Norma Editorial publica en España ‘Giant’, integral de un díptico sobre el Nueva York de los años 30 a través de un inmigrante irlandés que huye de su pasado y lucha por reconstruir una nueva vida en la ciudad que fue símbolo del siglo XX.
IMÁGENES: Norma Editorial
Nueva York, año 1932. La Gran Depresión hace estragos en todo el mundo, pero algunos lugares aún conservan el motor engrasado, aunque con unos costes sociales que hielan la sangre. La construcción del Rockefeller Center en el corazón de Manhattan es uno de los sitios donde hay trabajo para la inmensa masa de inmigrantes europeos que llegan cada día para vivir la promesa de un sueño americano que entonces aún no existía como propaganda, pero sí como única vía de salida para una Europa de rodillas. En especial para los irlandeses, y mucho más para los que huyen de su pasado, incluso escondiéndose detrás de una identidad nueva. Ahí empieza la historia de Gigante, protagonista, junto con la propia ciudad de Nueva York, de ‘Giant’ (Norma Editorial), un díptico en dos partes que en España han publicado unido e integral.
El punto de partida visual lo habrán visto miles de veces: la foto real de los obreros sentados en una viga suspendida en el aire, a cientos de metros de altura, durante la construcción del rascacielos. Uno de esos obreros es Gigante, elegido por Mikaël para narrar una historia de superación, tragedia, vueltas de tuerca finales y un fresco muy particular sobre cómo era aquel mundo previo a la Segunda Guerra Mundial en la ciudad que sería icono del siglo XX. Gigante, como muchos otros, llega para deslomarse: los irlandeses eran el grueso de hormigas humanas que se jugaban la vida por sueldos bajos, sin protección de ningún tipo, social o logística, para construir el edificio en tiempo récord. Es un mundo salvaje donde la opulencia urbana se mezcla con niveles de miseria que rozan lo grotesco, y donde Gigante arranca su segunda vida, primero como un oso cavernario que no quiere contacto con nadie, luego como un compañero fiel de trabajo.
La razón de ese cambio es un accidente: uno de sus compañeros muere en la obra, y él, conmovido, asume su personalidad en la correspondencia con Irlanda para evitar que la familia sufra, incluso con dinero de su bolsillo. Es el salto hacia delante de este hombretón que hace honor a su apodo, que siempre tiene trabajo por su corpulencia y fuerza física, pero que como un oso, tiene una enorme fuerza más allá de los músculos. Es un catalizador de ese otro personaje, la ciudad de Nueva York en los años 30, un ingente hormiguero humano que devora gente y que forjaría en estos años su identidad libre, progresista y capitalista a un tiempo, en el que las comunidades encajan como pueden entre sí en una metrópoli que no para de crecer frente al hundimiento de Europa, de la que huyen todos a la carrera. Junto a Gigante aparecen personajes como Dan Shackleton, amante de las películas de Charlot; Diva, una frustrada artista que aspira a poner al público de Broadway a sus pies pero que lleva una existencia miserable; la fotógrafa Dorotea Macphail (quizás alter ego de la auténtica Dorothea Lange), la viuda Mary Ann Murphy…
Gigante tiene mucho por lo que luchar (aparte de esa familia adoptada), entre otras cosas, huir. No sólo el hambre y los bolsillos vacíos responden a la pregunta de por qué ha terminado allí, hay más razones que la narración desvela poco a poco, con un giro final que es parte de una historia que empieza como un fresco social y que termina como algo mucho más ambicioso. No es una novela gráfica de clichés, Mikaël más bien se vale de ellos como referencia para que el lector se sitúe y le venga a la memoria todo lo que ha visto y leído sobre la Gran Depresión, la lucha social, la pobreza y las tragedias acumuladas de una gran ciudad donde los obreros inmigrantes (y el resto de marginales) se acumulaban en auténticas favelas industriales llamadas “hoovervilles” en honor al infausto presidente Hoover, que ni vio llegar la recesión ni puso remedio a la misma, vapuleado incluso por el propio Partido Republicano al que pertenecía.
El estilo de Mikaël en esta obra en concreto es una de las claves: se adapta como un guante al ambiente y el escenario, ese mundo color sepia, donde abundan los tonos fríos y oscuros, trazos sencillos sin recrearse pero que obedecen a la misma lógica grandilocuente de la metrópoli en la que viven personajes minimizados ante el gigantismo urbano. Es un aire pesaroso, de Gran Depresión, ese estilo humano que tantas veces plasmó el cine de Hollywood y la cascada de novelas de la época, y posteriores, sobre un suceso histórico que hizo mucho más daño que la guerra, que todavía tiene reminiscencias en la cultura norteamericana. Mikaël recrea una fotografía humana que imita a la foto de referencia de los obreros, y al enorme fondo visual de fotógrafos como Dorothea Lange, Walker Evans, Carl Mydans, Arthur Rothstein, Jack Delano, Marion Post o Ruslle Lee, que tan bien retrataron aquella época. Un fresco humano que demuestra que el cómic, bien construido, es una novela que trasciende lo literario y llega incluso más lejos.
¿Quién es Mikaël?
Guionista y dibujante quebecois, llegado de esa parte inseparable de Canadá que es la provincia francófona de Québec, Mikaël entró en el mundo del cómic en 2001 de manera autodidacta, con numerosos títulos publicados para público infantil y juvenil como autor, ilustrador y colorista. No obstante ya desde 2006 empezó a trabajar para un público más adulto, tanto en la guionización como en el dibujo. Tiene un estilo muy característico que se acerca al de Eisner y que, leyendo su mejor obra, ‘Giant’, se le asemeja incluso en las primeras novelas gráficas, aunque en obras anteriores lo fundamental era llenar de color las viñetas. En 2010 recibió una mención especial en Francia por el Prix d’Ouessant en la categoría juvenil por ‘Félice et le flamboyant bleu’, y ha ganado dos veces el Grand Prix of the City of Quebec por el segundo y tercer volumen de su serie ‘Promise’ (2015-2016).
La conexión con Will Eisner de ‘Giant’
El estilo lo es todo, y en el caso de esta novela gráfica el lector tiene la tendencia a referenciarla, por ejemplo, con las novelas gráficas primigenias de Will Eisner. Tanto el trazo como, incluso, el escenario urbano deshumanizado y maximalista que persevera en ‘Giant’ recuerdan, mucho, a narraciones como ‘Nueva York’, ‘Apuntes sobre la gente de ciudad’, ‘Gente invisible’ o ‘El Edificio’, de Will Eisner, reunidas también por Norma Editorial en ‘La vida en la gran ciudad’, que sentó las bases junto con ‘Contrato con Dios’ de la novela gráfica moderna. Eisner dejó atrás lo que era clásico en su tiempo, los superhéroes y la comedia, para darle al cómic un nuevo camino, dramático, humanista, psicológico e íntimo, una radiografía de una forma de vida, de una ciudad, de un tiempo. Mikaël y Eisner retratan la misma ciudad en diferentes tiempos, pero en el fondo es el mismo monstruo que devora humanos, que los alberga al mismo tiempo que los condiciona. Y ese escenario pega incluso en el tono de ambas obras, aunque haya más de 40 años entre ellas.