Se acabó: la CBS ha cancelado ‘CSI’ después de 15 temporadas con la puerta abierta a un final en forma de telefilme a posteriori. Una guinda algo injusta para una serie que revolucionó el género policiaco y que incluso ha tenido impacto en la justicia y la medicina forense.
Por estas fechas las grandes cadenas de TV en EEUU deciden quién muere y quién sobrevive una temporada más. Es bastante habitual que las series (y muchos programas) sean renovados año a año con la vista puesta en la audiencia. Se libran de esa ejecución sumaria muchas producciones pensadas a largo plazo en las televisiones por cable, que fueron el hogar de ‘The Wire’, ‘Los Soprano’, ‘Breaking Bad’ o ‘Mad Men’, que tuvieron la posibilidad de vivir gracias a que esa, la TV de pago, va por otro camino. Pero las generalistas no: manda el público. Y a pesar de que la audiencia de EEUU suele ser muy fiel (hay programas que han durado hasta 40 años, y todavía siguen, como Saturdary Night Live), a todos les llega el adiós. Sobre todo si las audiencias no acompañan como en los primeros tiempos, cuando gran parte de EEUU (y de España luego) se paraba delante de la TV para escuchar los créditos iniciales con música de The Who.
‘CSI’ ha tenido, hasta la fecha, tres hijos: ‘CSI Miami’, un éxito ya terminado donde todo parecía demasiado impostado y de diseño; ‘CSI Nueva York’, que empezó muy bien, con un toque Gotham, para luego convertirse en la más almibarada de todas las hijas de la franquicia; y la nueva ‘CSI Cyber’, con Patricia Arquette, enfocada a la lucha contra el crimen en internet y a la que la CBS ha dado otra temporada más. Se especuló incluso con una hija transatlántica: durante años la CBS manejó la idea de un ‘CSI Londres’ que por morbo urbano, histórico y cultural habría sido la guinda del pastel. Pero nunca superaron a la serie original, las más bizarra en ocasiones, la más sofisticada y al mismo tiempo la que mejor producción tuvo. Su impacto fue tal que muchos jurados en EEUU sufrieron el “efecto CSI”: creían que las pruebas forenses se podían hacer igual de rápido que en la serie, y también que determinadas técnicas se podían utilizar, cuando en la realidad apenas se habían puesto a prueba.
El equipo clásico de CSI Las Vegas que tuvo los récords de audiencia más altos
Las Vegas dejó de ser la ciudad del pecado y del juego para ser también la bizarra urbe en la que el jefe Grissom y el equipo se movía entre cadáveres y asesinatos. La estética de la serie ayudó mucho: oscura, racionalista, en ocasiones sofisticadamente siniestra, llena de giros, con guiones bien elaborados que a veces se agarraban a un pequeño detalle para salir adelante. Fue un éxito fulminante para la CBS, necesitada de buen material y que ha alargado sin parar la producción televisiva. El eje central de la serie era Grissom, interpretado por William Petersen, que daba vida a un personaje racional, frío y pausado, nada que ver con los que le rodeaban y que también reflejaba una falta total de amor por la violencia. Quizás por eso, al ser un contrapeso a lo que se veía en el resto de series, tuvo gran parte de la culpa de su éxito. Un triunfo que sin embargo no ha evitado que las bajas audiencias pasen factura.
Pero Petersen terminó por cansarse. Es un veterano actor de teatro y productor escénico que también ha probado suerte en el cine y la TV, y que encontró en ‘CSI’ una forma de abrir otro camino en su carrera. Al menos hasta el final, cuando decidió irse y pasar a ser productor de la serie, para más tarde seguir con su carrera en otros espacios. Todo tiene ese final: no hay serie que no canse, ni proyecto que no vaya a tener un final. Sin duda su adiós será más llevadero que el que tuvieron ‘Friends’ o ‘Cómo conocí a vuestra madre’, que dejaron mares de fans con ataques de llantina. Algo que también se barrunta cuando llegue el final de ‘The Big Bang Theory’, que al menos tendrá carrete para diez temporadas (van por la octava).
Helgenberger y Fishbourne durante la segunda etapa, después de la marcha de William Petersen
George Eads, uno de los fijos de la serie incluso desde el episodio piloto, informó públicamente de que también se iba de la producción. Era un aviso de una noticia que se barruntaba: después de que la CBS diera carpetazo a CSI Miami y CSI NYC, era cuestión de tiempo (y hastío) que también se finiquitara la serie original. Del casting original era de los pocos que había sobrevivido. Antes de Petersen se habían marchado Gary Dourdan (Warrick Brown), Jorja Fox (Sara Sidle, que regresó más tarde), Marg Helgenberger (Catherine Willows, también uno de los pilares de la serie, que dijo adiós en las 12ª), Paul Guilfoyle (Jim Brass, de los que más aguantó pero que se fue en la 14ª temporada) y el propio Grissom. El personaje de Eads, Nick Stokes, era fijo junto con Paul Guilfoyle (Jim Brass), Robert David Hall (Al Robbins, el médico forense con la pierna metálica) y el ayudante de este en la serie, David Berman (David Phillips).
Con los cambios de personajes y la evolución de la serie se le añadieron con el tiempo Eric Szmanda (Greg Sanders), Wallace Langham (David Hodges). Y como ejes centrales, primero Lawrence Fishburne como Raymond Langston y más tarde Ted Danson y la recuperada Elisabeth Shue, que no ha tardado mucho en volver a quedarse en el paro. Todos como jefes de equipo o complementos de una serie que cada vez explotaba más detalles secundarios porque, reconozcámoslo, después de 15 temporadas es muy complicado ser original. Por el camino, además de asesinos en serie imposibles por su complejidad, también hubo corrupción policial, judicial, asedios, secuestros y todo tipo de cameos de estrellas de cine y de la música, incluyendo a Justin Bieber o Taylor Swift.
Actualmente es Cuatro la que emite las nuevas temporadas en España en abierto, con la producción bastante avanzada. Lo que quede después ya será otra cosa, incluyendo ese telefilme que debería dar carpetazo final. Si es que lo necesita. Al menos nos quedarán los créditos iniciales con The Who tronando.
Ted Danson y Elisabeth Harnois (una de las nuevas incorporaciones a la serie) en primer plano; a la izquierda, Jorja Fox