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‘Combate moral’ – Michael Burleigh

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Otro ensayo más sobre la inacabable, determinante y homérica Segunda Guerra Mundial. Esta vez firmada por Michael Burleigh, ‘Combate moral’ (Editorial Taurus), y que aborda el conflicto militar, político e ideológico desde el punto de vista del comportamiento de las normas éticas, de la moralidad vigente en la toma de decisiones, muchas de ellas tomadas en tiempo real, sin reflexión y que en su mayor parte eran a vida o muerte. Recomendación expresa de El Corso para amantes de la historia del siglo XX.

Mientras que anteriores estudios han tendido a centrarse en las grandes estrategias y las principales batallas, así como en las consecuencias humanas de la guerra, Burleigh consigue adentrarse en los universos morales de sociedades enteras y de sus líderes para descubrir cómo estos se vieron modificados bajo el impacto de la guerra total. Y eso incluye la inhumana moralidad de los déspotas como Hitler, Stalin, Mussolini o Hirohito, así como la de los líderes aliados como Churchill.

Burleigh, uno de los más destacados historiadores contemporáneos, se niega a extraer lecciones del pasado, centrándose firmemente en los dilemas éticos de personas reales que tuvieron que actuar bajo circunstancias difíciles de imaginar en un conflicto que definió el siglo XX y cuyas consecuencias nos acompañan hasta hoy.

Historia de la ciencia ficción

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De Han Solo a la tribu de los Naa’vi; del detective Redard a los X-Men; del Superman de Richard Lester a la familia Swinton de ‘Inteligencia artificial’: toda la historia reciente de la ciencia-ficción en el cine a través del novelista e historiador Javier Memba. Su nuevo libro, ‘La nueva era del cine de la ciencia-ficción (1971-2011); de La guerra de las galaxias a los superhéroes’ (T&B Editores), incluye un diccionario de películas y personalidades. Divulgación e historia de un género fascinante.

“En los años 70, hay un gran acontecimiento, la aparición de la saga de ‘La guerra de las galaxias’, que, sobre todo, significa la recuperación de la épica. En los 70, desde ‘Novecento’ hasta Woody Allen, el protagonista del cine es el antihéroe. El héroe valiente y apuesto tenía fama de fascistoide. Y ‘La guerra de las galaxias’ recuperó esa figura”. Una recomendación perfecta.

Reportaje – Sorokin, escritor total

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‘Hielo’ es la última novela que ha visto España de Vladimir Sorokin, un autor al que el adjetivo posmoderno se queda corto y demuestra el talento de un “clásico vivo”. Tiene mucho mérito ser también la pesadilla de la Rusia oficialista, la de Putin, que le tiene en su lista negra.

Por Luis Cadenas Borges

No es un ancia­no venerado, más bien un adulto que so­brepasa la cin­cuentena con el aspecto de un autor nórdi­co de novelas de serie negra. Vive en las afueras de Moscú, en un pueblo (Vnukovo), pero sus obras se publican antes en Francia, Alemania o España que en su país, la patria de los escritores emotivamente ra­dicales. Frases cortas, afiladas, certeras, como bofetadas, argumentos surrealistas, pura posmodernidad encabro­nada y enrabietada contra una sociedad como la rusa, decadente e inmoral, y que él cree condenada a volver al os­curantismo medieval. Básica­mente, Sorokin es un “grano en el culo” de la Rusia de Putin, capaz de impulsar a la organización juvenil títere del Estado, Nashi (todavía más siniestra que las juventudes republicanas de lo más pro­fundo de Texas), contra sus obras. Decían los bohemios franceses que cualquier autor al que le queman un libro es necesariamente bueno: a él le hicieron algo mejor, crearon un retrete gigante en el centro de Moscú y tiraron en él sus novelas. Eso es tener estilo por muy fascista que se sea.

Sorokin tiene en su haber español dos libros úni­cos, ambos con Alfaguara, ‘El día del oprichnik’ y ‘Hielo’, la nueva, en la que mezcla géne­ro negro, simbolismo, ruptura de ataduras formales y mucha mala uva: una secta milena­rista que adora un meteorito y que usa martillos de hielo para arrancar los corazones de jóvenes rubios y hablar con ellos. Tal cual, no es broma. En el primer caso, haciendo referencia a esos oprichnik que eran los matones de Iván el Terrible, la novela denuncia los intentos de aislar a Rusia de Occidente tras el naciona­lismo y la moral costumbrista usando la riqueza petrolífera como herramienta. De ahí que él piense que Rusia va camino de volver a ese siglo XVI del zar Iván, un lugar medieval donde sólo haya autocracia y terror intelectual. Sorokin es sin duda uno de los pocos que levantan la voz, y por eso ha sufrido de todo, desde una denuncia de la Fiscalía estatal para meterle dos años en la cárcel hasta quemar sus libros o tacharle públicamente de pornógrafo. De ahí se deriva que Rusia no aprende: ayer fue Stalin, hoy es ese pequeño mediocre agente del KGB, Putin.

Sorokin es una pesadilla, un Pepito Grillo ultramoderno que bebe de las fuentes de la cultura de las anti-utopías por culpa de una realidad insana: frente a la sociedad rusa corrompida y obsesio­nada con lo material de hoy en día, los arreones de his­torias sin posibilidad alguna de resolución hacia el bien. Nada mejor que la agonía de la tristeza para darse cuenta de que la realidad es malsana. Es algo similar a lo que hiciera Orwell con ‘1984’, solo que aquí llevada hacia el extremo simbólico de martillos de hielo y sacrificios rituales. Por mucho que el propio Sorokin rechace cualquier tipo de rei­vindicación política, el Poder omnímodo reviste sus obras de otra significación ajena a la propia literatura, o no tanto. En los dos libros mencionados la crítica es constante, mu­chas veces metafórica, pero también directa.

Una vida de premios y sobresaltos

Vladimir Sorokin (Bykovo, 1955) es autor de doce novelas, diez obras teatrales y varios guiones cinematográficos. Artista de talento multifacético formado en el ambiente de la vanguardia moscovita de los años 80, fue pintor antes de dedicarse a la escritura. Su posmodernista, conceptual y avanzada narrativa no tenía cabida en el panorama literario oficial de la Rusia soviética y sus primeras publicaciones aparecieron en París. Tras la publicación de las novelas ‘Goluboye salo’ (‘Manteca de cerdo azul’) en 1999 y ‘El hielo’ en 2002, primera parte de su “trilogía helada”, fue tachado de pornógrafo y perseguido por el gobierno ruso. En 2001 fue reconocido con el Premio Andréi Bely por “sus excepcionales aportaciones a las letras rusas” y su novela ‘Serdtsá chetirioj’ (‘Corazones de los cuatro’) recibió el Premio Booker Popular. En 2005 fue galardonado por el Ministerio de Cultura alemán y recibió el Premio Liberty “por su contribución a las relaciones culturales entre Rusia y los Estados Unidos de América”. En 2007 su novela ‘El día del oprichnik’ (Alfaguara, 2008) quedó finalista del Bestseller Nacional ruso. ‘Sakharny Kreml’ (‘Kremlin de azúcar’) y ‘Metel’ (‘La ventisca’) forman también parte de su obra, traducida a veinticinco idiomas.

Reportaje – Novela 100% pata negra

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En la novela negra, no sólo bajo la eterna noche polar o en pueblecitos de nieves perpetuas se retuerce el mal. Ni es nece­saria una aurora boreal para que las manos de un hombre se manchen de sangre. No, el crimen también está a gusto en latitudes más cálidas, en un país ahora atenazado por la crisis y las consecuencias de la especulación inmobilia­ria y la corrupción política: el nuestro. Y no es un fenóme­no nuevo.

Arturo y Alatriste vuelven

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El próximo 27 de octubre regresa Arturo Pérez-Reverte y su hijo predilecto, el capitán Alatriste, en ‘El Puente de los Asesinos’. Faltan ya sólo dos libros más para terminar la saga que más beneficios, lectores y trascendencia le han dado a su autor, que es una rara avis “dumasiana” en medio de tanto escritor tan profundo como prescindible.

Vuelve cinco años después, y unos quince desde que Pérez-Reverte y su hija adolescente (como cómplice) atacaran de lleno la historia de este compendio del Siglo de Oro español en forma de guerrero de capa y espada. En esta ocasión el escenario es la Venecia del siglo XVII, pero siempre con esa virulencia imperial de una España grandiosa en lo cultural y miserable en todo lo demás.

Las anteriores novelas de ‘Las aventuras del capitán Alatriste’ son: El capitán Alatriste (1996), Limpieza de sangre (1997), El sol de Breda (1998), El oro del rey (2000), El caballero del jubón amarillo (2003) y Corsarios de Levante (2006). 
La editorial Alfaguara ofrece desde el pasado viernes varios contenidos previos al lanzamiento de ‘El puente de los Asesinos’. De momento, aquí va un párrafo de aperitivo:

«Diego Alatriste bajó del carruaje y miró en torno, descon­fiado. Tenía por sana costumbre, antes de entrar en un sitio incierto, establecer por dónde iba a irse, o intentarlo, si las cosas terminaban complicándose. El billete que le ordenaba acompañar al hombre de negro estaba firmado por el sargento mayor del tercio de Nápoles, y no admitía discusión alguna; pero nada más se aclaraba en él.»


Reportaje – Estupidez y miedo en la URSS

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Hay algo in­trínsecamen­te extraño y fascinante en la literatura rusa. Y da igual la época. Es el fatalismo, el sentimentalismo y un ex­traño y latente humor negro producto de la furia tiránica de un país que no sabe si vive en Occidente o en Orien­te, si es europeo o asiático. Un dilema del que ya habló Tolstoi y que se reproduce cí­clicamente desde los tiempos de Pedro el Grande. Las tres características son propias de un pueblo y un país que a pesar de su tamaño e impor­tancia actual, siempre fue un ente marginal y aplastado por los vicios humanos del feuda­lismo y el abuso de poder.

Por Luis Cadenas Borges

El miedo es un acicate como pocos. Todos los que han conocido de cerca la literatura rusa ha­blan de esa trinidad típicamente nacio­nal: miedo, vodka y té. Y despotismo. El terror a un estado que históricamente es antiliberal y des­confía del pueblo. El propio Voinóvich lo dijo: “El sistema ruso llegó a su fin, pero los rusos permanecie­ron”. Puro pesimis­mo, quizás el cuarto pilar del rusian way of life. El mismo pá­nico irracional que todavía hoy dejan a Grossman (futuro ob­jeto de otro reportaje) fuera del panteón na­cional y que aplastó a cualquier otro que no fueran los sagrados Tolstoi, Dostoievski y Chéjov. La sátira inven­tada por griegos y ro­manos es un arma de doble filo: bajo el hu­mor se cuela la más devastadora crítica contra el sistema. Por eso es tan eficaz, y por eso Voinóvich es tan importante. Siglos y siglos de vasallaje y servidumbre, de oligarquía, de monopolio del poder sin fisuras, de esa “vena asiática” que siempre han achacado a Rusia, convirtieron a los escritores rusos (y da igual la época) en navajas afiladas que diseccionan su mundo con esa dosis de tres elemen­tos. Y mucha reflexión, y mu­cha humanidad surgida del dolor de la historia rusa.

Así es como surgen libros como ‘Vida e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin’, de Vladimir Voinóvich, publi­cado en formato barato por De Bolsillo con traducción de Antonio Samons García. Es una sátira demoledora del sistema estalinista en los albores de la invasión nazi de Rusia. Novela antibelicista, es además la mejor novela satírica rusa del siglo XX. Fue publicada en París en 1974 y durante años estu­vo prohibida en la Unión Soviética, aunque circuló clandestinamente. Elementos que le valieron, ya en 2002, recibir el Premio Sajarov creado para los paladines de la libertad en Rusia. La obra más importante de Vladí­mir Voinóvich (Tayikistán, 1932) compone un preciso retrato de la sociedad a la que ridiculiza, al tiempo que pone en evidencia el absurdo y criminal funcionamiento de la burocracia y de las insti­tuciones bajo el gobierno de Stalin.

Todo gira alrededor del atolondrado y desmañado campesino y soldado Chon­kin, enviado a un pueblo perdido para custodiar una avioneta que había aterrizado allí. Olvidado rápidamente por sus superiores, Chonkin se integra en la peculiar vida del pueblo, donde protago­niza un sinfín de escenas hilarantes en compañía de sus estrafalarios vecinos. Pero ante la psicosis provocada por la invasión alemana, la policía política se entera de su existencia y envía un destacamento para arrestarlo por deserción. Y eso sólo es el principio.

Vida turbulenta

Vladimir Nikoláyevich Voinóvich nació en la actual Tayikistán cuando sólo era una parte más de la Unión Soviética, en 1932. No le pilló la Segunda Guerra Mundial para la edad militar de milagro, pero ingresó como soldado del Ejérci­to Rojo en los años 50. Trabajó en Radio Moscú, donde se dio a conocer escribien­do la letra del himno oficial de los astro­nautas soviéticos. Siempre fue crítico con el gobierno, especialmente con la novela ‘Vida e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin’, que es el eje mismo de este reportaje. Esto le valió la retirada de la ciudadanía soviética. Se vio obligado a exiliarse a Munich, hasta que pudo regre­sar a su país tras la restitución de la nacio­nalidad en 1990 por Gorbachov, donde ha sido varias veces premiado y reconocido tras la caída de la URSS.


Reportaje – ¿Icebergs en Galicia?

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Hay una razón por la cual no hay ice­bergs flotando frente a las costas de La Coruña un día de principios de enero… (no es broma): la Corriente del Golfo. Es un poco exagerado pero no deja de ser cierto que de no exis­tir esta corriente de agua ca­liente en el Atlántico Norte el clima del oeste y noroeste de Europa sería muy pareci­do al de las costas siberianas.

Desde hace varios años se teme la desaparición o freno de laCorriente del Golfo que suaviza el clima del oeste y norte de Europa haciéndola más habitable

Su funcionamiento y efectos (ver anexo sobre su sistema de circulación) convierte las islas Lofoten, por ejemplo, en un lugar apto para la vida humana y no un peñasco aplastado por hielos polares perpetuos. Las razones para que el hemisferio norte at­lántico tenga esta bendición que afecta a Groenlandia, Islandia, las Islas Británicas, Noruega y el Mar del Norte, así como (en menor medida) la costa portuguesa, gallega y cantábrica, hay que buscarla en los vientos globales, sobre todo en el ciclo eólico del he­misferio norte que influye en las aguas atlánticas, con una alta salinidad que ayuda (y mucho) a que la corriente o “Gulfstream” no desaparezca.

De alterarse el nivel del agua, su salinidad o los vientos (a lo que hay que añadir la rotación de la Tierra como otro factor más) el clima de la Europa oc­cidental y de la costa oriental de Estados Unidos y Canadá cambiaría para enfriarse. Y entonces surgiría ese terror atávico de muchos especia­listas y agoreros del clima: en lugar de más calor y sequedad, una mini era glacial costera para la zona más industriali­zada y desarrollada del mun­do. Desde que en la agenda mundial entrara el cambio climático con fuerza ha habi­do todo tipo de mitología al respecto, pero, por ahora, el temido deshielo de Groenlan­dia y la alteración siguiente de la corriente no han provoca­do cambios. Por ahora. A cau­sa del calentamiento global, se producen más deshielos en el Ártico y fluye, por lo tanto, más agua dulce hacia el At­lántico Norte.

Si esto conti­núa, en un momento dado sus aguas ya no tendrían el nivel salino necesario (y por tanto densidad) como para seguir su camino en las profundidades y luego ascender. Groenlandia es pues la clave, tanto o más que el resto del casquete polar del Norte. El cambio no sería brusco y apocalíptico como en la película ‘El día de maña­na’, sino que se prolongarían durante unos 100 años. La temperatura bajaría gradual­mente, muchas especies ani­males y vegetales desaparece­rían del oeste europeo y vivir en la costa sería más duro que ahora. No obstante, el factor fundamental de la corriente es el viento, y éste no cambia por el calentamiento, así que quizás mucha gente se esté ahogando en un vaso de agua. Como apunte, el último fre­nazo de la corriente coincide con el fuerte descenso de las temperaturas que hubo en Europa entre los siglos XVI y XIX, la “Pequeña Edad del Hielo” que aisló Groenlan­dia, Islandia y las islas nórdi­cas del resto del mundo. Así pues, será cuestión de esperar y mirar al horizonte desde Fi­nisterre.

Circulación de la Corriente

La corriente del Golfo es una corriente oceánica de baja pro­fundidad que desplaza una gran masa de agua cálida procedente del golfo de México y que se diri­ge al Atlántico Norte. Alcanza una profundidad de unos 100 metros y una anchura de más de 1000 km en gran parte de su larga trayecto­ria. Se desplaza a 1,8 m/s aproxi­madamente y su caudal es enor­me: unos 80 millones de m•/s. La circulación de esta corriente asegura a Europa un clima cálido para la latitud en que se encuen­tra e impide la excesiva aridez en las zonas atravesadas por los tró­picos en las costas caribeñas y de­termina en buena parte la flora y la fauna marina de los lugares por los que pasa. El descubrimiento por parte de los europeos de la corriente del Golfo data de 1513, año de la expedición de Ponce de León, una herramienta perfecta para ser usada por los navegantes españoles en el viaje de ida y vuel­ta al Caribe. Pero el primero que sistematizó su funcionamiento fue Benjamin Franklin en 1786 en su obra ‘Sundry Maritime Observa­tions’, que además trazó el primer mapa oficial.

Reportaje – Introducing Rammstein

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Rammstein, con una m de más que el nombre de la población alemana (base americana y escenario de un espantoso accidente aéreo durante una exhibición), es una de esas imágenes de marca que tie­ne Alemania, más o menos a la altura de la Volkswagen, las bratwurst, los gastarbeiter turcos o kurdos, el Bayer de Munich o la torturada Puerta de Brandemburgo. Es música heavy, pero también algo más que música: “Kultur und Herausforderung”: Rammstein es sobre todo la cultura de la provocación pasada de rosca.

Por Luis Cadenas

A Alemania le pasa algo con la música: si el padre me­tafórico del arte es Beethoven y su Novena Sinfonía, más adelante fueron igualmen­te fundamentales Wagner y sus soliloquios mitológicos, pero también las canciones del cabaret de Entreguerras y ahora Rammstein, a la que se le pueden poner mil eti­quetas (metal industrial, neue Deutsche Härte, metal alter­nativo, progresivo o simple­mente “heavy para masas algo aborregadas”, Solana dixit). Pero en el fondo, ocho discos después, no deja de ser músi­ca con un punto lírico y mu­cha provocación tan medida como en farmacia. Ramm­stein, formado por Till Lin­demann (voz), Richard Krus­pe (guitarra), Oliver Riedel (bajo), C. Schneider (bate­ría), Paul Landers (guitarra) y Franz Lorenz (teclados), no deja de ser un subproducto de la reunificación alemana en 1990, porque todos ellos son hijos renegados de la extinta RDA.

Nadie mejor que ellos para irse pues al margen mis­mo de lo legalmente posible (los vídeos son auténticos ór­dagos en más de una ocasión, como el de ‘Mein teil’). Es el medio camino en el que to­dos se sienten cómodos sien­do provocados, ese punto de fuga de la olla a presión ñoña, edulcorada y Disney en que se ha convertido el pop y todo lo que se asocia a las radio­fórmulas. Y eso que Ramm­stein aparece en ellas, pero como una de esas olas pica­das y pasajeras que te lanzan contra las rocas y que luego no vuelven. Es diferente por dos motivos: cantan casi ex­clusivamente en alemán y su juego de provocación sexual, que cobró fuerza cuando la dimensión política se les fue de las manos. En Alemania cualquier sospecha de nazis­mo es triturada de inmediato por los medios y las autori­dades, deseosas de no volver jamás a abrir la caja de Pan­dora. Siendo un grupo de ex­trema izquierda en sus inicios, Rammstein tuvo que hacer acto de fe antifascista desde sus primeros discos e incluso compusieron una canción al respecto, ‘Links 2, 3, 4’, en 2001.

Una vez cerrada esa vía abrieron la del sexo y lo po­líticamente incorrecto, pero siempre sin banalidades que hicieran sospechar. Así fue cómo se ganaron cientos de miles de seguidores en todo el mundo, principalmente en Europa y Estados Unidos, pero también en México y Rusia, donde compusieron ‘Moskau’ para el disco ‘Rei­se, reise’. Muchos de sus fans han usado a Rammstein como cortina de humo para muchos de sus desvaríos, lo cual es muy bueno publicitariamente pero deja la imagen del gru­po por los suelos. Más allá de todo está el show montada alrededor de su música, que ha ganado en sofisticación y popularidad a la vez que per­día la energía metalera del principio: menos heavy, más rock al uso con mucho ruido de fondo y más espectáculo. Algo que el alma del pentá­culo, Till Lindemann ha de­finido tanzmetall (metal para bailar) donde el lirismo de las letras es fundamental, desde la amistad al amor no corres­pondido, la pasión sexual (in­cluyendo el sadomasoquismo y el canibalismo como guiños cómplices contra la censu­ra) y el amor por la poesía de Goethe, por ejemplo.

Es el sino de todas las bandas que triunfan, aunque parece que a Rammstein le queda cuerda, y no deja de experimentar en cada disco, quizás alejándose del sonido que les dio fuerza en Alemania. Eso sí, para los amigos de las etiquetas, que conste que las divergencias entre canciones como ‘Te quiero puta’ (tal cual, en es­pañol) u otras como ‘Ohne dich’ hacen muy complicado ponerse de acuerdo en qué es Rammstein: dejémoslo en este tanzmetall. La música, para Rammstein, pareciera el medio, o el instrumento, o el pretexto para enardecer o dejar en estado de shock, si bien con cada numerito el lis­tón está más alto y a las masas les gusta que les sorprendan.

En el escenario los músicos utilizan penes de plástico, acomodados sobre sus ropas, que escupen líquidos hacia el público; lanzallamas, si­mulación de escenas de sexo en directo, iconografía donde el cuero es el rey y la ambi­güedad total por montera. Es una huella más de una cultura como la alemana que ha cam­biado tanto que ya es difícil ver y reconocer en ella ciertos rasgos que la hicieron la vara de medir intelectual del mun­do. Ya no están los judíos, y eso se nota, pero quedan los cortes de mangas culturales que dan grupos como Ramm­stein, una bocanada de aire fresco en forma de ventolera que en su último disco, ‘Liebe is fûr alle da’ (“El amor está ahí para todos”) incluye un doble carpado en forma de vídeo “pixelado” con escenas de sexo en directo. Suena a rizar el rizo, a ir más allá para alimentar a ese público que siempre quiere más. Más de doce millones de copias ven­didas de sus ocho discos de estudio y grabados en directo dan para mucho. Y un puña­do de canciones: ‘Du hast’ o ‘Heirate mich’, que les lan­zó definitivamente a partir de una escena antológica de ‘Carretera perdida’ de David Lynch, pero también ‘Engel’, ‘Mein herz brennt’, ‘Mutter’, ‘Keine lust’, ‘Amerika’, ‘Mor­genstern’, ‘Ohne dich’, ‘Ben­zin’ y ese elogio de sí mismos que es el disco en directo ‘Vo­lkerball’.

www.rammstein.de

Estreno de ‘Otra Tierra’

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Buen punto de partida para una de las películas salidas del último Festival de Sitges, ‘Otra Tierra’: aparece en el cielo una copia exacta de nuestro planeta, pero de otra dimensión. Como si se hubieran superpuesto ambas en el mismo universo. Lo que da pie a muchas conjeturas de la ciencia-ficción: ¿si son iguales, podría ir allí y arreglar los errores cometidos? A partir de ahí surge la película dirigida por Mike Cahill sobre un guión original del propio director y de Brit Marling. Actores: William Mapother, Meggan Lennon, Jordan Baker y Robin Lord. Estreno hoy.

SINOPSIS: Rhoda Williams es una joven inteligente que busca la forma de reparar una terrible tragedia. Vive en un mundo como el nuestro, salvo que, repentinamente, a lo largo de la noche, en el cielo aparece un planeta misteriosamente idéntico. Para Rhoda, ese extraño e inquietante planeta, así como la realidad paralela que los científicos afirman que brinda, constituye su última esperanza

La hermana de Mozart

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Los franceses aman profundamente las películas delicadas donde todo es retro, especialmente en lo referente al siglo XVIII, como si volvieran a su mejor y peor momento histórico como nación. Y la música, aunque sea la de otras naciones, como Austria. En ‘Nannerl, la hermana de Mozart’ aparece la obra del compositor, suficiente argumento para convencer a más de uno, pero también hay una reivindicación de la mujer en una sociedad ilustrada pero que seguía siendo terriblemente feudal en muchos aspectos. Dirección y guión, René Féret.

SINOPSIS: Mozart tuvo una hermana mayor llamada Nannerl. Niña prodigio, como él, al acabar una de las largas giras de los Mozart por Europa, conoció al hijo de Luis XV en Versalles, quien la animó a escribir su propia música. Pero Nannerl es una mujer y las mujeres no tienen derecho a componer…