Dos clásicos vitales para cualquier lector que se precie, dos épocas, dos formas de ver el mundo y de entenderlo, desde el honor del griego al atribulado romanticismo alemán. Editados por Alianza en formato de bolsillo.

Las penas del joven Werther, de Johann Wolfgang Goethe. Edición en bolsillo, 208 páginas, 8 euros. Sinopsis: El éxito alcanzado por ‘Penas del joven Werther’ en el momento de su publicación (1774) se debió tanto a sus valores literarios como a su afinidad con el nuevo talante que comenzaba a transformar la sensibilidad y el espíritu de la época y que habría de plasmarse en el romanticismo. Sin embargo, la historia de amores desdichados que alumbró Johann Wolfgang Goethe (1749-1832) es, como apunta en su iluminador prólogo Rosa Sala Rose, un río subterráneo que aflora una y otra vez no sólo en la historia de su autor sino en la historia de nuestra época. Y esto es sin duda por su capacidad para conectar con los conflictos e insatisfacciones latentes en todos los tiempos: justo lo que hace de una obra un “clásico”.

 

 

Anábasis, de Jenofonte. Edición en bolsillo, col. “¡Clásicos!”, 312 páginas, 15 euros. Veinticuatro siglos después, nosotros, inmersos en la aceleración a que nos tienen sometidos los procesos vertiginosos de las nuevas tecnologías, situados bajo el estruendo del viento huracanado de la innovación, estamos aturdidos de tal forma que se nos escapa la inalterable condición del ser humano, la increíble permanencia de las pasiones. Su influjo ejerce ahora la misma fuerza que ya describieron los griegos… La identificación del ser humano ya estaba bien definida en los tiempos de Jenofonte, cuyo relato se lee ahora con el impaciente interés de los mejores reportajes.

Sirviéndose de un estilo sumamente asequible, pero no desprovisto de grandeza, Jenofonte (428-354 a.C.), hombre de acción e historiador, relató en la ‘Retirada de los Diez Mil’ (Anábasis en griego) las peripecias, aventuras y penalidades que vivió junto con los miembros del ejército griego que integraron la fuerza expedicionaria enrolada para ayudar a Ciro el Joven en sus pretensiones al trono persa en contra de su hermano, el rey Artajerjes. Tras la derrota de las fuerzas de Ciro en la batalla de Cunaxa, cerca de Babilonia, el contingente hubo de emprender, acosado por el enemigo y por los pueblos que iba hallando a su paso, una épica retirada por las inhóspitas tierras del interior del Asia Menor, las cordilleras de Armenia y el ansiado Mar Negro, hasta llegar a Bizancio. La traducción corre a cargo de Óscar Martínez García, cuya elegante introducción sirve de estímulo adicional a la lectura de la obra.