Barato, sencillo, tremendamente efectivo y estimu­lante para la inte­ligencia. ¿Quién decía que el hu­mor inteligente había muerto? La stand-up comedy no es más que la versión importada del cuentachistes de toda la vida, pero con la diferencia de que la verborrea, la inteligencia y la complicidad son las señas de identidad de un género que llegó a España a finales de los 90 y que se ha convertido en algo más que un formato: es un negocio, es, por decirlo así, el último rincón que le queda al ingenio lingüístico en el teatro.