Pues va a ser que no. Era una buena idea, pero Mario Vargas Llosa ya no está para responsabilidades políticas. El Premio Nobel es prudente y sus excesos políticos e ideológicos del pasado se han convertido en eso, pasado.

La oferta hecha por Juan Carlos I en consonancia con el gobierno de Rajoy de entregarle el mando del Instituto Cervantes, objetos de mimos por el actual ejecutivo nacional, ha sido educadamente rechazada. Además de la dirección del centro, con un presupuesto de peso, este cargo supone de facto ser embajador del español en el mundo, el ariete de la economía invisible que es hablar el cuarto idioma mundial y uno de los tres que más y mejor han crecido en los últimos 40 años. Sería la cara de las letras y de la lengua española en el orbe. Sin embargo, el escritor ha rechazado el ofrecimiento mediante una carta al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en la que sin embargo ofrece su colaboración con la institución.

El Rey Juan Carlos fue quien le propuso que ocupara el cargo de presidente (por encima del de director) en nombre del Gobierno. “Si usted me lo pide, Majestad”, le respondió, “me lo tengo que pensar”. Entraba dentro de lo posible que la actitud de respeto al Rey retrasara la decisión del Nobel. Pero la edad, su actitud de volcarse por completo en su obra y cierto sentimiento de estar de vuelta “política” de todo ha quebrado un bonito sueño.