Primer espectáculo de sala, en este caso música clásica contemporánea. Para ser exactos, música contemporánea, firmada por Pilar Jurado, compositora y soprano que llevó a la Clerecía de Salamanca el oratorio ‘Vitae Mysterium’, una pieza de unos 50 minutos ejecutada por la Orquesta Sinfónica de Castilla y León (Oscyl), el Coro Ars Nova y la Escolanía de Segovia, que se quedó algo corta, pero que demostró que este género no es precisamente de masas. Quedaron huecos en la parte trasera de una iglesia que se llena hasta la bandera en Navidad para los conciertos corales, pero que aquí dejó algo desangelado el ambiente. Eso sí, fuera quedó gente reclamando entrar si había sitio. Y eso que era un estreno absoluto con grabación en directo incluida.
Conscientemente dividida en dos partes, una para la oscuridad y el caos y otra para la luz y la esperanza, la pieza intentaba ser una síntesis peculiar de lo que es la chispa de la vida, bien lejos de lo mundano y mediocre de la publicidad de cierta bebida multiusos. La obra tenía una peculiaridad que a la larga le restó credibilidad: justo en la inflexión entre la partitura oscura y la esperanzadora el público debía gritar palabras como “blasfemia, abominación, inmundicia” y todo tipo de lamentos. El público, que tuvo que aguantar unos 25 minutos de retraso (no mucho, pero ya se va predispuesto siendo la primera obra de sala), respondió pero una buena parte se lo tomó casi a mofa. Una obra de espíritu casi religioso no debería caer en este tipo de trucos interactivos que sólo afean el resultado final.
Respecto a la música, ‘Vitae Mysterium’ es una pieza prototípica del género contemporáneo, con continuas modulaciones que seducen, con cambios bruscos entre el estruendo caótico de coros que recitan o se lamentan y mucho uso del viento-metal y de la percusión. Apenas la cuerda aparece como nexo entre partes, como un violín solitario que enlazó con el coro de voces blancas. El público se mostró correcto, con ovación al final, pero menos intensa y sentida que en la participación de 2010 de la Oscyl, cuando en la Catedral Vieja y con escenografía de Calixto Bieito levantó al público para romperse las manos a aplaudir. Es difícil asimilar este tipo de obras, no son atractivas a la primera, no suenan conocidas, son composiciones llenas de aristas que invitan a abrirse y dejarse llevar de otra forma, no son clasicismo. Los cambios de ritmo y tonalidad expulsan lo fácil, el crecimiento del sonido del caos es mucho más interesante que la parte de la luz. Buen arranque del Fàcyl, correcto, no para todos, pero correcto. Mañana empieza el teatro y la danza de sala con ‘Octopus’ en el CAEM (20.00 horas), de la Compangnie DCA-Philippe Decouflé (Francia).
Por Luis Cadenas











