Hace 170 años que murió Ambrose Bierce, el escritor más peculiar que ha dado EEUU al mundo, un autor ligado al periodismo que forjó su estilo con la amargura y la desafección que sentía por la sociedad occidental y casi por la propia condición humana.

Fotos libros: Alianza Editorial

 

En 2011 Alianza Editorial publicó un estuche aniversario con los mejores textos de Ambrose Bierce, una forma de anticiparse al aniversario de este 2012 que se extingue. Ese estuche y sobre todos los libros (‘Diccionario del Diablo’, ‘Cuentos negros’, ‘Fábulas feroces’, ‘Cuentos de soldados’) todavía están a la venta y son una forma más que digna de embarcarse en la obra de este genial escritor conservado en vinagre puro. La traducción corrió a cargo de Aitor Ibarrola-Armendariz. Una proeza habida cuenta del poco aprecio que hay en España por este autor que no se sabe si fue un maldito (gozó de fama y fortuna) o simplemente un francotirador de tinta. En inglés hay mucho material sobre él. En español, apenas.

Igualmente pueden conseguirse sus escritos en Valdemar, la otra editorial que más caso le ha prestado a este veterano de la Guerra de Secesión en el bando de la Unión y que terminó sus días desapareciendo en los frentes de batalla de la Revolución Mejicana en 1913. En su honor se rodó ‘Gringo viejo’ con Gregory Peck, el relato de cómo se evaporó el hombre más cáustico en la guerra más surrealista. Bierce, uno de los mitos literarios de EEUU e hijo literario indirecto de Mark Twain, otro que no se paraba en barras a la hora de poner a caer de un burro a cualquiera, demuestra en sus líneas su inmenso talento descriptivo y narrativo y por qué sus compatriotas le apodaron Bitter (Amargo) Bierce.

Nacido en Ohio y criado en una granja entre un padre indolente que leía a Byron y una madre dominante, demostró una capacidad descomunal para trazar círculos narrativos. Bierce destila mala leche e ingenio a partes iguales. Escapó de casa para terminar siendo actor y forzudo de feria, para luego hacerse militar durante la Guerra Civil americana; esta decisión cambiaría su vida por el infierno que presenció y que le terminó por alcanzar en forma de heridas de guerra. Frustrada su carrera como oficial en el Ejército, terminó en California, donde empezó su carrera periodística y literaria. Alguien así no podía dejar de sentirse atraído por un género como el de la fábula, que, bajo el disfraz de emblemas, animales o personificaciones, permite a través de historias de apariencia inocua fustigar los vicios, las corrupciones, las bajezas y la estupidez que parecen consustanciales a la naturaleza humana.

Y si había algo que se le daba bien y le gustaba a Bierce, además de crear relatos oníricos y crueles sobre la Guerra de Secesión americana que él vivió en primera persona como recluta, era fustigar a su país para, con la sátira, hacerlo a la larga mucho mejor. O simplemente reírse de él. Sus líneas se enzarzan con dosis de sarcasmo y lúcida ironía que a menudo se convierten en un despiadado y clarividente humor negro. En EEUU consideran su mejor libro ‘Cuentos de soldados’, que comprende sus más sombríos relatos. Otro buen ejemplo son las ‘Fábulas feroces’: la traducción de Alianza es de las pocas que se han hecho al español y ofrece la totalidad de estas perlas ennegrecidas de quien ha visto demasiadas veces la boca del logo.

Pero la cima de su mano-látigo fue el ‘Diccionario del diablo’, compendio de su trabajo periodístico a caballo entre el siglo XIX y el XX en San Francisco y en el que demostró que la rabia convertido en letras es un buen negocio y un mejor legado. Un auténtico maestro capaz de convertir el faraónico trabajo de redefinir el diccionario desde un punto de vista “diabólico” en un trabajo insuperable de manejo del lenguaje, imaginación y creatividad, con una sorna todavía no superada. Desde la A a la Z, tocando la religión, la política, la guerra de sexos, la lucha de clases, la sociedad, el arte y la ciencia. Lo hizo poco a poco, en un rinconcito diario del periódico para el que trabajaba, con tan buen resultado de público que al final los reunió todos y los publicó.

Ambrose Bierce

 

‘Cuentos de soldados’. Pese a adaptarse bien a la vida militar, las experiencias que vivió en los cuatro años que estuvo al servicio del Ejército de la Unión (el Norte) en los campos de batalla lo marcaron de forma indeleble y, en combinación con su peculiar personalidad, determinaron su visión ácida y demoledora de la sociedad que surgió tras ella. Estos cuentos muestran una descripción tan descarnada de la guerra como implacable y fulminante del comportamiento hombre y mujeres en las circunstancias que dicta. Quince piezas maestras que hacen de este volumen sin duda un libro de referencia para los amantes de la literatura. En la edición de Alianza la traducción es de Aitor Ibarrola-Armendariz.

Cuentos negros. El color lo da el profundo humor sardónico que los impregna. Tras la guerra se instaló en el pujante Oeste americano y en la ciudad con más proyección de todas, San Francisco, un puerto abierto y con tradición de liberal y bullicioso en el que pululaban toda clase de personajes de novela: matones, empresarios codiciosos, políticos hipócritas… con su personalidad sólo era cuestión de tiempo que escribiera sobre ello. Una de las mayores habilidades de Bierce era hacer pasar por natural lo imposible, y en estos cuentos el abismo que hay entre la total tranquilidad con la que habla de lo irracional que sucede y lo que nosotros consideramos como normal es lo que más atrae al lector. Atrocidad y normalidad se dan la mano en relatos donde el humor salvaje es el poso que queda en la taza.

Fábulas feroces. El genio satírico de un autor como Ambrose Bierce no podía dejar de sentirse atraído por un género como el de la fábula, que, bajo el disfraz de emblemas, animales o personificaciones, permite a través de historias de apariencia inocua fustigar los vicios, las corrupciones, las bajezas y la estupidez que parecen consustanciales a la naturaleza humana. En este libro además de las fábulas inventadas por él están las reinterpretadas a partir de las clásicas, todas unidas en ‘Sierras viejas con dientes nuevos’.

Cuentos inquietantes. Bierce frecuentó mucho el género fantástico haciendo de intervalo entre Poe y Lovecraft, hasta el punto de que éste último le incluyó como uno de sus santones literario. En su catálogo literario abundan los cuentos fantásticos donde manda lo extraordinario y fuera del mundo; la realidad se rompe lentamente con cada párrafo para dar paso a otros ámbitos, fenómenos o estados de conciencia que crean la desazón en el lector. El terror se combina con el eterno humor y la ironía.