La Casa Encendida presenta ‘El hecho alegre. Una mecánica popular de los sentidos’, una muestra colectiva que gira en torno a lo cotidiano, lo matérico y la alegría. Comisariada por Tania Pardo, la exposición reúne a trece artistas que comparten el gusto por lo rutinario plasmado en sus prácticas artísticas, ya sea en las temáticas tratadas o en el uso de la materia.

Los artistas que forman parte de la muestra son Pilar Albarracín, Elena Blasco, Sol Calero, Esther Gatón, Daiga Grantina, Camille Henrot, Dorothy Iannone, Engel Leonardo, Jonathan Monk, Niki de Saint Phalle, Mika Rottemberg, Samara Scott y Teresa Solar. Todas las propuestas están relacionadas con la vida diaria. Entre ellas destacan los diarios autobiográficos de Niki de Saint Phalle y Dorothy Iannone, los colores brillantes de los jarrones de Elena Blasco, la escultura cerámica de grandes dimensiones y formas imprecisas en el trabajo plástico de Teresa Solar, las alusiones directas al cuerpo de Camille Henrot o la instalación compuesta por paños de cocina de Jonathan Monk que representa lo popular, lo común y el paso del tiempo.

El hecho alegre’ alude a la cultura popular, la memoria y a los distintos modos de percibir la rutina. Muchas de las obras que se muestran conciben los ritmos frenéticos de este mundo hiper industrializado con altas dosis de sentido del humor y con una estética de la alegría que habla de lo doméstico, de lo común y de todo aquello que nos rodea. Encontrar lo extraordinario en una repisa de la cocina, tener una revelación en el cuarto de baño o sentir alegría al oler el pan recién hecho en una tahona son situaciones que encuentran en el hacer diario lo diferente porque ninguna acción por reiterativa que sea es la misma, varía el orden de tiempo y la propia experiencia y contexto al realizarla.

La propuesta de estos artistas se centra en los acontecimientos más rutinarios y el mundo que los rodea o sus propias historias les sirven para conformar un cuerpo plástico en defensa de lo nimio y lo cotidiano. Muchas de las obras que aquí se reúnen pertenecen a una vida colectiva, situándose en esa categoría arte-vida y experiencia de la que hablara Jonh Dewey en su libro ‘El arte como experiencia’ publicado en 1934 y que ha retomado en la actualidad el filósofo americano Richard Shusterman a través de la estética pragmatista. Hay algo de inmediatez en la muestra, de disfrutón e incluso de gamberra resistencia, porque quizá sean los actos más insignificantes, cotidianos y autobiográficos, los que se detienen en la anécdota, los que confieren la importancia de una vida.