El fallecimiento de Antoni Tàpies a los 88 años en su domicilio de Barcelona significa la desaparición del artista español más importante e influyente de la segunda mitad del siglo XX, como gran referente del arte de vanguardia, a la altura de lo que representaron antes que él Picasso, Miró o Dalí.

Así lo han constatado críticos de arte, pintores o personalidades del mundo de la cultura y la política al valorar la trayectoria de este artista que “dejará un gran vacío” en el panorama artístico y cultural español y catalán. Definitivamente España dice adiós, uno tras otro, a los hombres que forjaron buena parte de su grandeza cultural durante el siglo XX. Ley de vida, pero no por ello un crónico goteo de genios cuyo espacio y voz no volverán y que será difícil de llenar. Nacido en Barcelona en 1923, Tàpies fue un artista autodidacta con una obra de trascendencia internacional, expuesta en varios museos del mundo. Una de sus obras más controvertidas es “El calcetín”, una escultura de casi tres metros de altura que reproduce un calcetín de punto con un agujero en el talón. El calcetín era uno de los motivos favoritos del artista, que defendía el arte a partir de las cosas sencillas.

Considerado uno de los artistas catalanes de vanguardia más importantes del siglo XX junto a Joan Miró o Salvador Dalí, Tàpies recibió la medalla de oro de la Generalitat (gobierno autónomo catalán) en 1983, dos años después de haberse adjudicado el Premio de la Fundación Wolf de las artes. Asimismo recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes (1990), la Medalla Picasso de la Unesco (1993) y el Premio Velázquez de Artes Plásticas (2003).