Este año el galardón en química ha sido para el estadounidense John B. Goodenough, el británico Stanley Whittingham y el japonés Akira Yoshino por desarrollar la batería de iones de litio.

Ilustración: Niklas Elmehed

Quizás en algún momento tenga usted problemas con la batería del móvil, o de otro aparato electrónico que use a diario. Pero quizás también, si tiene edad suficiente, recuerde cómo era antes, siempre enganchados a cables. Pues esa libertad la tiene gracias al estadounidense John B. Goodenough, al británico Stanley Whittingham y al japonés Akira Yoshino por desarrollar la batería de iones de litio. Un avance que cambió para siempre nuestro comportamiento tecnológico, de consumo y de movimientos.

La institución del Nobel justifica su decisión en que este avance transformó la sociedad humana más que cualquier otro avance: “Esta ligera, recargable y potente batería se utiliza en la actualidad en todas partes, desde los teléfonos móviles a los ordenadores portátiles y los vehículos eléctricos. También puede almacenar cantidades significativas de energía solar y eólica, haciendo posible una sociedad libre de combustibles fósiles”.

En los años 70, en plena crisis del petróleo, que estranguló energéticamente a todo el mundo, se buscaron soluciones a la dependencia de los hidrocarburos. Fue entonces cuando se pensó en baterías recargables por energía eléctrica que alimentaran a los aparatos de uso diario. Whittingham se puso en marcha con estas investigaciones, y eligió los superconductores como una de las bazas, llegando a una batería química basada en el litio con cátodos de disulfuro de titanio y ánodos de litio metálico. El resultado eran baterías con suficiente potencia pero con riesgo de explotar por su inestabilidad.

Entonces se sumó Goodenough sustituyó el cátodo basado en el disulfuro por otro con base de óxido metálico. Las pruebas le llevaron hasta el óxido de cobalto con iones de litio intercalados, lo que duplicaba la potencia del modelo de Whittingham. El tercer investigador, Yoshino, trabajaba en Asahi Kasei, una empresa tecnológica japonesa que utilizó los avances anteriores para crear la primera batería de iones de litio que pudiera ser viable, ligera, resistente, y lo que es más importante, recargable más de cien veces antes de que dejara de tener uso. Al comercializarse modificó el comportamiento humano respecto a la tecnología, que ganó en potencia, autonomía y costes, facilitando su expansión entre la sociedad, lo que repercutió positivamente en el consumo.

Akira Yoshino, John Goodenough y M. Stanley Whittingham