Julio 2011 - Página 3 de 5 - El Corso | Revista Cultural Online

Archive for Julio, 2011

Els Joglars reestrena ‘El Nacional’

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A finales de 1961 la compañía de teatro Els Joglars iniciaba su andadura. El 1 de septiembre de 2011, coincidiendo con su 50 aniversario, llega al Nuevo Teatro Alcalá de Madrid ‘El Nacional’, el mítico musical de Joglars que fue escrito y estrenado en 1993 y que ahora ha sido actualizado, adaptado y enriquecido con más música para iniciar su andadura por los escenarios teatrales del siglo XXI. Será del 1 de septiembre al 13 de noviembre con funciones de martes a viernes a las 20:30 horas, los sábados a las 19.00 y 22.00 horas y los domingos a las 19.00 horas.

Obra de Albert Boadella, recupera a la soprano Begoña Alberdi, que ya interpretó el papel de la Casta Diva en 1993, y cuenta también con la participación del barítono Enrique Sánchez así como de los actores  habituales de Joglars encabezados por Ramón Fontseré. En “El Nacional” fragmentos de distintas arias muy conocidas así como las del propio Rigoletto acompañan el desarrollo del musical considerada una de las obras más famosas de Albert Boadella.

La historia nos traslada a un momento  en el que el teatro y la lírica casi han desaparecido. Por ello, Don José, viejo acomodador del antiguo Teatro Nacional de Opera, ahora degradado y sin actividad, se propone representar de nuevo el Rigoletto, considerado por él como símbolo del teatro, un oficio de bufones, juglares y payasos, que nada tiene que ver con los artistas histriónicos, intelectuales y realistas que degeneraron la profesión. Para conseguir materializar sus fantasías y delirios renacentistas, Don José se rodea de un grupo de indigentes que se prestan a ser utilizados en el proyecto a cambio de pernoctar dentro de las ruinas del edificio. Algunos de estos indigentes son músicos que tocan en el metro y esto le servirá para formar la orquesta que acompañará las distintas arias de la ópera según su singular versión.

‘Paul’ aterriza en España

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Nos equivocamos con la fecha del estreno, pospuesto para ser película de verano y palomitas. Pero ya está aquí: ‘Paul’ es una comedia freak irreverente con dos rostros británicos que les sonará de la genial ‘Zombie party’, humor negro inglés destilado y gamberro de Simon Pegg y su amigo Nick Frost, algo más viejos, más gorditos y con más pinta de buscar cómics y no un extraterrestre que parece un Alf pasado de vueltas, tan tirado y rastrero como Bender en ‘Futurama’. Lo anunciamos el pasado enero, pero lo repetimos. Llega el 22 de julio.

El argumento es sencillo: ¿Qué pasaría si dos frikis británicos de viaje por Estados Unidos se encontraran con un extraterrestre algo borde y cachondo y escaparan de las autoridades con él? Las caras humanas las ponen Pegg y Frost, acompañados de Sigourney Weaver, Jason Bateman y Jane Lynch. Con que tenga el mismo gancho entre el público sensible a ese estilo de comedia que tuvieron con su primigenia historia de zombis y pintas ya habrán ganado un poco más de porción de público.

Escapada a Vitoria

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Una idea de nuestra sección de Viajes: para el próximo fin de semana, Vitoria.

Por Luis Cadenas

El aire es el que marca las ciudades. La atmósfera que la impregna y que suele proceder de cómo es la sociedad sobre las que se asienta. Vitoria es el ejemplo perfecto de cómo una ciudad media puede convertirse en el espejo en el que mirarse. Enclavada en un cruce de caminos, fue siempre un punto estratégico y apetecible, aprisionada por Roma primero, por los cristianos después. En ese cruce surgió la aldea de Gasteiz, la villa de Vitoria, un modelo de desarrollo urbano de calidad y guía para muchas otras. En ese modelo, que el viajero podrá disfrutar y percibir desde que se baje del tren o el autobús, se unen criterios de cohesión social, habitabilidad, respeto al entorno, accesibilidad, conservación, recuperación del patrimonio y programas de integración y participación social.

Después de Gerona, es la segunda urbe de España con mayor calidad de vida, la ciudad española con más zonas verdes, 42 m² por persona contando el Anillo Verde, y la segunda si sólo se cuentan las áreas verdes dentro de la ciudad con 23,4 m² por persona. Es, también, la pequeña Berlín del norte por el uso de la bicicleta entre los ciudadanos, uno de esos baremos que miden el civismo de los habitantes de una ciuda que dispone igualmente de un fluido servicio de bus urbano y un tranvía que recorre el centro y periferias de la ciudad.

Diseñada siguiendo las reglas de una fortificación, la capital del País Vasco es irónicamente un pedazo más avanzado de Castilla y León, una tierra mestiza donde lo castellano y lo vasco se fusionan para crear algo nuevo con lo que cualquiera podría identificarse: la sombra del nacionalismo con prefijo “eusko” está presente, pero no pasa de un par de palabras, la manía de cantar en coros a todas horas y la gastronomía (Dios os salve, euskaldunes, por haberla inventado). Tiene el equilibrio perfecto entre la riqueza empresarial, la vida comercial y la tranquilidad de una urbe que vista desde el cielo parece una gran flor de piedra y madera: un núcleo medieval abigarrado, rodeado de ensanches decimonónicos y a su vez de cuatro grandes parques (uno interior, el Parque de La Florida, donde se levanta el Parlamento vasco y la mole neogótica de la Catedral de María Inmaculada), como Salburua, Olárizu, el bosque de Armentia y Zabalgana.

El corazón de la ciudad está hecho para gastar suelas, para dejarse llevar y que los tobillos hagan su trabajo, pensada para pararse cada poco a por un corto y un pincho: mejor dicho, “pintxo”. Una parte es ese cerro conquistado por los señores feudales que fundaron la ciudad en esa elevación fortificada. Intramuros quedaron los restos románicos y góticos de la ciudad, modelada de forma radial y que coge la forma de una gran almendra de calles estrechas y desiguales, como capas que se desparraman y que son cortadas longitudinalmente por otras vías. Dentro de ese recinto que es patrimonio histórico, habitado y conservado para su uso, sin una sola casa abandonada. Ésta última se encuentra en el borde mismo del casco histórico, compartiendo espacio con su vecina, la plaza de la Virgen Blanca, donde se levanta el monumento a la batalla de Vitoria de la Guerra de la Independencia.

Más allá de los límites, ya dentro de la zona de la Senda y el Ensanche, la ciudad se puebla de palacetes burgueses y oligárquicos surgidos con la industrialización y que le dan ese aspecto tan típico de las urbes burguesas del norte de España. Fue un siglo XIX que dejó, además del mencionado Ajuria Enea, el palacio Zulueta, la Casa Zuloaga, el Museo de Bellas Artes…, todas construcciones únicas. Mención aparte merece el Artium, el centro de arte vasco y uno de los grandes arcones del arte contemporáneo nacionales. Situado entre el número 26 y el 16 de la larga calle de Francia, es la esencia misma de la modernidad vitoriana: el precio de la entrada la pone el propio visitante, y en sus dos niveles se pueden encontrar esculturas únicas de Juan Muñoz (uno de los grandes de las últimas décadas) o Francesc Torres. Arte, vida y cultura unidas, dos nombres para una misma urbe que es el sueño de todo hombre o mujer con sentido común. Quién pueda, que la disfrute.

INFORMACIÓN:

www.vitoria-gasteiz.org/

(Web official)

http://vitoria-virtual.com/

(Visita virtual)

Último volumen de Bone

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Astiberri culmina su edición en color y de bolsillo de la serie ‘Bone’, de Jeff Smith, ‘La corona de cuernos’. En este volumen, Briar, las mostrorratas y el ejército pawano se lanzan al asalto de la ciudad de Atheia. Los primos Bone, Thorn y la abuela Ben están allí para defender el Valle y evitar el regreso del Señor de las Langostas. Al adentrarse en un círculo fantasma Thorn oye una voz que insiste en que busque la “corona de cuernos”. Así comienza el apasionante final de la serie de Bone.

Bone: un éxito de papel de camino al cine

‘Bone’ se convirtió en un clásico casi en el mismo momento de su aparición, en 1991, editado por el propio autor. Desde entonces los libros de Bone han ganado más de 40 premios en todo el mundo y han vendido más de un millón de ejemplares en 15 idiomas. En 2004 se inició la edición en color, cuyos 9 volúmenes han superado los cuatro millones y medio de ejemplares vendidos.

Tras un primer intento años atrás que no fructificó ya que el propio autor acabó por no estar nada conforme del cariz que estaba tomando el proyecto de película al pervertir el espíritu y el contenido de la serie, una nueva productora, la estadounidense Warner, adquirió en marzo de 2008 los derechos para una adaptación cinematográfica que actualmente se está desarrollando y en la que propio Jeff Smith trabaja activamente.

‘Convención en Cedar Rapids’

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Desde hace algunos años el cine cómico norteamericano ha encontrado una alternativa a las películas de Ben Stiller, Jim Carrey y Adam Sandler, por decir algunos nombres gruesos y de medidas de carcajada. La fusión entre el indie y la industria del cine se consigue gracias a este tipo de películas, que con el estreno de ‘Convención en Cedar Rapids’ tiene otro escalón más listo para ser subido por el público. Estrenada hoy mismo, dirigida por Miguel Arteta (Puerto Rico, no es otro español emigrado, tranquilos los patriotas), basada en las historias de un grupo de vendedores de seguros lejos de sus casas; esa libertad la aprovecharán para desbarrar y convertir el filme en un versión muy libre del cine gamberro de los años 80. Y olvídense de resacones en Las Vegas, esto va por otro lado. Reparto: : Ed Helms, John C. Reilly, Anne Heche, Isiah Whitlock Jr. y Sigourney Weaver.

www.cedarrapidsmovie.com


Moby en Barcelona y Murcia

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Vuelve el calvo preferido de medio mundo, surgido de los años 90 con la electrónica en una mano y mucho gafapastismo en la otra: combinación que le encumbró y ha dejado una estela de canciones perfectamente reconocibles y que vuelven una y otra vez a los iPods y los bares. Regresa a España con dos conciertos en Barcelona y Murcia (¿?) y un discos, ‘Destroyer’, en el que vuelve a esos años 90 pero sin dejar de darse cuenta, se le agradece, que vive en 2011 y no en 1996.

www.moby.com

19.07: Barcelona. Poble Espanyol

29.07: Los Alcázares (Murcia). Playa de los Narejos (Electromar Festival)

Venta de entradas: 38 euros la anticipada en www.ticketmaster.es


Arte Santander 2011

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Una nueva edición de esta Feria Internacional de Arte Contemporáneo (ni más ni menos que 20, llevan ya) aterriza en el Palacio de Exposiciones y Congresos de Santander para dar cita a cuarenta y cinco galerías que exhibirán distintas piezas abarcando fotografía, escultura, pintura, nuevos media, instalación, dibujo, etc. Con una presencia importante de galerías polacas y belgas, por los dos programas desarrollados en años precedentes (Panorama), pero también habrá representación portuguesa, alemana, mexicana, estadounidense y colombiana. Y nombres de aúpa, como viene siendo la costumbre. Airéate, cántabro, airéate.

Foto Boletín: Julian Opie. Eric Doeringer. CTS Creativeshriftshop. Nueva York. Foto: Amapolas y celinda. Carmen Van den Eyden. Galería Espiral-Cantabria. De 17.00 a 22.00 horas los días 21 y 22 de julio. Días 23 y 24, de 12.00 a 14.30 y de 17.00 a 21.00 horas. El catálogo cuesta 10 euros. 

www.artesantander.com


Sonisphere 2011

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Un poco de heavy para romper con tanto gafapasta: en esta última década ha habido muchos intentos por hacerse con la ración heavy de nuestro país en un festival que conecte a grandes nombres. En la cuneta quedaron muchos de ellos, como el Metalway , el Electric Weekend o una de las muchas versiones del Festimad: hasta que ha llegado Sonisphere, renovado formato que ya ha sido experimentado con éxito al otro lado de los Pirineos y que repite un año más aquí en España el 15 y 16 de julio (corred que quedará sitio) en Getafe. En la nómina mastodontes como Iron Maiden, Dream Theater o Twisted Sister y a los que se unirán, ya en segundo plano, The Darkness, Mastodon (en la foto) o Slash, por su cuenta y riesgo.

es.sonispherefestivals.com


Día 15. Slash feat. Miles Kennedy, The Darkness, Arch Enemy, Sober, Valient Thorr, Gojira, Angelus Apatrida y Bullet

Día 16. Iron Maiden, Dream Theater, Twisted Sister, Uriah Heep, Mastodon, Apocalyptica, Lacuna Coil y Hammerfall

Getafe Open Air. Precios: 35 euros (día 15), 72 euros (día 16), 82 euros abono de los dos días. Venta de entradas: www.ticketmaster.es


Viaje a la Plaza Tahrir

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Ahora que vuelven los egipcios a echarse a la calle para seguir exigiendo lo que es suyo por derecho, recuperamos quizás el mejor viaje que hemos publicado, el de un testigo que estuvo en esa Plaza cuando empezó todo.

Por Alberto Sicilia

Me desperté con el canto del mue­cín. Había aterrizado en El Cairo la tarde del 17 de Febrero, seis días después de la dimi­sión de Mubarak. Después de soportar 30 años de dictadu­ra, podrían haber aguantado unos días más y esperar a que yo llegase. Por pura corte­sía. Aquella primera tarde, El Cairo se había mostrado difícil de descifrar. Al final de cada avenida, dos tanques Abrams cerraban el trafico. Pero las calles estaban llenas de jóvenes paseando, fuman­do shisa y bebiendo té en las terrazas. Los escaparates del Zara atraían más atención que la parafenalia militar.

Emociones encontra­das. Por un lado, la euforia de caminar por rincones que por unas semanas habían sido el centro de la atención mun­dial. Por el otro, la inquietud de no ser capaz de respon­derme a la única pregunta relevante: “Porqué he venido al Cairo?” Los siguientes días serian los más fascinantes de mi vida. Pero en aquel mo­mento, yo no lo sabía. Los transeúntes se detenían para abrazar a los estudiantes que limpiaban las aceras. Co­mencé a sentirme conectado al Cairo hablando con ellos. “He sido egipcio durante 24 años. Pero esta es la primera vez que me siento orgullo­so de serlo”. “Estas calles ahora nos pertenecen, y me siento responsable de ellas”. Por siglos, esta ciudad había sido propiedad de turcos, franceses, británicos, y tres dictadores militares. Cuando llegué frente al hotel, todas las luces estaban apagadas. Llamé varias veces y cuando la puerta se abrió, alguien se abalanzó en un abrazo: “Wel­come, Welcome! Sir, you are our first guest in three wee­ks!” Mohammed, el dueño del hotel, me instaló en la mejor habitación, aunque yo había reservado la más barata. “No extra charge, Sir”.

El viernes 18 había sido bautizado como el “Día de la Victoria”. La jornada para celebrar el éxito de la revolución. Las veinte mil mezquitas del Cairo habían convocado un rezo común en Tahrir Square en recuerdo de quienes murieron durante el levantamiento. Me duché y baje a la terraza del hotel. Alguien más estaba desayu­nando. Samuel había pasado la noche en un taxi, cruzando el Sinaí desde Tel Aviv. Venía a entrevistar a las familias judías que aún quedan en El Cairo. Hasta la guerra del 48, esta ciudad, como las otras metrópolis árabes, de Casa­blanca a Baghdad, había sido hogar de una vibrante comu­nidad hebrea. Hoy, apenas tres sinagogas quedan abiertas.

Hablamos de la ce­lebración en Tahrir. “Should we go together?”, me pre­guntó. La perspectiva de que me asociasen con alguien llamado Samuel Finkelstein y sus dos videocamaras no era la más atractiva. “Cabrón, solo te falta una kippa y la Torah debajo del brazo y ya tenemos el pack comple­to”. Pero yo también estaba solo. Bajamos Kasr Al Nile, la avenida que llevaba de nuestro hotel a Tahrir Squa­re. En los check points, Sam solo mostraba su pasaporte americano. Cruzamos los dos primeros sin ningun proble­ma. En el último, un soldado se puso nervioso: “America! America! Friend of Israel!” Sam, con una sonrisa cautiva­dora, respondió: “I come from California, man. Do you know California, man? In California we hate Jews, man. Khanzeer Suhyooni! (cerdos sionistas)”. Los soldados, que apenas tendrían veinte años, soltaron una carcajada y nos dejaron pasar. Supongo que cuatro mil años de persecución te dan habilidades para sortear estas situaciones. Mientras nos alejábamos, nos acorda­mos de Sacha Baron Cohen en Borat cantando “Throw the Jew down the well”. Cinco días después, volviendo a Tel Aviv, Sam no tendría tanta suerte y pasaría dos noches arrestado en una base militar egipcia.

Tahrir es una plaza de medidas descomunales, abierta sobre el Nilo por el flanco oeste, y rodeada de plomizos edifícios oficiales en las otras direcciones. Old Good Soviet Style. Pero esa mañana, era el escenario de la celebración mas multi­tudinaria en la historia de Egipto. En las miradas, la intensidad de quien sabe que son momentos que recordara para siempre. La euforia de sentirse parte de una victoria colectiva. Pocas generaciones tienen el privilegio de vivir momentos tan singulares en la memoria de una nación. Las conversaciones se repe­tían. “Mira de lo que somos capaces cuando trabajamos todos juntos”. “Si otros países se han desarrollado, porque nosotros no vamos a ser capaces de hacerlo?”. “Para mí ya es demasiado tarde, pero que los chicos tengan la oportunidad de una buena educacion”. “Esto no tiene nada que ver con Israel ni con Irán. Lo único que queremos es un Egipto donde valga la pena vivir”. Las mismas frases en la boca del campesino, del chico que había estudiado en Europa, del taxista, del profe­sor universitario. Días después, Hes­ham, uno de los organiza­dores de las protestas, me explicaría que El Cairo era un mosaico de colectivos que, en el mejor de los casos, se ignoraban. Ahora, la chica con vaqueros y el imán de la mezquita, el vecino cristiano y el musulmán, caminaban juntos en la esperanza de levantar un futuro común. Las protestas fueron un ejemplo de coraje y dignidad, pero la verdadera revolución empieza ahora. Tres semanas bastan para despachar a un dictador. Construir una nueva sociedad requiere décadas, seguramen­te generaciones.

Con veinte millones de habitantes, El Cairo es la ciudad más grande del mundo árabe, de África y de la esfera mediterránea. Los retos que quedan por delante son formidables. La corrup­ción es rampante a todos los niveles: en los hospitales, el medico decide el precio de la bolsa de sangre para una transfusión. El mercado negro representa gran parte de la economía. Sin contratos y sin impuestos, el estado se financia gracias al petróleo y las tasas del Canal de Suez. La religión ha vuelto a ocupar un papel desmedido en la vida social. Hace treinta años, casi ninguna chica en el Cairo vestía hijab. Hoy es casi im­posible ver a una sin él. “Me gustaría ponerme una falda, pero sería una deshonra para mi padre y mi hermano” me decía Alyaa, una estudiante de doctorado. El setenta por ciento de los matrimonios es negociado por las familias. Treinta mil niños viven de la mendicidad en las calles del Cairo, y varios cientos de miles empiezan a trabajar antes de completar la educa­ción primaria. Universidades que un día fueron referencia en Oriente Medio son bazares donde uno puede pagar por su diploma.

Pero nada puede cambiar sin esperanza. Y el aire del mediodía en Tahrir era puro aliento de confianza y determinación. El rezo fue un momento sobrecogedor. A mi alrededor, gente postrada en todas las direcciones, tan lejos como alcanzaba la vista: en la plaza y las avenidas, sobre el puente y las riberas del Nilo. Dos millones de per­sonas en silencio. Miré a Sam, y ví sus lágrimas. Yo tampoco había sido capaz de conte­nerlas. Una explosión festiva siguió al “Allah Akbar” final. Canciones, abrazos y llantos. Imposible moverse entre la multitud, solo podías dejarte arrastrar en la riada humana.

Volví al hotel al atar­decer. Me sentía eufórico. En la terraza, una chica pelirroja fumaba un cigarrillo. Cuando me acerqué, me di cuenta de que estaba llorando. Juci ha­bía llegado al mediodía desde Budapest. Dirige un programa de reportajes en la televisión húngara y venía a entrevistar a las familias de los chicos que murieron en las protestas. Juci también había estado esa tarde en Tahrir. Mientras filmaba, un gru­po de hombres la rodeó, le arrancaron la camiseta y empezaron a tocarla. Alguien se percató de lo que ocurría y consiguió arrancarla de la multitud. Le dije que podía ayudarla a buscar un vuelo y acompañarla al aeropuerto. Entre sollozos, me respondió que no se iba hasta que su re­portaje estuviese terminado. Estuvimos un par de horas hablando de sus viajes. En el ultimo año, había filmado en Gaza, Afghanistan y Etiopía. Había atravesado Burma sin permiso del gobierno, y entrevistado undercover a la oposición en Irán. Aprendí que el pasaporte húngaro es un gran activo en zonas con­flicto, “because nobody gives a shit about Hungary”.

Unos días antes, un amigo me había mostrado una cita de Horacio: “Mix a little foolishness with your prudence: It’s good to be silly at the right moment.” Sentí que aquel era el momento adecuado. “Juci, mira, a mí nunca me ha ocurrido que un grupo de mujeres me rodea­se y tratase de abusar de mi cuerpo. Pero, sinceramente, yo lo hubiese disfrutado”. Se echó las manos a la cara, y me miro a los ojos: “Alberto, no me puedo creer que me hayas dicho eso”. Y le salió una carcajada irrefrenable. Una de esas risas que emanan de lo más hondo, y destierran tensión y angustia. El poder de la risa y la complicidad frente al desamparo. Cuando Sam regresó, bajamos los tres juntos a fumar una shisha en la calle. Había sido nuestro primer día en El Cairo.

MacBeth en las Noches de Fonseca

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Las ‘Noches de Fonseca’ de 2011 siguen adelante después de que Jorge Pardo abriera el ciclo el pasado día 5. Ahora le toca el turno a Helena Pimenta y su versión de ‘McBeth’ el día 12 en la Hospedería Fonseca (23.00 horas, 15 euros la entrada). Tal y como habla Pimenta de la obra, es “una de las más grandes tragedias de Shakespeareque nos proponemos servir al público de hoy con imaginación, rigor y compromiso. Una nueva mirada, necesariamente profunda, a la historia de este héroe convertido en villano que es Macbeth. Su periplo de ascensión y caída, guiado por una ambición desmedida, nos concierne. Macbeth, en su alocada carrera contra la incertidumbre que supone el vivir, no sólo se destruye a sí mismo y a cuanto le rodea, sino también, la ilusión que impulsa a la humanidad a ponerse en pié cada día, negociando con dignidad con nuestra vida mortal. Elegir ser un canalla puede parecer más rentable, desde un punto de vista práctico, que elegir ser honesto. Shakespeare nos abre una ventana a través de la que contemplamos cómo operan los mecanismos del mal y espera que saquemos nuestras propias conclusiones”.

Reparto
Macbeth    JOSE TOMÉ
Lady Macbeth    PEPA PEDROCHE
Duncan / Macduff    OSCAR S. ZAFRA
Banquo / médico    JAVIER HERNÁNDEZ-SIMÓN
Ross / asesino    TITO ASOREY
Malcom    BELEN DE SANTIAGO
Lady Macduff / enfermera    ANABEL MAURÍN