Tal y como comentamos en un extenso reportaje en El Corso meses atrás, Steve Jobs empieza a desligarse de Apple por salud, cansancio y otras razones que son poco menos que secreto de estado. El hasta ahora consejero delegado de Apple dimitió de su puesto al frente de la compañía en un sorprendente comunicado que afecta a una de las empresas tecnológicas más influyentes del mundo. El anuncio, en apenas 24 horas, provocó una caída de sus acciones en torno al 5% tras el cierre de la Bolsa de Nueva York de este miércoles. Así pues el gran corazón de la manzana, o quizás el tipo que le dio el mordisco más famoso de la informática, se va y deja una empresa que vive, transpira y murió por él. Decimos lo de morir porque cuando le echaron en los 80 el grupito de ejecutivos de traje y corbata consiguieron hundirla hasta niveles de pura chatarra tercermundista. Una vez que regresó, la volvió a lanzar al futuro y al dominio en cuanto a diseño y software. Para algunas cosas, para otras no. Lo cierto es que el negocio de la informática no es como hacer coches, tornillos o tubitos de pasta de dientes, requiere mucha inteligencia y capacidad de innovación, una mente abierta y clara que las corbatas suelen ahogar. Esto implica que se abre un vacío temporal, porque él seguirá cerca de las líneas de fabricación, pero no se sabe hacia dónde irá ahora Apple. Mientras no caiga en manos de otros ejecutivos al uso, irá más o menos bien, explotando los aciertos de Steve. O hasta que encuentren otro Steve Jobs.