¿Qué hubiera ocurrido si Supermán hubiera caído en la Unión Soviética en lugar de en EEUU y hubiera sido “adiestrado” para ser un héroe comunista? En pleno 75 aniversario del personaje, ECC publica ‘Supermán: Hijo Rojo’.

Justicia, honor, nobleza, bondad, honestidad… y comunismo. La vuelta de tuerca ideada por Mark Millar y que ve la luz en plenos festejos por los 75 años del personaje ha levantado ampollas en EEUU, donde todavía lo del comunismo y los símbolos americanos no conjuntan bien. Tanto éste volumen como algunas historias en las que Supermán, asqueado por cómo el gobierno le ha manipulado, acaba quemando el pasaporte de EEUU. Pero el personaje madura, se expande, y hay que probar nuevos caminos.

Uno de esos nuevos mundos paralelos lo creó Mark Millar en este ‘Supermán: Hijo rojo’, recién publicado en nuestro país (en EEUU fue en 2003) y que forma parte de toda la serie de recreaciones y añadidos que se hacen al gran mundo del superviviente de Kripton. Símbolo americano por definición, bien podría haber sido muy distinta su historia personal y su creación gráfica.

A grandes rasgos se repite la historia original: Kal-El es enviado hacia otro planeta por sus padres desde Kripton para salvarle del fin de este mundo. Llega a la Tierra, y su nave se estrella en… una granja colectiva de Ucrania, no en el Medio Oeste de EEUU. El azar convierte al inmigrante americano por definición en enemigo jurado del capitalismo al crecer en el seno de la Unión Soviética.

Mark Millar no es nuevo en estos viajes al otro lado del espejo, ya que es autor de ‘The Ultimates’ (versión extraña y alocada de ‘Los Vengadores’), y experto en darle vueltas de tuerca a los mitos del cómic. Su historia gira en torno al azar en el destino, del control político y de cómo Supermán se convierte en un símbolo casi divino. Millar no tiene problemas en cargar la negatividad de un caprichoso dios que, con buenas intenciones, termina por controlar y aplastar la libertad humana con tal de conseguir el bien.

Millar va más allá: Supermán se acaba convirtiendo en un delfín nada menos que de Stalin, todo con una estética modernista y futurista muy parecida al cartelismo soviético que todos tenemos en mente, de grandes líneas, de tono épico y donde el cómic y la propaganda se dan la mano. Todo eso condiciona a Supermán, que a pesar de evitar el poder termina por ser elegido para gobernar la Unión Soviética, o cuando menos a ser su gran padre casi divino en un país netamente ateo. Supermán expande el comunismo por todo el mundo hasta que finalmente EEUU queda totalmente aislado, un mundo capitalista aparte rodeado de estados comunistas.

Entonces surge la figura de Lex Luthor, un superdotado científico que termina imitando al héroe rojo, pero en el otro lado, convertido en el nuevo líder de EEUU. Millar da una vuelta de tuerca más: todos los personajes se adaptan a la nueva realidad, y aparece incluso un Batman anticomunista y liberador de naciones que lucha enconadamente contra la nueva tiranía.