Igual que le pasara con la premiada ‘Roma’ (2018) de Alfonso Cuarón, Netflix vuelve a estrellarse con el sistema de distribución tradicional en salas comerciales y tendrá que estrenar ‘The Irishman’ (Martin Scorsese) en un puñado de salas independientes que sí han pactado con la plataforma. El problema es idéntico: no puede estrenarse a la vez en cines y en internet.

Imaginen una película dirigida por Martin Scorsese donde en pantalla los actores principales son Robert de Niro, Al Pacino y Joe Pesci. Imaginen meter en la misma historia a dos de los mejores actores del último siglo junto con el secundario de lujo y talismán del director que mejor ha sabido poner en pantalla el crimen organizado. Y encima, con un guión escrito por Steven Zaillian (‘La lista de Schindler’, ‘American Gangster’) a medida de todos ellos, basado en el libro ‘I heard you paint houses’ (Charles Brandt), sobre el sicario mafioso Frank Sheeran (al que da vida De Niro), a sueldo de los Bufalino en los tiempos de Jimmy Hoffa (interpretado por Al Pacino). Sumen ahora de secundarios a Anna Paquin, Harvey Keitel, Bobby Cannavale, Ray Romano y Stephen Graham. ¿Lo ven? Pues ya pueden darse de alta en Netflix, porque el Hollywood tradicional ha cerrado sus puertas al no haber acuerdo con AMC, Cineplex o Regal, las principales cadenas de cines.

De haber sido un filme al uso, como lo fue en un principio de la mano de Paramount, iría directo a las nominaciones de los Oscar sin problemas. Juntos en pantalla otra vez Pacino y De Niro, Pesci repescado para hacer lo que mejor se le da (italiano, mafioso y parcialmente furibundo), un buen guión, toda la experiencia de Scorsese y los millones de Netflix, que salvó la producción que Paramount no pudo continuar cuando la producción alcanzó los 180 millones de dólares y hacía temblar las cuentas de la major de Hollywood. El producto es inmejorable, falta por ver si todos mantienen el tono más allá de los trailer, peor es evidente que promete. Otro problema es dónde podrá el público verlo. Técnicamente se estrenaría en cines en EEUU el 1 de noviembre, y luego el día 27 en la plataforma. Pero la empresa ha vuelto a pasarle lo mismo que con ‘Roma’: las grandes distribuidoras del cine no quieren estrenarla porque sus plazos de tiempo chocan con la necesidad de Netflix de estrenarla en paralelo en su plataforma.

El plan de Netflix era un gran estreno de la mano de las principales empresas de EEUU que controlan las pantallas de todo el país, una puesta de largo digna que preparara el camino de ‘The Irishman’ para los premios. Lo hará, pero no como quería. Los Oscar exigen el estreno en salas con unos plazos previos muy concretos. Netflix quería exprimir el producto al estilo tradicional en las salas y luego pasarlo a la plataforma, pero al no cerrar ningún acuerdo pasará por el estreno muy limitado en un puñado de salas y sacará el dinero de su propio sistema de negocio, peleado con Hollywood a pesar de que la industria del cine ya se pliega lentamente a su modelo a través de las múltiples plataformas de streaming. Ese pulso entre el viejo y el nuevo Hollywood ya fue mayúsculo con ‘Roma’ (que se quedó fuera de varios festivales importantes y pasó por las salas de puntillas).

Netflix necesita los viejos cines para poder contar con aspiraciones de premios. Es el sistema establecido y no le queda más remedio que pasar por el aro. El problema es que su negocio no está diseñado para hincar la rodilla de esa forma (necesita estrenar en streaming o por petición para poder generar suscripciones y pagos que son el núcleo de su negocio), lucha por tener una mayor libertad comercial y creativa frente a una industria que no termina de dar el salto. Es un pulso en toda regla, con exclusiones incluidas. Poco menos que Hollywood le dice a Netflix que opte entre ganar dinero a su manera u olvidarse de los premios y reconocimientos. La compañía debe cuadrar el círculo: estrenar en salas y casi a la vez en su plataforma, con apenas semanas o días de diferencia, lo que a los distribuidores les parece una competencia desleal (la verán en sus casas, no irán al cine), por lo que se niegan a distribuir los productos de Netflix si no tienen un tiempo mínimo (según sus normas, tres meses, inviable para la plataforma).

De ‘Roma’ a ‘The Irishman’, el mismo problema

La historia se repite con lo que ocurrió entre 2017 y 2018 con ‘Roma’ de Alfonso Cuarón, un filme en blanco y negro de excelente calidad y que ganó el Oscar a la Mejor Película Extranjera, el primero para Netflix, el de Mejor Dirección y Mejor Fotografía, una victoria en toda regla frente al viejo orden de Hollywood. Para lograrlo Netflix tuvo que pagar de su bolsillo el estreno en apenas 900 salas de todo el mundo (sólo en EEUU los estrenos suelen abarcar más de 2.000 salas de media, imaginen lo limitado que fue) para luego poder competir. Pero aquello también fue un lastre: muchos consideran que su encontronazo con la distribución le privó de ser Oscar a la Mejor Película. Con esta particular historia mafiosa que tiene todo para triunfar quería la compañía cubrirse las espaldas. Pero ha vuelto a tropezar con el mismo obstáculo.

Según los medios norteamericanos ese plazo es la razón de AMC, Cineplex y Regal, tres de las cadenas más grandes de cines, íntimamente ligadas a las grandes productoras, para no firmar ningún acuerdo. Entre las tres suman más de 20.000 salas de exhibición en todo el mundo, la llave maestra de las taquillas. El problema era esa ventana de tiempo: no podían tampoco hacer una excepción con ‘The Irishman’ ya que el resto de majors protestarían. Al final serán las distribuidoras del circuito indie (con presencia en Nueva York o Los Ángeles, el resto tendrá que abonarse a Netflix) y luego en Europa a partir del 8 de noviembre (en cada país oscilará, en España todavía no tiene fecha).

La película soñada de Scorsese

Mientras las compañías peleaban, Scorsese presionaba para que uno de sus proyectos más personales, deseados y perseguidos pudiera tener un estreno mundial digno de tal nombre. Porque ha conseguido lo que parecía no tener salida: juntar a todos sus talismanes en pantalla con una historia digna de mención y que forma parte de la otra historia no oficial de EEUU, el misterio de la desaparición de Hoffa, el poder de la mafia en la posguerra norteamericana y el thriller como forma de vida. Frank Sheeran fue un veterano de la Segunda Guerra Mundial, estafador y sicario que trabajó con algunas de las figuras más destacadas del pasado siglo, apodado “El Irlandés” y que colaboró con muchas de las familias del crimen organizado en los 50 y 60, un testigo incómodo de los turbios negocios, rivalidades y su conexión con la política.

Un proyecto perseguido más por el lado actoral que por la historia en sí, si bien el misterio sobre Jimmy Hoffa está presente indirectamente en otros filmes de Scorsese, quería abordarlo a partir de un libro que lo retrata a la perfección. El problema era la financiación. En 2016 Paramount Pictures llegó a un acuerdo con la mexicana Fábrica de Cine para financiar a pares, en cada lado de la frontera, el proyecto. Una coproducción pensada para los Oscar. Sin embargo al año siguiente los mexicanos se dieron cuenta del alto coste de la producción, que supondría usar efectos especiales para rejuvenecer digitalmente a De Niro y Pacino para algunas partes del filme. Tenían incluso distribuidora, STX Entertainment. Pero al irse Fábrica de Cine los ejecutivos de Paramount dieron por cancelado el proyecto ya que supondrían más de 170 millones de dólares; terminó en manos de Netflix por 105 millones y un presupuesto de 125 millones como parte de su inversión astronómica de más de 14.000 millones de dólares para la otra guerra que libra con Apple, Amazon y Disney en el negocio del streaming.