Musa del cine negro, elegante, bella e independiente, la actriz que soñaba con triunfar en Broadway y admiraba a Bette Davis fallece a los 89 años.

“Conmigo no tienes que fingir. No tienes que decir nada. Si me necesitas, silba. ¿Sabes silbar, no? Juntas los labios y soplas”. Hay diálogos en la historia del cine escritos para pasar a la eternidad. Lauren Bacall debutaba en el cine con apenas diecinueve años en ‘Tener y no tener’, producción de Warner.Bros dirigida por Howard Hawks. La película adaptaba la homónima novela de Ernest Hemingway. Otro gigante de la novela americana (William Faulkner), junto con Jules Furthman, se encargó de adaptar el guion. Sin saberlo, estaban escribiendo el comienzo de una de las grandes historias de amor en Hollywood.

¿A quién le pedía Lauren Bacall que solo tenía que silbar para contar con su ayuda? El receptor de aquel compromiso era todo mito de Hollywood clásico: Humphrey Bogart. Les separaba una notable diferencia de edad. Bogart tenía 44 años, 23 más que Bacall. Les unían, sin embargo, muchas más cosas. ‘Tener y no tener’ se estrenó el 11 de octubre de 1944. Siete meses después, el 21 de mayo se casaron. Era el cuarto matrimonio para Bogart que no había encontrado la felicidad con sus tres anteriores mujeres: Helen Menken (1926-1927), Mary Philips (1928-1938) y Mayo Methot (1938-1945), todas ellas actrices que antepusieron su carrera profesional a su vida sentimental.

A pesar de su imagen de duro, creada en el cine, Humphrey Bogart era un sentimental. El día de su boda recordó a Lauren Bacall aquella premonitoria escena de ‘Tener y no tener’. Regaló a su esposa un silbato de oro con una frase grabada: ‘Si me necesitas, silba’. Bacall no necesitó silbar. Siempre estuvo al lado de su marido. Tanto como para frenar su carrera como actriz. El matrimonio tuvo dos hijos (Stephen y Leslie), los dos únicos del actor, y solo se rompió con la muerte de Bogart en enero de 1957 por un cáncer de esófago. 57 años después, el silbato ha vuelto a sonar. Lauren Bacall falleció en su casa de Nueva York ayer, 12 de agosto, tras un derrame cerebral. Tenía 89 años.

La carrera de Lauren Bacall (Betty Joan Weinstein, de nombre verdadero) arrancó irremediablemente unida a la figura de su marido. Bacall, hija de una pareja de judíos de Europa del Este (su padre era polaco y su madre rumana) asentados en el Bronx, soñaba con ser estrella de Broadway. El cine, sin embargo, la llamó antes. La segunda esposa de Hawks, Nancy Gross, quedó impactada por la belleza de Bacall en unas fotos como modelo en la revista Harper’s Bazaar. Gross convenció a su marido para que fuera la pareja de Bogart en ‘Tener y no tener’, su debut en el cine, su primer gran éxito en el cine negro.

Bacall lo tenía todo para triunfar en el género. Bella, muy bella, con un largo y ondulado cabello rubio a la moda de los años cuarenta. Con una penetrante mirada de ojos azules. Pero, sobre todo, con una elegancia innata, una distinción que obligaba a cualquier persona (hombre o mujer) a darse la vuelta si tenía la suerte de cruzarse con Lauren Bacall en la calle o en un set de rodaje. Bacall tenía una personalidad fuerte, subrayada por una poderosa voz ronca que incrementaba su halo de misterio. Una mujer con algo tan complicado de escribir pero tan sencillo de detectar: clase. “Un combinado explosivo de Greta Garbo, Marlene Dietrich y Katharine Hepburn”, circulaba por Hollywood a la hora de definir a Lauren Bacall. El cine negro había encontrado a su gran musa. No era ninguna casualidad que Bogart quedara hipnotizado por aquella joven neoyorquina que admiraba, por encima de todo, a Bette Davis.

Bogart-Bacall en pequeño

Trabajó en otras tres ocasiones al lado de Bogart: ‘El sueño eterno’ (Howard Hawks, 1946), ‘La senda tenebrosa’ (Delmer Daves, 1947) y ‘Cayo Largo’ (John Huston, 1948). El carácter independiente de Bacall la creó, sin embargo, problemas con Warner.Bros, la dueña de su contrato (así funcionaba entonces Hollywood). El Estudio no se lo puso fácil, con seis años de tormentosa relación con hasta media docena de cancelaciones. Bacall tuvo que comprar su libertad. Un conflicto que aumentó aún más si cabe su fama de actriz difícil. Tampoco es algo que preocupara demasiado a Lauren Bacall que, junto con su marido Humphrey Bogart, no dudó en expresar sus progresistas ideas políticas y enfrentarse a la Caza de Brujas del senador McCarthy en Hollywood. Años más tarde, rechazó estampar sus huellas en su estrella en el Teatro Chino. Para Bacall, “Hollywood era el colmo de la decadencia”.

La familia siempre fue una prioridad. El nacimiento de su primer hijo supuso un parón de tres años en el cine que interrumpió con un giro en su carrera. Lauren Bacall, que siempre se ha jactado de su sentido del humor, demostró al público su vis cómica en cintas como ‘Cómo casarse con un millonario’ (Jean Negulesco, 1953), donde compartió reparto con otras dos damas de la escena: Marilyn Monroe y Betty Grable, y ‘Mi desconfiada esposa’ (Vincent Minelli, 1957), que realizó en los últimos meses de vida de Bogart. Bacall, de naturaleza inquieta, probó también en el melodrama en ‘Escrito sobre el viento’ (Douglas Sirk, 1956), si bien fue espaciando cada vez más su presencia en el cine mientras fracasaba en su segundo matrimonio con el actor Jason Robards entre 1961 y 1969. Con Robards, fue madre por tercera vez.

Lauren Bacall mixta

Tenía pendiente su gran ilusión: el teatro. Una experiencia que colmó cumpliendo otro sueño: emular a Bette Davis. Lauren Bacall triunfó en Broadway en 1970 en el musical que adaptaba el clásico ‘Eva al desnudo’ (Joseph L. Mankiewicz, 1950). Con el título de ‘Applause’, puso a cantar y bailar al personaje de Davis: Margo Channing. En las butacas estaba la misma Bette Davis (escondida para que nadie la reconociera, sobre todo Lauren Bacall). Parca en palabras (como siempre), Davis se acercó al camerino de Bacall tras la representación y mostró, a su manera, su gratitud a Bacall: “Si alguien podía hacerlo, era usted”.

La carrera de Lauren Bacall, ya en su madurez, tuvo un epílogo a la altura de su mito. Barbra Streisand permitió a la actriz ganar su único Oscar (como mejor interpretación de reparto) en la comedia romántica ‘El amor tiene dos caras’ (1986). Llegaba el momento de los homenajes. El Festival de San Sebastián resplandeció en 1992 con la presencia de Bacall para recoger el Premio Donostia en reconocimiento a su carrera. Un año después fue el turno de los Globos de Oro con el Premio Cecil B. DeMille. El Oscar honorífico le llegaría en 2009. El 12 de agosto de 2014 tocó el turno a un último reconocimiento. Desde el cielo, Humphrey Bogart silbó. Lauren Bacall escuchó. Había llegado el momento. Y volvió con él.

Filmografía selecta de Lauren Bacall:

‘Tener y no tener’ (Howard Hawks, 1944), ‘El sueño eterno’ (Howard Haws, 1946), ‘La senda tenebrosa’ (Delmer Daves, 1947), ‘Cayo Largo’ (John Huston, 1948), ‘Cómo casarse con un millonario’ (Jean Negulesco, 1953), ‘Escrito sobre el vielo’ (Douglas Sirk, 1956), ‘Mi desconfiada esposa’ (Vincent Minnelli, 1957), ‘Harper, investigador privado’ (Jack Smight, 1966), ‘Asesinato en el Orient Express’ (Sidney Lumet, 1974), ‘El último pistolero’ (Don Siegel, 1976), ‘Misery’ (Rob Reiner, 1990), ‘Pret-a-porter’ (Robert Altman, 1994), ‘El amor tiene dos caras’ (Barbra Streisand, 1996), ‘El celo’ (Antoni Aloy, 1999), ‘Dogville’ (Lars von Trier, 2003), ‘Manderlay’ (Lars von Trier, 2005) y ‘Ernest&Celestine’ (Stéphane Aubier, Vincent Patar y Benjamin Renner) (voz) (último filme).