Galaxia Gutenberg – Círculo de Lectores ha recuperado textos perdidos de Guillermo Cabrera Infante escritos tras la visita del autor a Cuba en 1965, un regreso lleno de amargura al ver en qué se había convertido el país. 

Toda dictadura tiene una primera víctima: el sentido común y los escritores. Ambos son los primeros en caer en la cuenta de que el poder autoritario y sin crítica ni contestación genera realidades fingidas que frustran la inteligencia. Quizás por eso Guillermo Cabrera Infante, cuando todavía era parte del régimen (funcionario diplomático en Bélgica), decidió poner por escrito toda la desazón que le había surgido durante una visita final en 1965 después de haber apoyado la revolución y creer en un mundo mejor. Esos manuscritos quedaron perdidos en el marasmo de anotaciones del escritor y ahora Galaxia Gutenberg – Círculo de Lectores los ha recuperado con el título de ‘Mapa dibujado por un espía’. 

Fue un viaje de transición y conversión: su madre había fallecido y tuvo que volver a su tierra natal para el funeral. Lo que sufrió personal e ideológicamente fue suficiente para hacerle renunciar a su cargo y obligarle al exilio lejos de la isla y de aquella izquierda que renegaba de la democracia para echarse en brazos de un castrismo que copiaba todo lo malo del sistema soviético. Cabrera Infante nunca olvidó la humillación que sintió en aquel viaje, convertido en memoria y en crónica de travesía personal más que en literatura. Tan doloroso debió ser para él que abandonó esas líneas para siempre, asociadas ya a la muerte de la madre.

 

Guillermo Cabrera Infante de joven

Guillermo Cabrera Infante en los primeros años cubanos

La heredera de aquello fue su esposa, Miriam Gómez, que asegura que tras el exilio final de Guillermo ante el monstruo en el que se había convertido Cuba decidió empaquetar las páginas y entregárselas a ella hasta que tuviera fuerzas para poder releerlos o incluirlos en algún libro. Pero esa obra nunca llegó. Fue una forma de exorcismo personal que debía acabar durmiendo un sueño eterno más allá de la muerte del autor. Ella era también parte de la historia: el escritor plasmó muchas cosas en aquellas líneas, incluido su adulterio. Miriam respetó le deseo de opacidad del autor hasta que un editor español los leyó y comprendió lo que había pasado realmente: el viaje había sido casi una despedida de Cuba, pasión sentimental entre sábanas incluida.

El exilio pasó factura a Cabrera Infante, marcado, sellado y despreciado por el régimen y los intelectuales acólitos del mismo, que llegaron al insulto y la agresión cuando Guillermo se puso a tiro. Consecuencia: la viuda no quiere ni oír hablar de Cuba y del castrismo. Según ella Cabrera Infante fue un exiliado doliente por las lágrimas derramadas. Era “muy cubano” y un apasionado de aquella forma de ser, tan exuberante como emotiva, y sintió en sus carnes el odio de su gente. Pero nunca dejó que aquella nostalgia le amargara la literatura, marcada siempre por un poso cómico que es una de las señas de identidad del estilo de Cabrera Infante.

 

Miriam Gómez y Cabrera Infante

Cabrera Infante con su esposa Miriam Gómez