Muere uno de los últimos representantes del cine español de posguerra, aquel que osciló entre lo poco serio que le permitía el franquismo, la comedia con segundas intenciones y el landismo: José Sazatornil, Saza, eterno secundario y actor de carácter, que dirían los norteamericanos. Todo un símbolo del español medio de un tiempo acartonado donde supo ser diferente.