De las muchas dimensiones del arte de la viñeta y el bocadillo de texto, sin duda la política (por otros medios) es uno de las mejores, sobre todo si entra por los ojos como si fuera lo común y cotidiano

Por Luis Cadenas Borges

Guy Delisle (1966), canadiense, tipo concienciado y autor muy peculiar, capaz de meter el dedo en el ojo desde la humanidad, el humor y la acidez que se desprende de la vida cotidiana de un occidental de visita en una dictadura. Dedicado a la animación profesional, Delisle ha viajado por medio mundo a los centros de creación animada, desde China a Corea, y de paso ha reflejado sus vivencias en novelas gráficas que fusionan el cómic social con el político. Una denuncia que se enmascara en las peripecias mundanas de él mismo reconvertido en dibujo. Líneas claras, casi de viñeta de periódico, un buen uso de los tonos grises (que le da más aire sombrío a toda la obra) y un discurso que no tiene soflamas, sino que denuncia dictaduras como las de Corea del Norte, China o Birmania con la sucesión de choques culturales y estupideces de esos mismos regímenes, desde por qué no se pone el aire acondicionado a visitas gráficas a los monumentos estalinistas.

Delisle tiene tres grandes obras a este respecto: ‘Shenzen’ (2000 – apareció en España en 2006), ‘Pyongyang’ (2003 – aquí en 2005), y ‘Crónicas Birmanas’ (2008, al mismo tiempo que en España). Todos han sido publicados en España con Astiberri. Todos tienen en común un nexo: comunismo dictatorial. Delisle no parece ser un furibundo anticomunista, más bien un personaje prototípico de la fauna y flora humana de Occidente: se ríe de las tiranías, sean rojas, azules o multicolores. De las tres la más demoledora puede que sea ‘Pyongyang’, por su impacto, por los premios recibidos y por el éxito comercial de un cómic que recuerda, al menos en las intenciones, a ‘Persépolis’, luego llevado al cine pero que se encuentra en las antípodas del fondo de armario de Delisle, que no hace melodramas con algo de humor, sino humor con dramas de fondo.

Pyongyang se resume así: narra en primera persona las andanzas de un profesional canadiense de la animación en la ciudad del país más hermético del mundo: Corea del Norte. Absurdos, surrealismo puro y duro, una sensación de que el protagonista está dentro de una película de los Monty Phyton más que en una sociedad real, un contraste continuo entre lo que se supone que es una sociedad habitual y la forma de vida orwelliana de Corea del Norte. Un ejemplo: el personaje lleva en el equipaje un ejemplar de ‘1984’, de Orwell, y casi se muere del susto cuando el soldado en la aduana le pregunta qué es sin darse cuenta de la ironía. Todo ello comentado con una ironía y humor que hace, a veces, llorar de risa. Y es que uno se ríe por no llorar: ahí está el truco argumental de Delisle. Anécdotas hay muchas: la omnipresencia de los grimosos papa – hijo padres de la patria, como Kim Jong Il, las visitas a los monumentos del país, la comida, la luz por las noches, el campo, los voluntarios, las películas, los hoteles, los “guías” que son en realidad miembros del servicio de contraespionaje y que intentan ser simpáticos pero en realidad son auténticos chistes andantes; la música en la obras, los delatores…

Antes de ese ‘Pyongyang’ estuvo Shenzhen, que toma su nombre también de otra ciudad, pero esta vez en China. Fue su primera novela gráfica y la premisa es idéntica: el autor trabaja en un proyecto de animación, y tiene que ir a la ciudad “de la zona económica especial”, es decir, capitalista salvaje bajo la bota comunista, de Shenzhen, de las más productivas del mundo (a golpe de látigo, claro). Allí supervisará a un equipo de animadores durante tres meses, conociendo de paso a todo tipo de perfiles humanos y el trasfondo de la cultural de la región, a veces una auténtica esquizofrenia. Para muchos críticos no alcanza el nivel de la segunda novela gráfica de Delisle, pero sí que apunta los trazos de lo que será luego ‘Pyongyang’. Sobre todo tiene mucho menos humor socarrón.

La tercera novela gráfica es ‘Crónicas Birmanas’, un reflejo de su vida cotidiana en Rangún, pero esta vez acompañado de su novia, a la sazón miembro de Médicos Sin Fronteras (con lo que el régimen brutal de Rangún le prestaba especial atención). Y todo un año. De nuevo el motor de la historia es la misma: trabajo, vida cotidiana, documentación gráfica, ironía y un fiel reflejo casi periodístico de la realidad de Birmania. Con una buena dosis de ironía confronta sus insignificantes preocupaciones de occidental con las dificultades que atraviesan los habitantes de un país pobre bajo el yugo de una dictadura militar, que se impone con una brutalidad más que evidente, mucho menos discreta que en Corea del Norte pero igual de aniquiladora. Un estado de terror permanente que nos lleva una y otra vez a la obra-espejo que usa Delisle para apuntalar sus narraciones, el ‘1984’ de Orwell. También aparece el día a día de la minúscula y vigilada comunidad internacional que trabaja para las ONG y las tremendas dificultades que encuentra para llevar a cabo su misión. Un retrato emotivo y comprometido de Birmania. Es decir, la político pero por otros medios (gráficos).

‘Réflexion’, L’Association (1996)

‘Aline et les autres’, L’Association, (1999)

‘Shenzhen’, L’Association, (2000), Drawn & Quarterly (2006), Astiberri Ediciones (2006)

‘Albert et les autres’, L’Association, (2001)

‘Comment ne rien faire’, Pastèque, (2002)

‘Pyongyang’, L’Association (2003), Drawn & Quarterly (2005), Astiberri Ediciones (2005)

‘Inspecteur Moroni 1: Premiers pas’, Dargaud, (2001)

‘Inspecteur Moroni 2: Avec ou sans sucre’, Dargaud, (2002)

‘Inspecteur Moroni 3: Le Syndrome de Stockholm’, Dargaud, (2004)

‘Louis au ski’, Delcourt, (2005)

‘Chroniques birmanes’, Drawn & Quarterly (2008), Astiberri Ediciones (2008)

‘Louis à la Plage’, Editions Delcourt (2008)