Adiós a Gabriel García Márquez: ha muerto uno de los más grandes, la personificación de toda una era en la que Latinoamérica puso en órbita la literatura en español. 

Mario Vargas Llosa está hoy un poco más solo, pero también recoge el testigo de los grandes. Pocos quedan ya de aquel boom literario que puso a América Latina en el escenario de la gran civilización. Él aportó ‘100 años de soledad’, ‘Noticia de un secuestro’, ‘El coronel no tiene quien le escriba’ o ‘El amor en los tiempos del cólera’, por poner pocos ejemplos. A la larguísima lista de pésames oficiales, políticos, culturales y sociales, desde Bogotá hasta Madrid pasando por Buenos Aires o las calles de Nueva York y Los Ángeles, se sumará la de millones de lectores que disfrutaron de un hombre muy especial, de convicciones izquierdistas fuertes (aunque relativas, como las de todos) y un talento literario fuera de toda duda. Fue periodista al mismo tiempo o antes que escritor, y ambos oficios los conservó hasta el último día que pudo.

El flamante Premio Nobel de Literatura de 1982 ha fallecido a los 87 años de edad en México DF, donde vivía desde hacía años, como muchísimos otros escritores hispanohablantes. Llevaba semanas enfermo de neumonía y un empeoramiento de su estado ha desembocado en la trágica muerte. Fue el 31 de marzo pasado cuando fue ingresado de urgencia para una semana de tratamientos. Mejoró temporalmente, pero finalmente se cumplió el mal pronóstico que apuntaba a un cáncer linfático que le había afectado al pulmón, al hígado y a los ganglios. Era cuestión de tiempo. Fue rechazada la idea del cáncer por la familia y el gobierno colombiano. Fue en 1999 cuando se le diagnosticó un cáncer linfático superó con éxito para estar con nosotros otros 15 años más.

Gabriel García Márquez, o Gabo, fue también el creador de un particular mundo paralelo llamado Macondo, en su Colombia natal, sobre el que cimentó buena parte de su producción literaria y su éxito: 40 millones de ejemplares vendidos en cerca de 36 idiomas, conocido en todo el mundo y el bigote más famoso del mundo latino junto con el de Pancho Villa. Su primer libro vio la luz en 1947 con ‘La tercera resignación’, un simple cuento. Tendría que esperar 20 años antes de poder culminar su gran sueño de la gloria gracias a ‘Cien años de soledad’, uno de los mejores libros de la Historia y que fue el detonador del gran boom de la literatura latinoamericana y hogar del archiconocido “realismo mágico”, una etiqueta que perseguiría con ahínco a este escritor que fue Nobel en el 82. Su forma de escribir, tan personal y tallada como natural, le granjearía millones de seguidores en todo el planeta.

Nació para el mundo un 6 de marzo de 1927 en la costa caribeña, en Aracataca. Para la literatura tardaría un poco más. Fue el mayor de nada menos que once años, pero fueron sus abuelos maternos los que le criaron hasta que cumplió los diez años entre campos caribeños y parte de esa cultura criolla que le acunó desde siempre. También un matriarcado donde las mujeres mayores mandaban y los hombres contaban vivencias y recuerdos que le ayudaron a cimentar parte de ‘Cien años de soledad’.

A los 16 años marcha para los alrededores de Bogotá y entronca con la literatura y el periodismo, sus dos grandes amores; por sus cabeza ronda la literatura hispánica pero también los grandes norteamericanos como Faulkner y Dos Passos. De Europa se queda, por ejemplo, con dos lastimeros autores, a cada cual más lesivo: Virginia Woolf y Kafka, que, según él mismo confesaría, fue el primer chispazo mental que le empujó a escribir. Estudió Derecho pero no la terminó: espoleado por las trifulcas, golpes y sainetes políticos de Colombia regresa a la casa familiar y se convierte en periodista. Pasará por Barranquilla, Cartagena de Indias y vuelta a Bogotá para trabajar en El Espectador, curiosamente el primer periódico que publicó algo de él. Por el camino quedaría un prodigio de reportaje que ha sido el germen de muchos periodistas: ‘Relato de un náufrago’.

Después viajará por América y Europa como corresponsal y no regresará hasta 1958, cuando se casa con Mercedes Bracha. Vivirá en México y conocerá a muchos escritores españoles exiliados, a periodistas y activistas. Siguió siendo periodista y finalmente logrópublicar ‘El coronel no tiene quién le escriba’. Pero no es suficiente: trabaja en todo tipo de oficios relacionados con la cultura y la comunicación, hasta que un buen día surge el chispazo de ‘Cien años de soledad’. Lo deja todo para escribir y logra dar a luz a su gran obra, la que lo cambiaría todo. Le costaría lágrimas, pobreza, empeños y dolores de todo tipo, pero finalmente salió al mundo y Gabo, sin saberlo, acababa de sellar el destino de la literatura.

Tras eso llegaría la gloria, una vida de escritor, el sueño de todos los que alguna vez han puesto una palabra detrás de la otra, y sobre todo la amistad con gente como Vargas Llosa, Cortázar o Carlos Fuentes, la vida feliz y fulgurante en Barcelona, Madrid o México, las conferencias, el éxito. Llegarían ‘El otoño del patriarca’ y ‘Crónica de una muerte anunciada’, y el Nobel con apenas 55 años, cuando todavía era un pipiolo según el baremo de Estocolmo. Su último libro sería ‘Memoria de mis putas tristes’, su suspiro literario postrero. Un adiós hermoso. Y mientras tanto, todos huérfanos.

 

Bibliografía selecta

Novelas:

La hojarasca (1955)

El coronel no tiene quien le escriba (1957)

La mala hora (1961)

Cien años de soledad (1967)

El otoño del patriarca (1975)

Crónica de una muerte anunciada (1981)

El amor en los tiempos del cólera (1985)

El general en su laberinto (1989)

Del amor y otros demonios (1994)

Memorias de mis putas tristes (2004).

Cuentos:

Ojos de perro azul (1955)

Los funerales de la Mamá grande (1962)

La irresistible y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada (1972)

Doce cuentos peregrinos (1992)

Reportajes:

Relato de un náufrago (1970)

Noticia de un secuestro (1996)

Obra periodística completa (1999)

Vivir para contarla (2002)