Batman ya tiene su día internacional, el 23 de julio, fecha elegida por DC Comics de manera aleatoria y que coincide (conscientemente) con el inicio de la Comic-Con de San Diego.

DC ha decidido celebrar este aniversario (lo está haciendo todo lo que llevamos de año) con un Batman Day, una fecha concreta que se repetiría en lo sucesivo, 23 de julio. DC lanzará una edición especial del número 27 del segundo volumen de Detective Comics, en el que los fans podrán encontrar cuatro máscaras, ilustradas por el dibujante Ryan Sook. También coincide con la Comic-Con de San Diego y DC desembarcará en la mayor cita del cómic del mundo con más eventos pensados para los que acudan. Después de todo la empresa celebra la que es una de sus patas maestras (la otra es Superman) y merece la pena.

Y en la memoria un personaje único. Hay dos frases que definen a Batman. Y ambas no son originales de aquellos gloriosos años 30 en los que sirvió de contrapeso a una sociedad americana agrietada y descompuesta en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. La primera es “Eh, chico, ¿nunca has bailado con el diablo a la luz de la Luna?”, pronunciada por el tipo que acababa de matar a los padres de Bruce Wayne en un callejón y daba así inicio a su conversión en Batman. La otra es, con el rico heredero metamorfoseado ya en el espectro: “Yo soy la noche”. Se la dice por primera vez a un criminal mientras lo sostiene en el aire para que haga correr la voz de que Gotham ya tiene quien guarde sus sueños. Ambas frases son del cómic, pero se hicieron celebérrimas cuando Tim Burton las incluyó en el guión de la primera adaptación seria hecha del personaje en 1989.

Día de Batman - 23 de julio

Después llegarían otras tres películas para olvidar donde incluso un desastroso George Clooney hizo de Wayne. Habría que esperar a Chris Nolan para que rescatara al personaje adaptando no la serie original sino ‘El Caballero Oscuro’, la segunda vida de Batman en los 70 y 80 bajo otro prisma, el de Frank Miller, que rescató para siempre a aquella sombra del olvido y la mediocridad. Pero eso fue casi medio siglo después del original, que es lo que nos interesa. Para celebrar su aniversario DC y Warner Bros han hecho todo tipo de homenajes, como el corto de animación ‘Batman: strange days’, que rinde tributo al aire retro de los 40 y en blanco y negro que enlazamos en este reportaje.

Batman nació poco después de Superman, en la misma editorial (DC) pero en otra colección: Detective Comics. Fue en 1939, un año después de que el kriptoniano llegara para quedarse y ser ese dios pagano todopoderoso que ha sido siempre y que sirvió de molde granítico lleno de virtud. Batman era todo lo contrario: nocturno, ligado a un animal no demasiado querido (el murciélago), humano sin poderes extraños más allá de su inteligencia, físico y sublimes gadgets, y muy enfocado al mundo criminal. Era un detective y un justiciero al mismo tiempo, empujado por el trauma de la orfandad violenta y la necesidad de eliminar a la escoria que se había llevado por delante a su familia. Un atormentando, carne de diván, imperfectamente perfecto, justo el punto de oscuridad que realmente es la clave de su éxito. Bob Kane y Bill Finger, sus creadores, habían creado la antítesis de Superman espoleados por la moda de los cómics de superhéroes. Pero diferente.

El hombre murciélago fue desde el principio una creación pulp, marginal y limítrofe de la noche, la unión de varias vías artísticas que iban desde el expresionismo cinematográfico en los escenarios y formas de moverse del personaje (a veces sólido e inquietante como una sombra, otras un saltimbanqui) hasta la novela negra americana de toda la vida. La psique jugaba un papel fundamental en la creación de Kane y Finger. Junto a él tuvieron que hacer algo más original que enfrentarle con mafiosos o criminales de poca monta. Así fue como nacieron el Joker o Dos Caras, de los primeros.

Imagen aniversario de Batman DC Comics

La deriva de cada uno, sobre todo del primero, a lo largo de estos años alcanza niveles sublimes de deriva psicoanalítica, pero lo cierto es que uno no puede entenderse sin el otro y viceversa. Batman y el Joker iban, ciertamente, a bailar juntos a la luz de la Luna durante décadas. DC lo tenía muy claro: quería algo oscuro, siniestro, pulp, criminal y ligado con la noche y el crimen. Dicho y hecho: en mayo de 1939, en el número 27 de Detective Comics, a escasos cuatro meses de que se desataran todos los infiernos en Europa y el Pacífico, aparecía un icono del siglo XX renacido a principios del XXI para perdurar.

Enseguida dieron con la tecla y el éxito: DC ya tenía la otra cara de la moneda de Superman. Donde uno ponía luz, el otro oscuridad; donde el primero encarnaba toda la virtud imaginable el otro se balanceaba entre el dolor, la culpa, la mala conciencia y el sadismo del crimen. Ambos protegían a los débiles e inocentes, pero mientras el primero era una regla envarada de comportamiento moral el segundo solía juguetear con los límites de la ética una y otra vez, ligado hacia esos tarados y viciosos criminales que tenía que perseguir.

Grant Morrison le definió a la perfección en su libro ‘Supergods’ (Editorial Turner): era un ser prohibido, jugaba con la represión moral de la época y del país para ser esa válvula de escape, como si al público le dejaran mirar lascivamente por el ojo de la cerradura de la realidad nocturna y así pudiera ver en movimiento a mafiosos, prostíbulos, criminales, corruptos y conspiradores, ese lado oscuro que ha generado toneladas de literatura, cine y cómic a raudales. Era un pequeño placer culpable. Batman-Wayne tenía una doble personalidad muy atractiva en la que se combinaba la decadencia de un multimillonario playboy con un justiciero vengativo que aterrorizaba a los criminales. Combatía el fuego con el fuego, infundía pánico en aquellos que daban miedo al resto de la sociedad. Ése fue el gran truco.

 

Batman vs Superman, la noche y el día

Analiza Morrison y otros, como el propio Frank Miller, que el éxito de Batman hay que buscarlo en nosotros mismos y nuestros problemas psicológicos: lo de placer culpable se queda corto. En realidad el personaje es la respuesta a esa necesidad humana de dar rienda suelta al otro lado del espejo, a una oscuridad que emana de nosotros por vaya usted a saber qué pulsiones: instintos, emociones, maldad… da igual. La realidad es que Batman fue el primero en romper con lo tradicionalmente bueno, decente y necesario que encarnó perfectamente Superman. Resulta curioso que entre la aparición de uno y otro apenas transcurriera un año: a la luz le sigue la oscuridad, al día la noche, y a un dios extraterrestre un humano muy terrestre. La moneda de Jano gira y gira: la cara la ponen Clark Kent y su rizo oscuro sobre la frente, esa mandíbula perfecta e imagen confiada y segura, la moralina barata que siempre se asoció al personaje; la cruz es ese tipo que bebe whisky de doce años en una fiesta mientras piensa en su traje y alas de murciélago, dispuesto a dejarse engullir por la noche.

Hay algo profundamente gótico en Batman que alimenta todo: a la propia Gotham, al submundo criminal, a la personalidad atormentada de Wayne. La combinación iba directa al subconsciente: a través de él el público de los años 30 y 40 conoció burdeles, villanos grotescos de aire pulp, lo sobrenatural y lo vicioso, todo lo que la sociedad le tenía prohibido al lector. Y evidentemente nada tiene más éxito que el psicoanálisis y la culpabilidad lanzadas en un bonito envoltorio. El baile de ambos personajes dio alas a DC Comics hasta que Marvel surgió para competir y crear nuevos universos. Alrededor de Batman y “el otro” se fundamentó un negocio millonario de cómics, series de TV, películas, disfraces y productos derivados que no ha hecho sino aumentar con los años.

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Y Frank Miller resucitó al héroe

Batman tuvo una decadencia cruel coronada por la infame serie camp, pop y todo lo frívolo que uno pueda imaginarse serie de TV de los años 60. DC permitió que convirtieran al personaje en un chiste para niños, totalmente domesticado y que con Adam West y su forma seria de hablar en medio de la chorrada monumental que fue aquella serie no daba oportunidad para dobles lecturas. Fue un éxito mortal. Era urgente un rescate. Fue ya en los años 70, cuando DC cambió casi toda la maquinaria de autores y guionistas y Batman tuvo una segunda oportunidad. No obstante sería otro quien le diera el aliento, el que resucitara a la noche: Frank Miller. ‘Batman: The Dark Night Returns’ fue una miniserie de cuatro números publicada entre febrero y junio de 1986 que reconfiguró a Batman para siempre, hasta el punto de que le devolvió la vida para el cine a través de una buena película de Tim Burton, tres fiascos y la siguiente resurrección a cargo de Chris Nolan, que con una trilogía inspirada en la obra de Miller logró crear un clásico moderno que difícilmente va a ser superado.

Sin embargo el cine tomó su propio camino frente a la miniserie de Miller, que culminaba con una lucha a brazo partido con Superman y su muerte-resurrección. Un éxito fulminante y catártico para DC y para el personaje. Fue la piedra de toque de Miller, ayudado por Klaus Janson, Lynn Varley y John Constanza (entintador, colorista y rotulador respectivamente). Logró colocar esta serie en el Olimpo del nuevo cómic junto al ‘Watchmen’ de Alan Moore, otro perturbado histórico. Juntos redimensionaron el cómic y lo colocaron en la senda de la novela gráfica creada por Will Eisner una década antes y que seguiría por otros derroteros cuando apareció ‘Maus’ con su premio Pulitzer. Pero esa es otra historia…

The Dark Night Rises - Frank Miller