Este otoño Taurus y Acantilado publicaron dos ensayos que recuperan para nosotros nuestras raíces, nuestro verdadero origen, Grecia, el comienzo de todo. El arranque que nos convirtió, con los añadidos posteriores, en lo que somos. Especialmente en lo bueno, pero también para algunos detalles perversos, como la misoginia.

‘Los hijos de Atenea’ (Nicole Loraux – Acantilado) es una exposición muy original del legado femenino en una cultura deslumbrante, sí, pero también misógina hasta el límite de crear el gineceo, el lugar donde las mujeres vivían y reinaban al margen del mundo masculino, sobredimensionado. La ensayista Nicole Loraux se centra sobre todo en el gran mito, Atenas y su matrona fundacional, Atenea, y cómo se dimensionó a la mujer en Grecia. Quita el velo sobre el mundo de las mujeres en la cultura griega clásica, y también ayuda a redimensionar el legado de los creadores y fundadores masculinos, un trabajo de dos caminos paralelos que recrea la batalla de los sexos recuperando las indispensables voces femeninas sin las cuales la historia de Grecia está incompleta. Ese legado envenenado es muy común en las civilizaciones antiguas, donde, salvo en contadas excepciones, las mujeres eran seres secundarios sin peso ni importancia. Loraux indaga en profundidad en ese velo cultural, pero también en cómo se cimentó la propia civilización.

Según la mitología, el primer ateniense, Erictonio, pertenecía a una estirpe divina: en la noche de los tiempos, el fogoso Hefesto había perseguido a Atenea, pero como ella consiguió rechazarlo, el esperma se deslizó por su hermosa pierna hasta caer en la tierra de la que brotó Erictonio. ¿Por qué, entonces, llevaba la ciudad el nombre de la diosa? ¿Prefirieron los antiguos atenienses el reconocimiento de una madre que el de un padre? ¿Y armonizaba este patronazgo simbólico con el papel real que ocupaban las mujeres en la ciudad del período clásico? En estos ensayos, Nicole Loraux nos invita a releer el mito fundacional de la cuna de la cultura de Occidente para mostrarnos cómo dialogaba el orden mitológico con el imaginario político de los atenienses, y hasta qué punto la legitimación del poder de los hombres y la exclusión de las mujeres de los círculos de poder atestiguaba el temor de los hijos de Atenea a “la raza de las mujeres”, un miedo tan ancestral como persistente.

‘La lengua de los dioses’ (Andrea Marcolongo – Taurus) es otro canto laudatorio, pero en esta ocasión a la lengua griega clásica. Y un éxito: en Italia ha vendido más de 100.000 ejemplares, todo un hito para un ensayo y una demostración de que los europeos, y sobre todo los italianos, siempre miran hacia el principio de todo entre la fascinación y la búsqueda de referentes. Este libro es un canto de amor al griego antiguo publicado por un pequeño sello que incluso ha logrado aumentar el número de estudiantes de esta lengua muerta más viva que nunca. Todo un descubrimiento que, aseguran, despliega “desde su particularísima manera de concebir el tiempo hasta la expresión del deseo, desde saber expresar el amor hasta la superación de la barrera de los géneros de las cosas y de la vida”.

Como indica el propio autor en el prólogo español, el libro habla de una lengua que no ha dejado nunca de seducir a hombres y mujeres de todas las épocas y de todos los lugares, por su hermosura, su elegancia y sobre todo por su rareza […]. El griego es irremediablemente distinto, por eso sentimos una especie de añoranza de él, como si fuera una historia de amor que nunca hemos vivido, sino siempre anhelado […]. La lengua de los dioses’ no es un manual tradicional, un ensayo académico, una clase impartida desde lo alto de una tarima: es una síntesis del alma a través de una lengua antiquísima como la griega que, sin embargo, no ha sido nunca tan moderna”.