Países Bajos da el primer paso realista y completo para identificar los cuadros robados por los nazis y el botín de guerra repartido por medio mundo y que pueda ser devuelto a los legítimos dueños o sus descendientes.

FOTOS: Wikimedia Commons / cdn.timesofisrael.com (NOTA: Todas las imágenes son de cuadros que formaron parte del expolio nazi)

Cuando todavía colea el descubrimiento del inmenso botín en un piso de Munich de cuadros producto del expolio nazi por Europa durante la Segunda Guerra Mundial, incluso cuando todavía las comunidades judías y judiciales de Occidente siguen presionando para que se restituya a los descendientes y supervivientes vivos lo robado, hay naciones que hacen oídos sordos a las reclamaciones. España es una de ellas, pero otros países, como Países Bajos, especialmente afectado por aquel robo de dimensiones colosales (quizás el más grande de la Historia por el valor de lo saqueado), ya ha dado los pasos necesarios para ajustar cuentas con su pasado. Todo empezó en los años 30 y 40 con una decisión del Führer y uno de sus lacayos, Rosenberg.

La ERR (Einsatzstab Reichsleiter Rosenberg) era la unidad creada por Hitler para cumplir con uno de sus sueños húmedos de tirano: crear el mayor y mejor museo del mundo en Linz, cerca de donde él nació, y que la mejor pintura y escultura de la historia de Europa estuviera reunida allí. Entre 1933 y 1945, los nazis robaron cerca de 100.000 pinturas, esculturas y otros objetos valiosos de judíos colecciones privadas en Europa. Era, además, una forma segura de conseguir dinero en pasivo que podría venderse para obtener fondos si era necesario. Tanto para la lucha posterior a la caída del Reich como para su propia fortuna. Porque muchos de los cuadros acabaron siendo patrimonio de Hitler, o de Göering, el otro gran amante del arte, y casi todo terminó en muchos lugares secretos, minas de sal, túneles, cámaras de seguridad, y en Berchtesgaden, el gran refugio nazi de los Alpes.

Hitler y Goering observan varios de los cuadros expoliados

Hitler y Goering observan varios de los cuadros expoliados 

El expolio de arte fue generalizado, especialmente de pintura, la debilidad de Hitler. Tras la guerra gran parte de ese patrimonio quedó en manos de los Aliados, pero otra parte muy importante siguió perdida o terminó en museos de toda Europa y Norteamérica como recompensa de guerra. Desde hace años los judíos expoliados reclaman la devolución de las obras a los descendientes de esas familias, y poco a poco se puede catalogar y devolver. Pero muchas naciones, entre ellas España, no avanzan por pura codicia, dejadez o insensibilidad. El Museo Thyssen está entre los señalados, pero este otoño el gobierno de Países Bajos ha dado un paso adelante clave: va a catalogar, reconocer y devolver el patrimonio expoliado.

Pero quien más lejos va a llegar es la Asociación Holandesa de Museos, que ha identificado 139 obras de arte supuestamente robadas por los ocupantes a los judíos entre 1933 y 1945 que están desperdigadas por 41 salas de arte. De todas ellas al menos 61 ya tienen dueños identificados. El catálogo “de la vergüenza” según los medios neerlandeses consta de 69 cuadros, 24 dibujos, dos esculturas, 31 objetos de artesanía y 13 piezas religiosas pertenecientes a nombres clave de la historia del arte como Matisse, Kandinsky, Lissitzky, Hans Memling, Jan van Goyen o los miembros de la Escuela de La Haya Isaac Israëls y Hendrik Breitner. Las autoridades entienden que es un “deber moral” hacer las devoluciones. Holanda fue, además, uno de los países que más sufrió la ocupación nazi: ciudades enteras como Rotterdam o Eindhoven fueron reducidas a cenizas, los inmensos polder o tierras ganadas al mar fueron sumergidos al volar los diques, la importante comunidad judía holandesa fue diezmada y para colmo una hambruna provocada por la Wehrmacht durante la guerra dejó marcada para siempre a una generación entera de holandeses.

‘El astrónomo’ de Vermeer y uno de los retratos de Gustav Klimt que fueron expoliados 

Durante la ocupación (entre 1940 y 1945) los judíos fueron robados u obligados a vender sus obras de arte a la fuerza, bien para huir bien para evitar que los ejecutaran. Muchas piezas fueron compradas por los museos nacionales, familias cristianas o bien galerías de arte, que así les ayudaban a sobrevivir Pero la guerra ya ha pasado y muchas familias quieren recuperar lo que es suyo. La mayor parte de las obras están repartidas entre el inmenso Rijksmuseum y el Stedelijk, ambos de Ámsterdam, pero también hay obras en La Haya, Rotterdam, Eindhoven y Otterlo.

Las comunidades judías de EEUU han sido las más activas a la hora de organizar las reclamaciones y ser un auténtico dolor de muelas para los gobiernos europeos, que miraban siempre a otro lado. Nadie quiere entregar tesoros artísticos a extranjeros, pero cuando el botín tiene el sello de la esvástica entra en juego la moral y no el dinero. Uno de los que más ha sufrido el acoso y derribo ha sido Suiza, que hizo de paraíso seguro para oro y cuadros robados por los nazis. Fue a partir de 1998, con el Acuerdo de Washington, cuando empezó a buscarse con seriedad y a gotear las devoluciones.

En 2006 la Galería Austríaca, una de las mayores pinacotecas del país centroeuropeo, en Viena, devolvió seis cuadros de Gustav Klimt robados por los nazis, entre ellos el archiconocido ‘Retrato de Adele Bloch-Bauer’ (1907), un tesoro para Viena y que verá partir por orden judicial austriaca. El damnificado fue Ferdinand Bloch-Bauer, viudo de la retratada, y que tras la Anchluss que unió Alemania y Austria tuvo que asistir al robo descarado por los nazis de los cuadros. Este mismo año le tocó el turno a Francia, que devolverá siete cuadros robados a judíos en los años 30 y que fueron directos al tesoro personal de Hitler. Francia ya ha tenido que devolver varios cuadros en estos años.

‘Imagen con casas’ de Kandkinsky y ‘Odalisca’ de Matisse 

Pero gran parte del botín de Hitler se quedó en Alemania, cuando trenes de mercancías enteros iban cargados con el saqueo de Europa, muchos de los cuales luego hicieron el viaje final hacia Moscú. La URSS se quedó con casi todo lo que pudo robar en suelo alemán, y se niega a devolverlo ya que lo considera “botín de guerra” y recompensa por los desmanes y la ruina causada por los nazis en suelo ruso. Según la revista Der Spiegel mucho de lo robado terminó almacenado en Munich, que fue la última de las ciudades alemanas en rendirse. Los cuadros se acumulan junto a joyas, paneles, tallas, esculturas y todo tipo de objetos en los sótanos del museo de arte moderno de la ciudad.

Los Aliados se dedicaron hasta 1952 a devolver lo que encontraron (en gran medida): en Munich y Wiesbaden se acumularon más de dos millones de objetos que fueron paulatinamente devueltos, pero una parte importante del robo nazi quedó oculto. La cifra de cuadros cuyo origen está manchado supera los 4.000 sólo en Baviera. La mayor parte pasó a ser patrimonio alemán, repartido en más de un centenar de museos dentro y fuera del país y su destino es incierto: el gobierno alemán quiere imitar a los holandeses, pero a nadie le gusta admitir su pasado más ominoso y perder patrimonio a la vez. No obstante, la búsqueda continua.

Dos mitos: ‘Retrato del Dr Gachet’ de Van Gogh y ‘Plaza de la Concordia’ de Degas

Los Monuments Men que salvaron muchas piezas

Buena parte del expolio fue corregido en los años inmediatamente posteriores a la guerra, o durante la fase final de la misma. Los responsables fueron varias unidades especiales de los Aliados, principalmente americanos, que contaron colaboración de otros países para intentar salvar las obras de arte que robaban o destruían los nazis. Fueron los Monuments Men, retratados por un famoso libro de Robert M. Edsel y que se han convertido en película de la mano de George Clooney. Esta unidad salvó miles de obras de arte del robo sistemático de los nazis. Para evitar la desaparición o destrucción del legado cultural se creó esa sección (oficialmente Monumentos, Bellas Artes y Archivos) que estuvo activa hasta 1951 y que contó con más de 300 personas en su personal, en gran medida civiles y no militares que rastrearon, compararon, conservaron y certificaron el arte robado. Muchos de ellos pasaron luego a su vida normal sin apenas fama o condecoraciones, pero salvaron buena parte del arte europeo.

España “se hace la sueca” con el expolio nazi

El gobierno español ni devuelve, ni cataloga, ni investiga. Así de sencillo. España firmó los tratados, entre ellos el de Washington, para investigar si llegaron obras de arte al país entre 1933 y 1945 o si bien sus pinacotecas cuentan con arte robado por los nazis. A fin de cuentas España fue el refugio o lugar de paso de cientos de nazis tras la guerra. La Comisión para el Arte Incautado en Europa, con sede en Londres, ha denunciado muchas veces la pasividad y los oídos sordos de las autoridades españolas. Según la institución, liderada por Anne Webber, denuncia que España sigue de brazos cruzados. Se hace “la sueca”, en castizo, igual que Italia. Según informes de la comisión, el Thyssen-Bornemisza de Madrid tiene 218 obras de arte sospechosas de haber sido expoliadas por los nazis. A fin de cuentas los Thyssen fueron una de las familias que más dinero hizo con el Tercer Reich y que más ayudó a Hitler, con dinero y negocios.

Y el pasado siempre vuelve. La clave está en Karl Haberstock, marchante de arte de los Thyssen y conectado con las autoridades nazis (incluso militante del régimen); también en Jacques Goudstikker, otro proveedor de la familia que se aprovechó de la barra libre de los judíos acosados. Hay dos casos clave que certifican que hubo tráfico de arte robado: por un lado del ‘La familia en metamorfosis’, del surrealista francés André Masson, reclamado por los descendientes del judío David Weil y que estuvo en posesión del Museo Reina Sofía de Madrid, que lo conservó tras un pacto con la familia. Otro cuadro ominoso es ‘Calle San Honorato al mediodía. Efecto de la lluvia’, del pintor impresionista Camille Pissarro. Según la información del museo, el lienzo fue adquirido por el barón Thyssen en 1976 a la galería Joseph Hahn de París, que se lo había quedado en los años 40 como parte de un pago por huida. O directamente comprado a oficiales nazis. La cuestión es que Claude Cassier, ciudadano americano, reclama el cuadro pero el Thyssen no colabora y el asunto sigue en los tribunales, si bien Cassier ya es octogenario y se teme que no llegue a ver cumplida la devolución.

Rue Saint-Honor sun effect afternoon

‘Rue Saint-Honor sun effect afternoon’, uno de los cuadros “sospechosos”