Pequeña guía para entender a uno de los padres de lo que hoy llamamos mundo moderno, y sin cuya obra sería imposible pensar cómo es la cultura hoy en las letras, el cine o el cómic, por poner tres ejemplos. Primera parte. 

Por Luis Cadenas Borges

Me he buscado una excusa bastante peregrina para hablar de uno de los más admirables ejemplos de locura creativa que ha tenido el mundo: 2012 es el año de varias efemérides clave en el legado literario de Poe. Hace 170 años que se publicó por primera vez ‘El pozo y el péndulo’ y ‘La máscara de la muerte roja’, y 180 desde que viera la luz el primer libro auténticamente “made in Poe” de la historia, el relato que diera pie a decenas de sendas de escritura seguidas más de un siglo después todavía, ‘Metzengerstein’, compendio de cuentos considerados la pieza que explica buena parte de la herencia en forma de relatos que convirtieron a Edgar en un mito, primero perverso, luego luminoso desde la tumba. Otra: hace 185 años de su primer texto, ‘Tamerlane and other poems’. Sí, es algo rebuscado, pero es que tenía ganas de poder escribir sobre una de las mayores influencias que tiene todo escriba que se precie de serlo, en mi vida y en muchas más. No hay sitio suficiente aquí para resumir a Poe, pero se intenta.

Un escritor que, desde su relativa pobreza material, desde la también incomprensión que sufrió en vida (también relativa, porque en Estados Unidos fue pronto un mito para las fuertes minorías románticas y eclécticas del siglo XIX), fue capaz de abrir un camino nuevo. Edgar Allan Poe fue un autor difícil de comprender, capaz, él solo, de crear el llamado género negro o género criminal, de darle una pátina de brillantez al género gótico literario y de poner en el bueno camino otro formato típicamente moderno, el terror.

Y está considerado, igualmente, como uno de los primeros en describir lo que sería la ciencia-ficción (‘Manuscrito encontrado en una botella’, por ejemplo, reverenciado y saqueado también por Ray Bradbury). Así que Poe fue un Prometeo, alguien que con su trabajo abrió una nueva forma cultural que muchos otros han explotado al máximo. Es un pater, un gurú, un sacerdote literario que hoy es reverenciado hasta el misticismo en EEUU, que presume de genio cuando en su tiempo fue arrinconado e incluso caricaturizado post mortem como un ser depravado y vicioso.

Manet – El Cuervo (ilustración) 

Poe es complicado literariamente: su intensidad a la hora de escribir hace que cada palabra parezca vital y el fin del mundo. El lenguaje es en sus textos un arma psicológica más que un comunicador. Si hay un rasgo diferenciador es esa fuerza telúrica a la hora de escribir, en la que parece que muere con cada punto y seguido. Para subrayar el argumento muchas veces crea circunloquios y monólogos interiores a través de sus narradores, muchas veces en primera persona, y con los que calcula efectos en el lector: le incita a meterse de lleno en la historia, le atrapa y le subyuga. Algo atípico en su tiempo, vital hoy en día. Y su temática, más cercana que nunca a nosotros.

El universo de símbolos y mensajes subterráneos de Poe son más fáciles de entender por nuestro tiempo que en el suyo, cuando eran tan originales o tan del gusto perverso de las minorías instruidas que le leían en Baltimore o Nueva York que se salían de lo normal. El escapismo de la ficción, y varias décadas de consumismo cultural de los géneros que él alumbro, nos deja preparados para sus pesadillas. Hay una pulsación mística y depresiva en sus poemas, cuentos y ensayos. Sólo escribió una novela, ‘La narración de Arthur Gordon Pym’ (1838), pero la profusión de cuentos, escritos para los periódicos (era el formato elegido por ser más fácil de publicar), cimentó su leyenda y le lanzó un siglo antes, a la difícil tarea de crear lo que hoy llamamos moderno. En sus palabras late la atmósfera que hoy consideramos normal en cada relato de ficción. Fue un visionario que encajó mal en un mundo dominado por la influencia burguesa y en plena revolución industrial.

La poesía fue mal recibida por la crítica, considerándola ampulosa, barroquista, demasiado artificial, pero sería un poema, ‘El cuervo’ (‘The Raven’), el que le daría la inmortalidad y fama en su tiempo. Mil veces adaptado y comentado, tiene en su honor haber sido llevado al cine y la TV en lugares tan dispares como Japón, España o EEUU, donde incluso los Simpson hicieron uno de sus especiales de Halloween. El teatro, la música o el cine han sido carnívoros de la obra de Poe, hasta el punto de que hoy en día es casi un cliché cultural más que una figura literaria. Ha superado en trascendencia a Lovecraft, por ejemplo, quizás más innovador y rompedor que Poe, pero hay que tener en cuenta que trabajaría casi 80 años después que él, cuando la sociedad era más cómplice de su universo. La crítica americana actual le considera una especie de pulpo creador cuyos tentáculos alcanzan casi todo: diseño, moda, estética, teatro, cine, TV, arte, cómic… y, obviamente, la literatura.

Poe básico para lectores

Casi toda la obra de Edgar Allan Poe está traducida al español, gracias en parte a Borges y Cortázar, y editada por muchas firmas. Las dos que más han mimado al americano son quizás Alianza (que el año pasado cerró su ciclo de cuentos completos renovados) y Valdemar, que ha usado al autor casi como un santo y seña editorial. Para un buen lector ésta sería la bibliografía básica para el estante. No están todos los que son, pero sí son un buen principio.

 Metzengerstein (1832)

Manuscrito hallado en una botella (1833)

El Rey Peste (1835)

Berenice (1835)

La caída de la Casa Usher (1839)

Un descenso al Maelström (1841)

Los crímenes de la calle Morgue (1841)

La máscara de la Muerte Roja (1842)

El pozo y el péndulo (1842)

El retrato oval (1842)

El escarabajo de oro (1843)

El misterio de Marie Rogêt (1843)

El gato negro (1843)

El corazón delator (1843)

La caja oblonga (1844)

La carta robada (1844)

La verdad sobre el caso del señor Valdemar (1845)

El barril de amontillado 1846)

Hop-Frog 1849)

La narración de Arthur Gordon Pym (1838) – Novela

Poesía

Tamerlane (1827)

El Coliseo (1833)

A alguien en el paraíso (1834)

Soneto del silencio (1840)

Lenore (1843)

Tierra de sueños (1844)

El cuervo (“The Raven”) (1845)

Ulalume (1847)

Annabel Lee (1849)

A mi madre (1849)