Desde el pasado septiembre la Sala Recoletos de Fundación Mapfre expone una colectiva “rara” por lo que tiene de inédita en España: la del movimiento Macchiaioli italiano.

Con ese nombre, Macchiaioli, se encuadra a un grupo de artistas italianos de mediados del siglo XIX que tuvieron en el realismo puente entre los tiempos románticos y los impresionistas franceses su principal base, y que además fue de gran influencia en la pintura española de la etapa final del siglo, como en el caso de Fortuny. La exposición (hasta el 5 de enero) reúne casi un centenar de obras procedentes de las más prestigiosas colecciones públicas y privadas italianas: Galleria d’ Arte Moderna del Palazzo Pitti, Galleria Nazionale d’Arte Moderna de Roma, Galleria d´Arte Moderna de Milán, Fondazione Musei Civici di Venezia, Galleria Internazionale d´Arte Moderna di Ca’Pesaro de Venezia, Museo Civico Giovanni Fattori de Livorno y el Istituto Matteucci de Viareggio, entre otras.

Los macchiaioli fueron un colectivo revolucionario, una de las puntas de lanza del tránsito del arte moderno al contemporáneo, una reacción al romanticismo y a una Italia en pleno proceso de unificación y modernización (al menos en una parte de ella). Se adelantaron años en la carrera por darle al arte una vía de expresión personal, anticipando claramente a los impresionistas franceses posteriores. Su nombre en italiano significa “manchistas”, “manchadores” y se reunieron en torno a Florencia, que vio en ellos uno de los últimos estertores de una ciudad legendaria que durante el siglo XVIII se sumió en la vulgaridad hasta este pequeño despertar. Fue un periódico, el Gazzeta del Popolo, el que los bautizó en 1862 con el mismo tono de desprecio que años más tarde se llamaría “impresionistas” a sus sucesores teóricos.

‘L’alzaia’ (1864) – Telémaco Signorini

Todos fueron parte de una renovación totalmente enfrentada al academicismo formal y solían reunirse en cafés florentinos para desarrollar su visión. Y sobre todo en clave nacional: querían revolucionar y revitalizar el arte italiano igual que Garibaldi lo hacía con sus Camisas Rojas en los campos de batalla. Su principal idea era que la imagen de la realidad es un contraste de manchas de colores y de claroscuro. Se conformaron como una auténtica escuela unida frente al romanticismo y las normas establecidas: todos se unieron en torno a la idea y a Florencia y crearon una línea creativa unida y compacta. Un movimiento en toda regla.

Formaron parte del grupo: Silvestro Lega, nacido en Modigliana, cerca de Forlì, y los toscanos Serafino de Tívoli, Odoardo Borrani, Raffaello Sernesi, Giovanni Boldini, y Adriano Cecioni, este último escritor y escultor además de pintor. También se vincularon Giovanni Fattori, Guillelmo Ciardi, Giuseppe Abbati, Federico Zandomeneghi, Telemaco Signorini, Giuseppe De Nittis, Gaetano Previati, Giovanni Battista Segantini, Giacomo Balla y Giuseppe Pellizza da Volpedo entre otros. Y todos, o la mayor parte, siempre alrededor del crítico y mecenas Diego Martelli, pegamento de muchos de ellos durante años.

El método lo era todo en los macchiaioli: abreviación, masa y relieve contra la minuciosidad descriptiva propia de la pintura romántica anterior. La realidad se observa como una yuxtaposición de manchas de color fuertemente contrastadas frente a la luz, la todopoderosa luz que transforma las intensidades, tonos y casi la imagen entera. La construcción y organización espacial resulta de las líneas que delimitan los colores-luz y los colores-sombra, porque el juego del claroscuro lo es todo en el movimiento. Además es vital el acto de creación al aire libre, lejos de los estudios de pintor sacralizados por el romanticismo, donde todo es artificio y postura. Allí sólo hay realismo, luz, color y naturalidad, unas premisas que luego serían asumidas sin duda por los impresionistas.

De izquierda a derecha (sentados): Serafino de Tivoli, Severio Altamura, Silvestro Lega, Ferdinando Bonamici; de pie ,de izquierda a derecha: Giuseppe Bianchi, un desnocido, Cristiano Banti, Odoardo Borrani. Foto de 1888. 

‘Mercado viejo en Florencia’ – Telémaco Signorini

‘Lattaio di Piagentina’ – Abbati