Chema Madoz abre las puertas en la Sala Alcalá 31 a una nueva retrospectiva (‘Las reglas del juego’) de su carrera, de las más influyentes e interesantes para la fotografía contemporánea, con más de 120 fotografías y que permanecerá abierta hasta el 2 de agosto próximo.
Fotografías: Chema Madoz
Pocos fotógrafos hay en España como Chema Madoz, todo blanco y negro, simple y contundente, el ojo de los objetos, su gran tema personal y con el que ha marcado la fotografía contemporánea nacional. Entre las 120 imágenes de la Sala Alcalá 31 hay muchas inéditas hasta ahora para el público. Premio Nacional de Fotografía en el año 2000, es un pionero que ha basado su vida en la fotografía-arte y alrededor también del objeto como elemento definidor de la vida humana. Todo lo basa en las perspectivas y las texturas que genera las imágenes creadas.
Madoz juega con el espectador. Manipula los objetos con un fin. Dos pistas: primero el uso masivo del blanco y negro, que le permite eliminar información básica al espectador. El color y sus texturas son señales que el ser humano capta para poder conformar la realidad. Sin ellas no le queda más remedio que “pasar por el umbral” que le propone Madoz. La segunda es la deliberada y mencionada manipulación de los objetos. Los vacía de su contenido funcional y los proyecta para construir algo nuevo que es lanzado al espectador. Todo con suma elegancia. Las texturas ayudan. Quizás por eso Madoz no sólo es reconocido por la crítica, también es seguido por el gran público.
Un pequeño ejemplo: uno de los carteles principales de la exposición es una avestruz con la cabeza metida no en la tierra sino en un huevo. Según los organizadores de la exposición es un reflejo del individuo contemporáneo, que vive ensimismado en su universo personal. A partir de este tipo de juegos teje series de imágenes que reflejan cómo el la sociedad y la psique del tiempo presente. Y lo que se observa es muy diverso: arañas esperando una presa en una red de palabras, un vinilo, corbatas con mensajes, un árbol cuyos frutos son caligrafías chinas… el peso del dibujo sugerido aumenta en las obras de Madoz.
Para el fotógrafo es la tercera mirada atrás en su carrera. La primera fue en el año 2000, con su flamante premio bajo el brazo. Entonces fue el Reina Sofía el que se encargó de abrir espacios a sus ya icónicas imágenes en blanco y negro. Posteriormente la Fundación Telefónica recogió el testigo, y ahora hace lo propio una sala “en bloque” como es Alcalá 31. La exposición cuenta con un catálogo editado por la Comunidad de Madrid y por PhotoEspaña elaborado por la historiadora e investigadora Lourdes Cirlot.
Chema Madoz junto a dos de sus obras