Las flores son como los sueños: códigos para comunicarse. El nuevo libro de Vanessa Diffenbaugh, ‘El lenguaje de las flores’, promete ser una de las apuestas de este año.

Primavera y flores. Sólo falta Freud y su lectura traviesa y manipulada de los sueños para cerrar el círculo. Salamandra publica en español ‘El lenguaje de las flores’ (18 euros, 360 páginas), en pleno éxtasis inicial de los meses de polen y sangre alterada. El libro viene precedido de un gran éxito en países melosos como Italia (más de 400.000 ejemplares) y gira siempre alrededor del sentimiento romántico en Occidente.

Portada del libro y el jacinto morado, que simboliza la petición de perdón

El personaje principal, Victoria, habla a través de las flores, que tienen su propio código y lenguaje, hasta el punto de que se plantean diálogos y conversaciones desde un grupo de ellas, desde las petunias a las rosas pasando por los tulipanes, las margaritas, las buganvillas, amapolas, lilas, narcisos… y cada una simboliza un sentimiento o intención. Vanessa Diffenbaugh recupera así algo común en la alta sociedad anglosajona de la época victoriana, cuando era vital no expresar sentimientos en público porque era cosa de animales y obreros, no de caballeros y damas. Amenazas, saludos, declaraciones de amor, abrazos o besos eran tabú, así que mejor hacerlo con jacintos morados (“perdóname”) o buganvillas (“pasión”).

A partir de esas premisas Victoria, una joven californiana, traza su viaje sentimental a partir de este código ya que no es capaz de comunicarse mejor con otros. Una novela pensada por y para ese público que nadie quiere reconocer pero que existe (el femenino) con una autora nacida y crecida en un mundo rural donde el contacto con la naturaleza es vital en la educación. Y mucho más si, como ella, redescubre esos códigos, arrinconados en las librerías y floristerías.

 Vanessa Diffenbaugh

Buganvilla, que simboliza la pasión