La serie de la BBC creada por Steven Moffat y Mark Gatiss rueda este mes el especial “victoriano” de Navidad como anticipo a la cuarta temporada, y que sirve para confirmar esta producción como una de las mejores series de TV de lo que llevamos de siglo.
Moffat y Gatiss confesaban hace no demasiado a The Guardian que la serie ‘Sherlock’, multipremiada, aclamada por la crítica y mitificada por el público, podría tener cuerda para incluso una sexta temporada, pero que dependían de las agendas (muy ocupadas y difíciles de gestionar) de Martin Freeman (Watson) y de Benedict Cumberbatch (Holmes). Y eso es complicado, porque cuando estás en la cresta de la ola en un oficio con un 90% de paro, es mejor aprovechar el impulso y agotar las opciones. Quizás por eso también se han lanzado ambos a buscar espacio para este especial navideño con guiños victorianos que se emitirá en la Navidad de este año y que es el anticipo para la cuarta temporada, ya para 2016.
Según Martin Freeman, alias Bilbo Baggins en ‘El Hobbit’, uno de los atractivos de la serie en la que ha demostrado una química perfecta con Cumberbatch es que sólo son tres capítulos por temporada. Largos, que rompen el esquema de tiempo habitual de las miniseries. Pero en Reino Unido el talento audiovisual lleva mucho tiempo encaramado a la ficción televisiva. Mientras que en España se empeñan en series que parecen más bien folletines y comedias costumbristas que ya se hacían en los 70, en Gran Bretaña optan por formatos más rompedores. Y esa clave de tiempo y formato es lo que Freeman más adora. Porque, como él mismo reconocía a medios internacionales, “menos es más […]. Para mí perdería su atractivo si tuviéramos más episodios todos los años”. Hay que recordar que la cuarta temporada llegaría dos años después.
Porque las agendas son las agendas. Pero el fervor del público, que apenas tiene nueve episodios para devorar, es también muy grande. Pero eso no quita para regalos especiales, como el episodio navideño. Ya fue adelantada por Cumberbatch tiempo atrás, preparando el terreno entre un rodaje y otro para presentar la que debería suponer el segundo regreso de la corta vida de esta miniserie: el de Moriarty después del atribulado final de la segunda temporada. En todos los casos se ha emitido en TNT por los canales de pago que tienen la exclusiva de emisión, y luego por Neox dentro de los canales de Atresmedia, y siempre con altos niveles de audiencia, especialmente en Reino Unido. Pero también en España, donde fue una de las series más pirateadas en esa ominosa lista del robo de derechos de autor en el que nuestro país figura en la parte más alta de todas las tablas.
A estas alturas el regreso de los personajes no es secreto si han visto la tercera temporada, pero ojo, SPOILER a partir de aquí para los rezagados. Una de las paradojas de la serie es que sigue al milímetro los tempos de las novelas originales, incluyendo la broma de pasear un coche fúnebre por Londres haciendo referencia a la “muerte de Holmes” que en su día le provocó a Conan Doyle muchos quebraderos de cabeza, una campaña de acoso de los fans en toda regla y la presión de los editores para que sacara de la tumba al mejor personaje de un siglo. El especial será una forma de calentar motores para recibir la nueva temporada de una de las mejores producciones televisivas en mucho tiempo.
El eterno retorno de Sherlock Holmes
¿Qué tienen en común Jesucristo, Drácula, Napoleón y Sherlock Holmes? Son los personajes más veces representados en el cine y la televisión. Y con diferencia, además. Arthur Conan Doyle no sólo creó un personaje arquetípico de la modernidad que ha sido una y mil veces imitado, parodiado o directamente vampirizado. Es un ejemplo del método deductivo que inventó Edgar Allan Poe (como tantas otras cosas) y que luego fue llevado a un nuevo nivel por Conan Doyle en cuatro novelas y más de 50 relatos, casi todos publicados a través de prensa como ‘The Strand Magazine’ (conocido en su conjunto como “el canon Holmes”). El británico tuvo serios problemas psicológicos con su creación. Harto de que el resto de su obra quedara sepultada por Holmes, decidió matarlo, y fue tal la escandalera de los fans de aquel siglo XX que arrancaba que se vio obligado a resucitarlo tras su muerte en las cascadas de Reichenbach. En la serie de TV de la BBC hacen un guiño calcado: el caso Reichenbach para cerrar aquel salto al vacío de Cumberbatch que cerró la segunda temporada.
Otro dato: Conan-Doyle llegó a cobrar una libra de la época por palabra, lo que es una fortuna incluso hoy en día. Su creación trascendió el campo literario y desde muy temprano se convirtió en un icono occidental casi por definición, una piedra de toque que sería adaptada al cine sucesivamente por todo tipo de directores, y también en la TV, especialmente por la BBC, que cíclicamente, cada década o algo más, ha creado una serie. De las películas acartonadas y costumbristas de los años 50 y 60 se pasó a las dos últimas apuestas: en la gran pantalla con Guy Ritchie a los mandos, y la creada por Steven Moffat y Mark Gatiss y que ha arrasado en los países donde se ha estrenado.
En ambos casos la clave es la misma: reinterpretar y modernizar el personaje, con muchas licencias en cuanto a la historia (en el caso de Ritchie) o basándose en las novelas originales pero cambiándole el escenario temporal. Así, el Holmes de Ritchie, Robert Downey Junior, es un histrión lleno de sarcasmo e ironía que se mueve en un ambiente casi steampunk en el Londres anterior a la Gran Guerra. Aunque la versión es más que encomiable y la interpretación de Downey y de su Watson particular, Jude Law, es notoria (rozando en todo momento la comedia), no deja de ser un ejercicio mercantil y pirotécnico. Tiene poco de las trampas intelectuales de las novelas originales.
En cambio, la serie de TV, ‘Sherlock’, con Benedict Cumberbatch y Martin Freeman siendo detective y ayudante, ha roto la cintura de Ritchie y de casi todos los espectadores del mundo. Ha superado a la creación de Ritchie. Un Sherlock actual, en el Londres preolímpico, colgado de los móviles inteligentes, internet y con una sociopatía útil e inteligente que conecta perfectamente con Martin Freeman-Watson. Es la base de la serie, eso y los juegos mentales continuos con el espectador. Nadie mejor que los británicos para darle la vuelta como un calcetín y convertir la serie en un descomunal pelotazo, tanto como para que las grandes editoriales hayan decidido relanzar las novelas de Conan Doyle incluso con fotografías de la serie en portada.
Sherlock en la televisión
Aparte de la mencionada ‘Sherlock’ hay un puñado de adaptaciones a la pequeña pantalla. No sería hasta los años 80 cuando la caja tonta le echara el lazo en serio al personaje. Aunque hubo acercamientos anteriores, fueron los británicos los que más se empeñaron en resucitarlo. Así, destacan ‘Las aventuras de Sherlock Holmes’ (1984-1985), ‘El regreso de Sherlock Holmes’ (1986), ‘Los casos de Sherlock Holmes’ (1990), ‘Las memorias de Sherlock Holmes’ (1994)… y otras tres más en 1987, 1988 y 1993 que eran más telefilmes que series.
También llama la atención ‘Murder Rooms’, de 2001, en la que se retuerce el mito: aquí son el propio Arthur Conan Doyle y su amigo el doctor Joseph Bell los que hacen de Holmes y Watson pero en una supuesta realidad en la que el escritor asume el papel de su creación. Más rara y nostálgica es la adaptación que se hizo en versión anime durante los años 80, un ‘Sherlock Holmes’ de aspecto canino y que en 22 episodios se convirtió en un mito televisivo infantil en España e Italia. Si no llegó a más fuer porque los herederos de Conan Doyle se escandalizaron de que se hubiera llevado la obra al terreno de los dibujos animados, algo que ya existió indirectamente en varias producciones de la Disney, como ‘Basil el ratón superdetective’, por poner un ejemplo.