El Hierro es diferente, pequeña, poco poblada pero entregada a la naturaleza en todos los sentidos y el lugar perfecto para retirarse del mundo durante un tiempo, el último refugio antes del fin del mundo. 

FOTOS: Wikipedia Commons / Oficina de Turismo de Canarias

Pequeña, lejana, despoblada y con un vecino de lo más incómodo de carácter explosivo. Si leyeran este anuncio en un periódico no se interesarían ni lo más mínimo en lo que fuera que vende, ya sea una casa o, en este caso, una isla. Pero es el resumen perfecto para definir El Hierro en pocas palabras (recuerden, los anuncios se pagan por palabras). Y al mismo tiempo es la peor forma de sintetizar una isla muy peculiar que durante muchos años fue algo así como la frontera, el Finis terrae medieval. De hecho fue Ptolomeo quien la llamó Isla del Meridiano, es decir, el punto de partida del mundo conocido. Más allá de su costa occidental sólo estaba el inmenso y vacío océano, la zona final antes de llegar al fin del mundo. Imaginen que fueran el último territorio conocido antes de una inmensidad cuyo final es una caída total hacia el vacío del espacio. Pero claro, eso sólo funciona si crees que la Tierra es plana. Luego Occidente descubrió (redescubrió más bien) que en realidad el planeta era esférico y que más allá de El Hierro estaba el gran Atlántico y América. Es más, la isla tiene el punto más occidental de España y el más meridional en sus costas. En realidad ni siquiera era el lugar más al oeste conocido: las islas Azores están todavía más alejadas. Para cuando América ya era el Nuevo Mundo la pequeña isla de El Hierro sólo era una más de las Islas Canarias. En 1884 los británicos establecieron que Greenwich sería el meridiano cero. Es lo que tenía ser el Imperio Británico.

El Hierro sólo tiene tres municipios (Frontera, Valverde y El Pinar), un puerto menor, un pequeño aeropuerto y el regalo inmenso que le hizo la Unesco en el arranque del siglo: toda la isla es Reserva de la Biosfera por sus peculiaridades naturales (y geoparque desde 2014, más del 58% de la isla es zona protegida), desde especies endémicas en fauna y flora a su grado de conservación o el tesoro que se esconde (escondía mejor) bajo las aguas costeras. Y decimos “escondía” porque el vecino explosivo del que hablábamos antes, un volcán submarino de reciente aparición, destrozó el fondo marino del sur de la isla antes de que éste volviera a germinar levemente en los últimos tiempos. Incluso en eso es raro El Hierro: se ha convertido en el destino de cientos de investigadores que pueden estar cerca de un volcán submarino activo y a no demasiada profundidad. Todos miran hacia ese mar que durante meses se tiñó de un extraño verde melifluo producto de la liberación de sulfuros al agua por la erupción, sacudido continuamente por microterremotos y que durante algún tiempo temieron por el destino de las escasas 11.000 personas empadronadas en los dos municipios. Es el lugar perfecto para perderse, aislarse, disfrutar de la naturaleza y respirar hondo: tiene uno de los cielos menos contaminados del planeta. El último paraíso. Ése sí que sería un buen anuncio.

Roques de Salmor

Roques de Salmor

Una más: El Hierro es el primer lugar de España, país donde las energías renovables no son bien vistas por el Gobierno y los cocos de las empresas energéticas, que es totalmente alimentado por energías renovables gracias a una estación en Gorona del Viento que permite a la población vivir sin necesidad de usar combustibles fósiles salvo para los automóviles y algunas máquinas. Un modelo para el futuro. La isla, despoblada por continuas migraciones, ahora es un pequeño atractivo para la gente que busque una vida tranquila y apacible, perfecto para el senderismo y el ecoturismo, atravesada por una dorsal montañosa que la divide en dos (norte y sur) y crea tierras fértiles en cascada a ambos lados de esa división. La costa está formada por malpaís (lavas), con escasas calas donde aventurarse es complicado y dibujada por un sin fin de acantilados que denotan su origen volcánico. Precisamente este pasado propició uno de los mejores enclaves, el Valle del Golfo, nacido después de que una parte de la isla se deslizara hacia el mar por la excesiva altura de los conos volcánicos originarios, un proceso similar al vivido en otras islas (La Palma y Tenerife) que modeló un paisaje diferente que no encontrará en ningún otro sitio de España. Ideal para unir senderismo, turismo rural y submarinismo.

El vulcanismo es lo que ha modelado El Hierro. Es la más joven de las islas Canarias, nacidas sucesivamente de decenas de volcanes submarinos que al acumular altura y sedimentos emergían como islas. Apenas tiene un millón de años, que para los niveles geológicos es un suspiro. Las últimas erupciones se han calculado entre el 4.000 a. C. y el año 1000 de nuestra era. La peculiar forma de Y tumbada que tiene la isla se debería a la forma que adoptó la ruptura del suelo marino y los puntos de erupción volcánica, que al elevarse adoptaron esa forma. Y da miedo pensar en las huellas: se calcula que hay cerca de 700 puntos de erupción, de los cuales más de 300 están ocultos por las lavas acumuladas por el resto. Probablemente hay más bocas volcánicas que bocas de alcantarilla en toda la isla. Esa formación permitió que naciera incluso la Meseta, una planicie en altura conformada por la unión de esos brazos en Y, fértil y cubierta antiguamente de bosques. Luego llegó el consabido efecto gravitatorio: los sedimentos se deslizaban hacia el mar creando zonas más llanas y fértiles por la acumulación de materiales. Así nacieron las zonas bajas de la isla, que como en el resto de islas volcánicas se conforman de suelos muy fértiles que permitieron a la naturaleza ocuparla con una fuerza demoledora, fijando así el gran atractivo que tiene la isla, un descomunal parque pensado para ver un mundo todavía muy joven. Es más, los geólogos consideran que si no fuera por la presencia humana la flora seguiría expandiéndose todavía hoy, rompiendo los campos de lava para convertirlos en terrenos fértiles. Pero mejor por partes.

Valle del Golfo

Valle de El Golfo

Clima. El Hierro, como el resto de las islas Canarias, tienen un “clima robado” que no se corresponde con su posición geográfica. En realidad deberían ser auténticos peñascos áridos de lluvias escasas y sometidos a cíclicas tormentas de polvo de ese horno de tamaño continental que es el Sahara. De hecho las islas orientales y centrales sufren ese viento sahariano de vez en cuando. Es la calima. Pero la altura, su orografía montañosa, permite variaciones alimentadas por el gran regalo del clima, los vientos alisios, que arrastran bolsas de aire fresco hacia las islas, entre ellas El Hierro, y la corriente de las Canarias, una bifurcación fría de la corriente del Golfo. La combinación de altura y de ambas corrientes (aérea y marítima) permite a Canarias tener un clima subtropical junto a un descomunal desierto. Y por supuesto estas condiciones son idóneas para que la fauna marina sea de las más copiosas y ricas del mundo, y que la vegetación cubriera casi por completo las islas, incluso con grandes bosques húmedos de los llamados “fósiles vegetales”, como los helechos, los dragos y la laurisilva. También ayuda la altura: por encima de los 400 metros la isla deja de ser terreno semiárido y acumula zonas húmedas crecientes, alcanzando la Meseta y las laderas montañosas como las partes más húmedas y benignas para la vegetación.

Flora. Siendo una isla joven la vegetación no alcanzó el punto de eclosión final antes de la llegada del ser humano como sí ocurrió en otras islas como Tenerife, la Gomera o La Palma. Los antiguos bosques de la Meseta se esfumaron parcialmente por la acción humana y la consecuente erosión. Pero la isla mantiene su condición de reserva natural gracias a los cientos de endemismos biológicos, especies vegetales que no se encuentran en ningún otro lugar del mundo o que son auténticos supervivientes de tiempos pasados. Los dragos y los helechos de la isla son buenos ejemplos. El aislamiento ha favorecido que durante cientos de miles de años las especies vegetales evolucionaran por su cuenta o conservaran su esencia mientras en otros puntos del mundo se extinguían. En total hay 150 especies clasificadas de endémicas en las islas, once de las cuales sólo se encuentran en El Hierro. Eso incluye raros sabinares en las zonas de la Meseta donde el viento ha logrado doblar los árboles hasta que las ramas toquen el suelo, uno de los símbolos de la isla. De ahí su importancia como reserva de la biosfera. Si viaja a El Hierro no sólo podrá ver plantas que ya casi no existen en otro lugar del mundo: también verá las nuevas, las que han evolucionado. Nada mejor que un paraíso perdido y lejano para que la vida se expanda.

El Sabinar (tumbado por los vientos durante décadas) y el lagarto gigante, dos emblemas de la isla

Fauna. Y esa misma ley no escrita se aplica a los animales, sea cual sea su rama de vida. Hay todo tipo de aves marinas y de caza (búhos enanos, águilas, cernícalos, lechuzas y la sempiterna gaviota), más de 5.000 especies de insectos y una fauna subacuática impresionante gracias a la abundancia de vegetación submarina y la temperatura templada de las aguas costeras. Hasta que el vecino explosivo sulfuró las aguas, claro. Pero a pequeño tamaño geográfico (281 km cuadrados dan para mucho, pero no para todo) los reyes son los reptiles, especialmente los lagartos. De hecho, antes de que el estúpido ser humano las trajera, en Canarias no había serpientes, lo que ha puesto en peligro muchas especies locales. Dicen que hay más lagartos que seres humanos, lo que no es tan increíble como pudiera parecer. De nuevo la palabra clave es “endemismo”, porque los lagartos herreños son únicos en el mundo. Por ejemplo una subespecie de geco (Tarentola boettgerio) para el que el universo empieza y termina en El Hierro. Casi todos están emparentados entre sí y con sus parientes africanos.

Pero el rey es el Lagarto Gigante (hasta 75 cm), para el que también la isla es el principio y fin del mundo. Antiguamente era el monarca, se había expandido por toda la isla y estaba en la parte alta de la cadena alimenticia en su proporción de tamaño-peso. Pero de nuevo el ser humano le doblegó la mano a la naturaleza: la roturación para cultivos, la caza y la llegada de los gatos con los humanos fueron la losa final, que casi lleva a su extinción en el siglo XVIII, tratados como reliquias del pasado. Pero la misma especie que casi los devasta, la humana, fue la que se preocupó por recuperarla: se crearon refugios en zonas aisladas para permitir que renaciera; todavía hoy están en la lista de especies amenazadas, pero lentamente se recuperan.

Playa de Tacoror

Playa de Tacoror

El vecino de carácter. Lo que hace a día de hoy realmente diferente a El Hierro del resto de islas del mundo, salvo quizás Stromboli y las Hawai, es que es zona volcánica activa. Submarina, lo que aumenta todavía más el interés. El volcán submarino que casi lleva a la ruina a la isla en 2011 durante meses de actividad, que devastó el fondo marítimo, que mató peces, envenenó el agua y cerró negocios del turismo, sigue activo. No con la fuerza de antaño, pero este tipo de procesos es muy largo: pueden pasar años, décadas, puede incluso que siglos en diferentes fases de actividad, pero está ahí y no se marchará. La isla lo nota de vez en cuando por la cadena de microseismos alternos que se producen a diario en El Hierro. La gente ha pasado de la fascinación y el temor a la costumbre. La naturaleza en estado puro que reclama su sitio entre los temores y las vidas comunes de los seres humanos, incapaces de controlar un fenómeno que afecta un área que duplica el tamaño de la propia isla.

El cono volcánico submarino se encuentra a 88 metros de profundidad (ahora menos desde las últimas mediciones), en el Mar de las Calmas (sur de la isla), y de momento tiene el poco glamuroso nombre de 1803-02. Los geólogos acunan la isla canaria a la espera de que el vecino sin nombre siga con su ciclo. Mientras tanto ya afecta a la isla entera: El Hierro se ha elevado cinco centímetros en vertical y se ha alargado cuatro en horizontal. El turismo se vio afectado durante años, pero ahora lentamente se recupera mientras la naturaleza, ajena a las necesidades y deseos humanos, sigue su curso. La misma fuerza que creó El Hierro sigue activa y con su trabajo de escultor a apenas un tiro de piedra. Si viaja a La Restinga igual vea algo. Desde luego no será por alicientes para viajar a la isla.

Mapa satélite de El Hierro

Estela dejada por el volcán submarino y foto satélite de El Hierro

Charco Azul

Charco Azul

Valverde

Valverde

Meseta de Nisdafe

Meseta de Nisdafe