España, tierra de museos: Madrid, Málaga, Bilbao… y ahora Barcelona, todas acogen o van a acoger sedes secundarias de los grandes museos del mundo como el Guggenheim, el Thyssen o el Hermitage de San Petersburgo, si bien el plan todavía no cuenta con el apoyo de las autoridades públicas.

Finalmente la futura nueva sede del Hermitage estaría (hay que ponerlo todo en condicional) en el lugar donde hoy se levantan edificios de Aduanas del puerto de Barcelona, la Facultad de Náutica de la Pla de Palau y algunos edificios industriales, casi pegado al famoso Hotel Vela y en la nueva bocana del mismo puerto. En total tendría 15.500 metros cuadrados. Un auténtico pelotazo urbanístico y cultural que convertirá a Barcelona en uno de los destinos del turismo cultural de nuevo cuño, como le pasar a Bilbao con la inauguración del Guggenheim. El diseño es del arquitecto Íñigo Amézola bajo impulso e idea de Ujo Pallarés y ya se conocen detalles, imágenes oficiales del diseño y cómo quedaría sobre la ciudad.

Sus promotores han calculado un presupuesto de 38 millones de euros con financiación privada, sostenida por Cultural Development Barcelona y Acceleration Group (del ruso Valery Yarovslavski). El edificio principal tendrá cinco plantas y siete salas de exposición, restaurante, cafetería, auditorio y un gran hall de entrada parecido al que tiene el nuevo Prado. El diseño se ha realizado para albergar al menos medio millón de visitantes al año, y contará además con una parte científica al margen de la artística que contará con el físico y museólogo Jorge Wagensberg, que planteará un diálogo entre arte, ciencia e Historia de la Humanidad que sirva de relato paralelo al clásico.

El futuro Hermitage Barcelona tendrá una colección permanente que será renovada cada diez años, con una sala para muestras permanentes y otra para una pieza escogida mensualmente. Puede permitírselo: el Hermitage cuenta con un fondo de tres millones de obras (muchas de ellas producto del saqueo soviético sobre el este de Europa o sobre los nazis en la Segunda Guerra Mundial, que a su vez habían saqueado Europa durante años). Los precios también se conocen: entre 9 y 18 euros por las exposiciones en función de su tamaño e importancia, pero se permitirá el acceso libre al museo, al contrario de lo que ocurre actualmente con otros como El Prado o el Reina Sofía.

No obstante aún hay que concretar detalles. Para empezar la autoridad del Puerto de Barcelona tendrá que conceder esos terrenos, el Ayuntamiento entonces debería cambiar el usos de los terrenos (actualmente son zona de servicios industriales) a un fin público cultural. Algunos legisladores de Barcelona han recordado que el proyecto es privado y que todavía nadie se ha puesto a negociar con ellos. Sí lo hizo la Generalitat de Cataluña cuando era presidente Artur Mas, pero sólo como compromiso, ya que ninguna institución pública iba a colaborar con fondos. Hay contactos pero no hay ni fecha definitiva ni nada previsto. Habrá que seguir esperando.