Recuperamos el reportaje sobre Paco Roca, uno de los más laureados y reconocidos autores del cómic nacional, marcado a fuego por la intención de que tenga una dimensión literaria, social, realista.

Por Luis Cadenas

El Salón del Cómic de Barcelona de este año echó el cierre con la consagración, o mejor dicho, la continuación de la consagración, del autor Paco Roca, uno de los máximos exponentes del cómic social. El mismo valenciano tímido y de sonrisa aniñada, a pesar de figurar 1969 en su partida de nacimiento; el mismo que recibió el Premio Nacional del Cómic dos años atrás, en parte gracias al éxito brutal de ‘Arrugas’, un volumen especial en el que afrontaba la terrible enfermedad del Alzheimer en los ancianos. Quien busque superhéroes o pura fantasía en Roca va más que servido de lo contrario: “Los medios hablan ya del comic como una forma de literatura, y ya no hace falta ir a las tiendas especializadas”, cuenta el guionista y dibujante, consciente de que el comic ha trascendido por completo sus fronteras formales y que ya es una herramienta de expresión única. Algo que hay que entender “como un medio artístico y dentro cabe todo, y cabe también el tema social. Quizás hasta ahora no se había podido desarrollar en el formato de novela gráfica, que permite desarrollar una historia que antes no podías”.

Roca repite este año con ‘El invierno del dibujante’ (Astiberri, su editorial de cabecera, con la que publicó también ‘Arrugas’), con el que ganó en esta edición del Salón del Cómic el premio a la mejor obra y el mejor guión. En ‘El invierno del dibujante’, Roca hace una entrañable revisión de lo que era la vida de la editorial Bruguera, con la dictadura franquista como telón de fondo, y con la salida en 1957 de algunos de sus mejores autores, hartos del despotismo y la satrapía empresarial, para crear la revista libre ‘Tío Vivo’, en la que estos profesionales del cómic nacional querían disponer de todo el control creativo de sus personajes, una aventura que acabó en fracaso. Una muestra más de que el cómic se abre, y debería abrirse, a otras vías y otros temas. Un género que fusiona literatura y pintura como pocas cosas, que genera una gran diversidad de temas, abandonando los nichos de siempre (ciencia-ficción, terror, aventuras, la épica). Para Roca se trata de “una lectura que interesa a todo tipo de público. Se puede encontrar de todo, desde malos tratos a las mujeres, el 11-S, sucesos históricos… Se está abriendo mucho más”. Roca es un innovador: le ha dado una vuelta de tuerca al cómic hasta crear el mencionado cómic social, una tendencia en la que le acompaña Miguel Gallardo, con el que tiene en mente varios proyectos.

¿El cómic es un arte? “Creo que quien no lo conoce es el único que puede decir que no es un arte, y está demostrando que es un medio que puede hablar de muchas cosas y es algo que lo convierte en algo especial”. Ese “algo” se traduce en todo un abanico de posibilidades que salen de la “caverna”. Un ejemplo es su amigo y cómplice en ‘Emocional World Tour’, con Gallardo, publicado en Astiberri en 2009 y que es parte de esa herencia de nuevo cómic, una especie de diario surgido a partir de los viajes de Roca y de la maestría, en el mismo campo, de Gallardo, autor de ‘María y yo’ (sobre el autismo infantil). De hecho, la tendencia recibió el espaldarazo final en su persona, pero también en este Salón del Cómic, al mismo nivel que el resurgir del género de terror, puro o mestizo, donde los zombis volvieron a ser la llave que abre muchas puertas después de arrasar en la literatura fantástica en esta primera década del siglo XXI.

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