Astiberri ha publicado este otoño ‘Alabaster’, una obra clave en el manga japonés y que cambió el cómic y la carrera de Tezuka (y a sus discípulos). 

IMÁGENES: Astiberri

Osamu Tezuka, el “padre del manga”, o como sus seguidores japoneses les gusta llamarle, “el dios del manga”. Siempre con su boina puesta y sonriendo a los fotógrafos. Voy a ponerles un ejemplo: ¿nunca se han preguntado por qué los dibujos japoneses tienen los ojos tan grandes respecto al tamaño de la cabeza y que es parte del estilo manga? Pues porque Tezuka decidió hacerlos así para transmitir más emoción. Era una constante en todo el manga, pero fue él, con su gran productividad (más de 700 títulos) e influencia, el que le dio carta de pertenencia al manga. Este otoño se ha publicado con Astiberri la obra ‘Alabaster’ (31 de octubre, 488 páginas, 26 euros), una excusa perfecta para poder hablar de este maestro de tremenda y larga sombra artística y que dejó tras de sí, por nombrar algunos ejemplos, ‘Astroboy’, ‘Buda’, ‘Adolf’, ‘Fénix’ o una de nuestras preferidas, ‘El libro de los insectos humanos’.

Imagínense lo importante que fue este hombre que el propio Stanley Kubrick le invitó a Londres para ser el director artístico de ‘2001: Odisea del Espacio’, algo que rechazó porque supondría dejar de crear manga y salir de Japón durante demasiado tiempo. Era un dibujante atado por completo a su trabajo, al estilo japonés: lealtad, creatividad y sin descanso. Tan potente que creó un estilo, una escuela y unos fans acérrimos que le seguían con fidelidad. Y en esa prolífica carrera que le hizo superar los centenares de obras que se encargó de producir en masa (el mercado era enorme y en continua expansión) tuvo varias épocas. La nueva obra publicada para el mercado español, ‘Alabaster’, es especialmente importante porque marcó un antes y un después histórico en su carrera.

El nacimiento de Alabaster tras el fallido experimento

Eran los años 70 y él los recibía con otro fondo: realismo social, crítica descarnada, tonos mucho más oscuros y que dejaban atrás la alegría del crecimiento sostenido del Japón de posguerra. Una generación entera de jóvenes que no habían vivido la guerra y la época imperial y para las que la pobreza era cosas de los padres, llegan al cómic y había que tomárselos en serio. ‘Alabaster’ apareció en la revista Weekly Shonen Champion entre 1970 y 1971. Pasó de golpe del optimismo que logró sintetizar en obras mucho más conocidas como ‘Astroboy’ a atmósferas mucho más siniestras y agobiantes, teñidas de literatura y de posturas críticas que no son tan frecuentes en Japón como en Occidente. En una cultura tan monolítica desde fuera (pero con fuertes movimientos sociales internos) sorprende a muchos de sus fans anteriores. Porque la contraposición entre el pequeño superhéroe manga, que ayudó a abrir la lata de Occidente al cómic japonés y que sigue siendo una de las creaciones canónicas, con los personajes quebrados, malvados y sin heroísmo alguno es muy fuerte. Porque no hay resquicio para la luz y la justicia.

Pasamos pues a abrazar el realismo sucio que caracterizó a los años 70, y sobre todo con personajes que no son estrictamente japoneses. ‘Alabaster’ gira en torno a James Block, un atleta negro de prestigio que es víctima del racismo por parte de la persona a la que más adora, su amada, que le niega la posibilidad de vivir con él y formar una pareja estable por el color de su piel. Arranca pues con el racismo por parte de un miembro de una cultura que nunca ha escondido sus prejuicios raciales. Un primer punto de fuga. Block, enfurecido, descarga toda su rabia en la violencia que culmina con un asesinato que da con él en la cárcel. Allí vive una segunda injusticia. Está tan machacado moralmente que empieza un viaje sin retorno hacia la ira y la misantropía sin límites. Odia todo lo humano. A partir de ahí se cruza una barrera que Tezuka utiliza para desarrollar un personaje de gran calado y diametralmente opuesto a casi todo lo que había entonces. Al menos en Japón.

Sin título-3

Tres obras clave de Tezuka: ‘Buda’, ‘Astroboy’ y ‘Adolf’

En la prisión un anciano que está entre los muros como él le quiere dar un poder enorme: la invisibilidad a partir de una descarga eléctrica. Sin embargo el experimento sale mal y sólo logra que sea la piel lo invisible, dejando a la vista todo su interior. Eso lo condena y enerva todavía más. Fuera de la cárcel se convierte en un criminal y un villano que se esconde en las sombras, vengativo y furioso que se renombra como Alabaster. A partir de ese momento lucha contra las hipocresías, clichés y sobre todo las maldades de la sociedad. Ese argumento le permite a Tezuka convertirle en todo un pionero a la hora de construir personajes complejos, desprovistos de la polaridad habitual. Con él se permite el lujo de echarle un pulso al Fantômas de Marcel Allain que, curiosamente, murió en 1970.

¿Quién es Osamu Tezuka?

Osamu Tezuka fue uno de los dibujantes de manga japonés más influyentes y de los primeros en empezar a considerar su popular arte (en Japón es parte integral de la cultura nacional) como una gran mezcla literaria y artística. Caminó en paralelo a los autores que llegaron a la novela gráfica en Occidente, y a su propia manera hizo lo propio: de hecho, como hemos señalado, creó el takoubon, el actual formato de publicación de manga en todo el mundo. Fue tremendamente prolífico y firmó algunos de los mejores álbumes del manga (‘Buda’, ‘Adolf’ o el celebérrimo ‘Astroboy’), mejoró las técnicas y modernizó el manga heredado de los viejos formatos de historias cortas originales. Su obra más famosa sin duda es ‘Astroboy’, fundamental para que el manga entrara en Occidente y sobre todo como patrón y maestro para todas las nuevas generaciones de autores japoneses. Un ejemplo: los ojos desmedidos del manga.

Osamu Tezuka en la madurez

Nació el 3 de noviembre de 1928 en Osaka. Creció en una familia de mentalidad abierta, leyendo cómics y viendo películas de Walt Disney. Estudió medicina, aunque finalmente eligió las profesiones que prefería: el manga y la animación. Sus obras en ambos campos tuvieron un gran impacto en la formación de la juventud japonesa de posguerra. Cambió el concepto del cómic japonés introduciendo nuevos estilos y llegando a producir más de 700 obras y más de 150.000 páginas antes de su muerte, a los 60 años, el 8 de febrero de 1989. Ganó numerosos galardones en vida. Su publicación en otros países, con posterioridad a su muerte, le ha supuesto, igualmente, diversos premios a título póstumo. Autor de una obra prácticamente inabarcable, entre sus títulos destacan creaciones como ‘Astroboy’ (EDT, 2003-2008), ‘Fénix’ (Planeta DeAgostini, 2013), ‘Buda’ (Planeta DeAgostini, 2002-2003) y ‘Adolf’ (Planeta DeAgostini, 2010).

Un ejemplo de manga “made in Tezuka”: ‘El libro de los insectos humanos’

Si por algo destaca Tezuka es por sus thrillers psicológicos, como ‘El libro de los insectos humanos’, una de sus primeras novelas gráficas y publicada por Astiberri el año pasado. Se trata de una obra de un público claramente adulto, nada que ver con la legión de niños y niñas que crecieron con ‘Astroboy’. Es todo un manual japonés sobre la sociopatía, si bien en las más de 300 páginas de este manga se intuyen muchos aspectos comunes también a Occidente. El libro se plaga de todo aquello que es el lado oscuro humano, desde las agresiones sexuales al asesinato, concentrado todo en un personaje brutalmente agresivo y desnudo en su egoísmo que dejó huella en Japón. Ese personaje es Toshiko Tomura, considerada como un genio, un moderno Da Vinci. Con poco más de 20 años, es una actriz de renombre internacional, futura arquitecta y está a punto de recibir el premio literario más importante de Japón. Sus actividades se reflejan en los titulares de los periódicos e inspiran programas de radio y televisión. Pero ese genio y ese rostro angelical esconden un pasado turbio y una personalidad inquietante, la de una peligrosa mariposa en perpetua metamorfosis. Toshiko, es una solitaria mujer fatal dispuesta a que el mundo le dé todo lo que se proponga. Su capacidad para la imitación le permite aferrarse a gente con talento para extraer de ellos todo lo que le interesa.