La Gioconda del Prado, versión pintada en el taller de Leonardo da Vinci, se expone desde este martes en el  Museo del Louvre no muy lejos del original que la inspiró, en una exhibición de la también recién restaurada Santa Ana, considerada la última obra maestra del genial renacentista.

Esta Gioconda, ejecutada sin duda por un discípulo aventajado de Da Vinci (1452-1519), bajo su supervisión, no se expone junto a la del genio florentino, sino que se presenta en el Hall Napoléon, en la planta baja del museo parisino. Forma parte de una exposición sobre los secretos de Leonardo que ha inaugurado el Louvre. Esta versión pintada por uno de los dos discípulos favoritos de Da Vinci, Salaï (1480-1524) o Francesco Melzi (1493-1572/73), es menos sorprendente que las versiones de ‘La Santa Ana’.

El Louvre reúne algunas de ellas, que muestran un cambio de dirección del grupo o una Santa Ana rejuvenecida y contemplativa, lejos de la que inicialmente intenta evitar que su hija, la Virgen, proteja en exceso a Jesús del sacrificio que le espera, representado por un Cordero Pascual, en el lugar donde estuvo San Juan Bautista.

De la Gioconda conservada en el Prado desde 1666 -cuya extraordinaria calidad fue redescubierta a principios de este año tras su restauración y estudio técnico con motivo de esta exposición-, el comisario resaltó que fue creada en el taller de Leonardo al mismo tiempo que trabaja sobre su cuadro.