Nada mejor que llamar al atención para empezar con buen pie una feria de arte contemporáneo. Si en ediciones anteriores fueron las indirectas al Holocausto judío, luego la pirámide de las tres religiones de Eugenio Merino (donde un cura, un rabino y un imán se subían unos encima de otros rezando a Dios), este año toca puñetazo casero: un Franco de silicona metido en una máquina de Coca-Cola. También de Merino. Por cierto, hoy arranca Arco, pero para profesionales y periodistas.

