La Fábrica publica dos libros de fotografía que recuperan el blanco y negro para mostrar dos realidades diferentes, pero al mismo tiempo ojos documentales sobre lugares apartados de la riqueza y el bienestar: Yonkers (Nueva York) y el norte de África colonial de los años 20. 

Por un lado está la obra documental de José Ortiz Echagüe, gran precursor de la fotografía española que nunca pudo ver realizado el sueño de ver editado y unido su catálogo sobre el Norte de África. Ahora La Fábrica lo ha logrado. África tuvo una gran influencia en la visión del autor, porque allí hizo sus primeras fotografías cuando pertenecía al Cuerpo de Ingenieros del ejército, a principios de la década de 1910, y fue el lugar elegido para finalizar su larga trayectoria, haciendo tres viajes a Marruecos entre 1964 y 1966.

La edición actual reúne una selección de retratos, paisajes y arquitecturas del norte de África, gracias a un minucioso trabajo de conservación llevado a cabo por el Museo Universidad de Navarra, y a la investigación realizada por el comisario y académico Javier Ortiz-Echagüe, nieto del fotógrafo. Conserva, además, el espíritu de los libros que Ortiz Echagüe publicó en vida: ‘Spanische Köpfe’ (1929), ‘Tipos y trajes de España’ (1930), ‘España. Pueblos y paisajes’ (1939) y ‘España. Castillos y alcázares’ (1956), pero, sobre todo, se inspira en la primera de estas obras, que apareció en Berlín y reunió ochenta fotografías.

Por otro lado está ‘Yonkeros’, el volumen que recoge la serie homónima del fotógrafo guatemalteco afincado en Nueva York, Jaime Permuth, un trabajo documental con el que Permuth inmortaliza este microcosmos del barrio neoyorkino de Queens en el que desde hace décadas miles de personas de todo el mundo, americanos y extranjeros, viven del negocio de los repuestos de automóviles y de la chatarra. Un paisaje urbano degradado que cobra fuerza en blanco y negro, la parte más abandonada de Nueva York: calles en mal estado, aguas residuales, bandas callejeras, restos de automóviles…

“Yonkero” es un término del spanglish derivado de junk (basura) con el que se denomina a la per­sona que trabaja con la chatarra y se transforma en yonke para denominar la chatarrería. 95 imágenes en su mayoría, en blanco y negro, capturan las estampas decadentes de las calles del conocido también como Triángulo de acero y las escenas cotidianas de sus trabajadores.  Una serie tomada de día y de noche, con nieve o en pleno verano para “rendir tributo a Willets Point y a su vasta acumulación de piezas que, como cualquier catálogo, es también un poema”, reconoce su autor.