticos recuerda vagamente al enganchón que tuvo en su día ‘El demonio vestido de azul’, de Walter Mosley, pero que aquí, como buen nórdico, es diferente.
Frente al estilo detallista y casi periodístico de Larsson en ‘Millenium’ y el realismo que firmó junto a su marido, aseguró que “Mankell reconoció nuestra influencia en su obra, pero mi manera de escribir es distinta”. Ella es la principal beneficiaria de la cadena triple Larsson-Mankell-Larsson que ha convertido Suecia en una suerte de Parnaso helado de nieve y lagos donde el rojo sangre siempre se notará más que en otras partes. El fenómeno Salander superó con creces el talento real de Stieg Larsson, y tuvo que ser Mario Vargas Llosa, en un apasionado artículo en ‘El País’, el que pusiera certificado de realidad a una sensación literaria. Larsson creó un producto imperfecto pero que engancha por la densidad y enrevesamiento del argumento. Es el primer caso de mala forma con un fondo descomunalmente convincente, de tal manera que, por una vez, la idea ganó al envoltorio.
Asa Larsson
En contraposición se encuentra la serie de Asa Larsson iniciada por ‘Aurora boreal’, entretenida, interesante, agradecida. Lo mejor de todo es la forma de abordar la propia narración, desde una perspectiva psicológica, con el espejo frente a la mente para que lo que anida en el alma de las acciones sea tan importante como los hechos en sí. En las antípodas con la ultradescriptiva y detallista saga ‘Millenium’. Comparte apellido con Stieg, pero nada más. Y todos son suecos, todos de éxito y de alguna manera son el contrapeso a otras olas literarias. Sólo queda una última duda: ¿cuánto tiempo aguantará la moda y cuánto talento real queda en esas páginas? La respuesta sólo se consigue leyéndolas.

