Mañana 12 de junio abre la “exposición del verano” según han contado todos. La gran muestra sobre Edward Hopper en el Thyssen hasta el otoño.

Se trata de una retrospectiva de 73 obras pinta el retrato exhaustivo y desolador de un artista esencial para el arte del siglo XX. Coproducida con los Museos Nacionales de Francia, la muestra viajará en otoño a París. Una oportunidad perfecta para conocer mejor a un seductor gélido que sugiere todo indirectamente y que es un modelo a seguir por muchos autores de la fotografía teatralizada.

A pesar de su gran popularidad y aparente facilidad, las obras de Hopper son uno de los fenómenos más complejos del arte del siglo XX, así lo consideran los dos comisarios de la muestra, Tomàs Llorens (Director honorario del Museo Thyssen-Bornemisza) y Difier Ottinger (Director adjunto del MNAM/Centre Pompidou). No todo el mundo le entiende, y no todos están dispuestos a asimilar la aparente frialdad de este maestro del realismo americano que marcó todas una época en el arte de su país y cuya influencia en Europa no fue pequeña.

 

La exposición estará organizada en dos partes: una primera mitad que recorrerá la formación del artista, aproximadamente de 1900 a 1924 y representada por un gran cantidad de bocetos, pinturas, dibujos, ilustraciones, grabados y acuarelas que dialogan puntualmente con obras de artistas como Winslow Homer, Robert Henri, John Sloan, Edgar Degas o Walter Sickert; y una segunda parte, a partir de 1925, que presentará su producción madura y que buscará ilustrar su carrera de la forma más completa y amplia posible. Para ello, esta sección combinará grupos temáticos -los motivos y temas más recurrentes en su trabajo- con una narrativa organizada cronológicamente.