La ley biológica sigue con el rodillo y las letras españolas pierden a otro grande, Juan Gelmán. 

Poeta, superviviente, represaliado, víctima de las dictaduras que asolaron Latinoamérica, exiliado de un lugar a otro, mexicano de adopción y un autor que dio lustre a las letras hispánicas como pocos. La dictadura de Videla y el nuevo fascismo sudamericano de los años 60, 70 y 80 le arrancó de cuajo a uno de sus hijos y a una nieta, algo que le marcaría de por vida y que cambiaría para siempre su obra y su forma de entender el mundo. Luchó como tantos otros contra el olvido de los crímenes que aquí en España todo el mundo barre bajo la alfombra.

Falleció ayer martes en México DF, escala final de un largo periplo que él no llamó exilio sino “trastierro”, porque entendía que no le arrebataban una patria sino que le trasladaban a otro parte de la misma, esa gran Latinoamérica que lucha por ser normal y moderna. Su último texto, señalan todas las crónicas, es del pasado fin de semana en Página 12, en Buenos Aires. También ahí dejó su huella atacando los desmanes de aquella Europa imperial, concretamente la Francia colonial en África y Asia. Y su último libro es de agosto de 2013, ‘Hoy’, en realidad una recopilación de 300 poemas sobre el momento que vive Argentina, siempre confusa y al traspiés.

Juan Gelman nació en Buenos Aires en 1930, hijo de judíos emigrantes provenientes de Ucrania. Desde muy joven se alió con la izquierda rebelde, concretamente la de los Montoneros, para luego romper con ellos y ser doblemente paria. La Triple A argentina tomó el relevo de la persecución y tuvo que abandonar su país en 1975 dejando atrás a su hijo Marcelo y la mujer de éste, Claudia García, ciudadana española. Los dos fueron asesinados por la dictadura.

Germán inició entonces una cruzada personal para poder localizar a la nieta, que fue entregada a la familia de un policía en Uruguay. Finalmente la búsqueda tuvo fruto y en 2000 localizó a Macarena; empezaría entonces un proceso judicial largo y penoso de once años hasta que la Corte Interamericana de Derechos Humanos le devolviera esa memoria legalmente. Como punta de lanza de la memoria histórica y de muchos otros jugó un papel fundamental.

Eso en la parte política. En la literaria Gelmán deja tras de sí 29 libros que recientemente reunió en un solo volumen. Esta odisea de papel y tinta, que siempre es solitaria como la de todos los poetas, arranca con ‘Violín y otras cuestiones’ (1956), ariete también de toda una generación de escritores argentinos. Su Ítaca final particular, el último puerto del viaje fue ‘El emperrado corazón amora’ (2010). Siempre escribía a horas tardías, en solitario y sin nadie alrededor. Su humor cambiaría con el tiempo, desde el humor porteño inicial hasta aquel terrible 1975 en el que su expresión, sentido y pensamiento cambiaría para siempre hacia la bruma.

En su carrera destacan su capacidad para innovar el lenguaje y la forma de expresarse y ser sobre todo ecléctico, reuniendo muchos estilos bajo un mismo estilo propio, algo que suelen hacer muchos poetas, saltar de una norma a otra hasta construir la suya propia. Lentamente dejó atrás sus inicios como periodista, algo habitual en muchos escritores latinoamericanos para luego saltar hacia el mundo literario que le llevaría a la cumbre en 2007 con el Premio Cervantes, donde le recordaron (una vez más) su gran talento unido a la tragedia, algo que no podía quitarse de encima ni siquiera en los grandes momentos. No recibió el Nobel, como muchos otros argentinos ilustres que se fueron a la tumba sin él.