El último informe de Naciones Unidas alerta del récord histórico de concentración de CO2 en la atmósfera y el inicio del cambio climático en el peor de los escenarios.

Por Marcos Gil

Sólo los que tienen grandes lagunas de ciencia en su cabeza, o directamente mienten por intereses muy poco claros, pueden negar la evidencia de que la contaminación atmosférica tiene efectos perniciosos en la calidad del aire, en parte de las variaciones climáticas y en muchos otros sustos de un clima que parece previsible pero cada vez es más extremo. No se trata de que donde nieva haya ahora 40 grados al sol, sino más bien que el clima se haga mucho más variable, y cuando nieve sea con más fuerza de lo normal, y cuando haga calor se duplique la temperatura media. Es el primer síntoma de que la emisión y concentración de CO2 (dióxido de carbono) en la atmósfera ya está actuando.

La agencia meteorológica de Naciones Unidas asegura en su último informe detallado que las concentraciones de gases causantes del calentamiento global están en la actualidad en niveles récord que superan los peores escenarios de los científicos. Las sucesivas cumbres del clima han quedado arrinconadas por el ansia industrial de las nuevas potencias, la arritmia económica de EEUU y Europa y el desinterés generalizado del público, que está más pendiente ya de poder cobrar algo el mes siguiente que el mundo de dentro de 50 años.

De los siete escenarios diseñados por los expertos de Naciones Unidas, estamos por encima incluso del peor de todos.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) asegura que el CO2 en altas concentraciones es un peligro, y que ya alcanza las 389 partes por millón, que parece poco pero en realidad es un exceso que inicia una cadena de sucesos físicos que determina cómo es el clima, y éste, el futuro de millones de especies vegetales y animales y nuestra vida futura. Esta cifra es la más alta desde 1750, cuando se considera que arrancan los primeros esfuerzos industriales en el mundo. Michel Jarraud, jefe del OMM, aseguró que “incluso si lográramos detener hoy nuestras emisiones de gases de efecto invernadero, algo que está lejos de ser realidad, el efecto estaría presente durante décadas en la atmósfera. Ahora más que nunca antes, tenemos que comprender las complicadas, y a veces imprevisibles, interacciones entre los gases de efecto invernadero y la atmósfera, la biosfera terráquea y los océanos”.

Según la OMM, aumentó el óxido nitroso en un 20%, un 39% el CO2 y un 158% el metano, todos ellos gases que provocan el efecto invernadero y recogidos en los documentos oficiales del Protocolo de Kyoto. Entre 1990 y 2010 hubo un incremento del 29% en la fuerza de irradiación (el efecto del calentamiento atmosférico en el clima) derivada de los gases de efecto invernadero y que el CO2 es el gran responsable de ese aumento, en un proceso en cadena similar al visto en otros planetas, como Venus, que es el caso extremo, con nubes de ácido sulfúrico y una atmósfera dominada por el CO2. Este gas, subproducto residual de los procesos de energía derivados de los combustibles fósiles y de otros mecanismos industriales, es el causante del 64% de las variaciones medidas en los diferentes nichos climáticos.

El informe cita la quema de combustibles fósiles, la pérdida de bosques que absorben dióxido de carbono y el uso de fertilizantes como principales culpables de ese aumento desde 1750 en adelante

El efecto invernadero. Concepto cada vez más familiar, que se hizo muy popular con la primera oleada de preocupación ecológica general, en los años 80, es un proceso físico que no es exclusivo de la Tierra, sino que se produce en cada planeta con atmósfera.

  • Convierte nuestra atmósfera en un invernadero natural que calienta el aire y no deja escapar la luz solar. Determinado tipo de gases, como el CO2, retienen parte de la energía que irradia la corteza terrestre, y no deja escapar, además, la luz solar que penetra en la atmósfera. Este fenómeno
  •  Evita que la energía solar recibida constantemente por la Tierra vuelva inmediatamente al espacio, produciendo a escala mundial un efecto similar al de uno de esos invernaderos. En condiciones normales, la luz solar entrante debería, en un tanto porciento alto, escapar de nuevo, calentando lo justo para permitir niveles de vida aceptables.
  •  Si ese calor no se va, la atmósfera y el suelo se recalientan, provocando la subida de temperaturas que a su vez provoca la fundición de los polos y los cambios climáticos mundiales.