No ha muerto, pero como si lo hubiera hecho, a los efectos prácticos de los seguidores de la serie de cómic francesa de más éxito de toda la historia, Astérix y Obélix.

Y es que Uderzo, el superviviente del dúo creador (junto al ya desaparecido Goscinny), ha decidido jubilarse. Pero la serie sigue, aunque sin el alma madre. Eso sí, hay mucho de mercadotécnica. La saga más exitosa del cómic francés sigue su proceso de industrialización y por el camino pierde a uno de sus padres fundadores, dando paso a otra generación que no será lo mismo, eso seguro, pero al menos intentará mantenerlo con vida.

Uderzo, que arrancó en 1959 con esta saga, aseguró durante años que haría lo mismo que Hergé: no permitir que nadie hiciera más volúmenes tras su muerte, evitar a toda costa el continuo bucle que sacude a las creaciones del otro lado del Atlántico, donde se han habituado a reescribir y cambiar los parámetros de Batman, Superman o Spiderman continuamente. Lo dijo una y otra vez, hasta ahora. Uderzo se retira “para dejar paso a nuevos autores” que siguieran con los dos personajes. Los gurús de este arte ya dan nombres de sustitutos: los dibujos, para Fréderic y Thierry Mébarki, ayudantes habituales de Uderzo, y los guiones para Jean-Yves Ferri, uno de los mejores guionistas de Francia.

En el fondo está la larguísima batalla legal contra su hija y su yerno por el control de Astérix y Obélix, que arrancó siendo consumo popular e infantil-juvenil para ser ahora un negocio de millones de euros donde hasta el más mínimo aspecto está pensado para maximizar el negocio y el beneficio. Adiós romanticismo, hola capitalismo. Tal cual. Y la decisión de dejar pasar a los nuevos tiene mucho de ambos momentos: el hastío personal de Uderzo con la familia y el cómic, y las necesidades del vil metal. Por algo la serie ha vendido más de 350 millones de ejemplares en todo el mundo.