El novelista más veces adaptado contempla cómo su literatura sigue alimentando al mundo del cine desde su esquina predilecta, el thriller. Este mismo año se estrenó la segunda adaptación de ‘El topo’ en los cines.

Por L. C. B. – Imágenes: Plaza & Janés – De Bolsillo – Planeta

Desde luego entre los autores anglosajones John Le Carré es especial. Para empezar es el de más calidad junto con Graham Greene (que son palabras mayores, la verdad) de esa especial casta británica de “novelistas de género” o “profesionales” que pululan por la isla. La ola que empezara Graham Greene, continuara a su forma Ian Fleming y luego adoptaron otros como el propio Le Carré o Frederick Forsyth. Género negro, novela policiaca, thriller, y todos los ingredientes típicos, desde la fidelidad a la serie negra pasando por el subgénero del espionaje. Con los años Forsyth sigue igual que siempre, a veces incluso retirado, y el resto también hace sus pinitos. John Le Carré, sin embargo, ha evolucionado desde el mundo novelesco del espionaje hacia cierto progresismo político y social que le pega bien en su vejez: ya no se muerde la lengua y tiene suficientes adeptos y años como para arriesgarse y no parar.

Porque John Le Carré es uno de los bichos más raros del mundo: de orígenes franceses, es ciudadano británico y progresista, muy al estilo fabianista anglosajón, y desde luego es uno de los mejores escritores profesionales que ha dado la isla. Le Carré es esa rara avis en un país de liberales y conservadores, pero que fue la cuna del movimiento obrero que espabiló a Marx, un saurio rodeado de extraños mamíferos, un tipo que aunque sabe que está por debajo de Gabriel García Márquez sabe que cuando algún guionista o director sin ideas propias decida adaptar alguna de sus novelas no las van a tirar a la basura. Sabe que siempre habrá un Gary Oldman para que uno de sus clásicos, ‘El topo’, pueda tener vida propia en la pantalla.

Es uno de los grandes problemas de este formato literario en países como España: la paja mental está mejor vista que una historia construida con tesón, con algunos altibajos, pero que aporta una historia auténtica. Casi siempre, es cierto, ligado a los géneros malditos: serie negra, ciencia-ficción, fantasía, terror… Le dijeron una vez a Stephen King que era a las letras lo que la hamburguesa a la alta cocina. Pero es que ‘It’, por ejemplo, está mejor construida que muchos excesos ensayísticos que pululan sueltos por las editoriales. Y a Le Carré le pasa eso: ‘El sastre de Panamá’, ‘El jardinero fiel’, ‘El espía que surgió del frío’, ‘Llamada para un muerto’, ‘La casa Rusia’… y ahora ‘El topo’, que va a ser una de las películas del año.

Gary Oldman en ‘El topo’

La cuestión es que es uno de los grandes y honorables caballeros de un país que, como España, genera escritores con la misma facilidad que los americanos empresarios o los alemanes berlinas de lujo. Allí son respetados y encumbrados, en España quizás no tanto, pero por lo menos son respetados en su mayoría. Sus ideas literarias han ido variando desde el engranaje lógico de la Guerra Fría hasta esta posmodernidad donde los villanos, o piezas disfuncionales, son gobiernos corruptos, multinacionales o grupos de presión. Especialmente hostil fue ‘El jardinero fiel’, donde los intereses de las farmacéuticas y funcionarios corruptos en el postcolonialismo de África quedan al descubierto.

Pero el terrorismo también ha entrado de lleno en su temática: ha pasado de ser un virtuoso formal y de personajes en pleno conflicto ideológico, con lo encorsetado que podía ser eso, a un mundo mucho más caótico. Le Carré es un especialista en crear personajes atractivos, que oscilan entre la turbia contradicción y la complejidad impuesta desde fuera. No son blanco o negro, sino ese gris nebuloso que es casi norma en casi todo el género negro o en el subgénero del espionaje. El mejor ejemplo es el agente Smiley. Todo un placer para los que aprendieron que ‘El Tercer Hombre’, ‘El Ministerio del Miedo’ o ‘El cónsul honorario’ son mucho más que novelas de metro o de viaje, son obras maestras. Y Le Carré es uno de sus gurús, tanto como para que el cine y la TV no paren de robarle a punta de bolígrafo.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Llamada para el muerto (Call for the Dead, 1961). Serie «Smiley»

Asesinato de calidad (A Murder of Quality, 1962). Serie «Smiley»

El espía que surgió del frío (The Spy Who Came in from the Cold, 1963). Premios Edgar y Gold Dagger

El espejo de los espías (The Looking Glass War, 1965)

Una pequeña ciudad de Alemania (A Small Town in Germany, 1968)

El amante ingenuo y sentimental (The Naïve and Sentimental Lover, 1971)

El topo (Tinker, Tailor, Soldier, Spy, 1974). Serie «Smiley»

El honorable colegial (The Honourable Schoolboy, 1977). Serie «Smiley»

La gente de Smiley (Smiley’s People, 1979). Serie «Smiley»

La chica del tambor (The Little Drummer Girl, 1983)

Un espía perfecto (A Perfect Spy, 1986)

La casa Rusia (The Russia House, 1989)

El peregrino secreto (The Secret Pilgrim, 1990)

El infiltrado (The Night Manager, 1993)

Nuestro juego (Our Game, 1995)

El sastre de Panamá (The Tailor of Panama, 1996)

Single & Single (Single & Single, 1999)

El jardinero fiel (The Constant Gardener, 2001)

Amigos absolutos (Absolute Friends, 2003)

La canción de los misioneros (The Mission Song, 2006)

El hombre más buscado (A Most Wanted Man, 2008)

Un traidor como los nuestros (Our Kind of Traitor, 2010)