J.K. Rowling ha tirado de mitología literaria: ha cambiado su nombre por un seudónimo y desde el anonimato parcial logró para su nuevo libro el respeto y la objetividad que no tendría si llega a ser ella misma. 

Resulta muy esclarecedor, para los medios de comunicación, la industria editorial y los críticos, que una superestrella de la literatura contemporánea haya tenido que fingir ser otra persona para poder publicar un libro sin censura ni presiones y así lograr el respeto y la valoración ecuánime que merece tener. La realidad es dura: J.K. Rowling, una de las personas más ricas de Reino Unido, multimillonaria con millones de fans por todo el mundo, capaz de paralizar unos grandes almacenes cuando presenta un libro, hipercélebre gracias a Harry Potter, ha tenido que publicar ‘The Cuckoo’s calling’ bajo otro nombre, Robert Galbraith, para lograr el éxito.

El libro ha sido un éxito de ventas y de críticas hasta que ella misma decidió claudicar después de que The Sunday Times encontrara similitudes de estilo y de construcción y presionara para averiguar quién era de verdad ese tal Galbraith. Rowling, que tras ser descubierta admitió que le hubiese gustado mantener el secreto “durante un tiempo más” y que describió la experiencia como “liberadora”, afirmó que las aventuras de su nuevo héroe, el detective Cormoran Strike, podrían tener continuación.

 

Rowling-Cuckoos-Calling

 

La nueva aventura de la escritora, que cuenta las andanzas de un excombatiente de guerra reconvertido en detective privado, se publicó con éxito de crítica pero con discreta relevancia mediática. El ascenso de la novela, que vendió desde su publicación 1.500 copias, ha sufrido un empujón decisivo desde que se supiera la verdad: ha saltado a la lista de los más vendidos y en Amazon es de los más descargados. El texto fue publicado por Sphere, parte del grupo editorial Little, Brown Book Group, que sacó el año pasado su primera novela para adultos ‘The Casual Vacancy’ (Una vacante imprevista), su regreso a la escritura tras finalizar la heptalogía de Harry Potter en 2007.

Rowling no ha confirmado pero sí insinuado que habrá más libros de este nuevo personaje: “Robert (el escritor ficticio) tiene intención de seguir escribiendo más libros de esta serie, aunque probablemente continuará esquivando sus apariciones públicas”. Esta sorpresa ha dejado con “el culo al aire”, como decía algún bloguero en España, al mundo editorial, especialmente el británico, que repitió el mismo error con Rowling. Ella sufrió el desprecio de su saga de Harry Potter, que terminó en otras manos, y ahora vuelve a pecar de idiota con esta nueva oportunidad. El talento parece imponerse a pesar incluso de los atribulados ejecutivos y editores que controlan el negocio.