Se acabó. Rosetta, después de más de una década de misión de vuelo y orbital y otro año y medio de intensa vigilancia y análisis del cometa 67/P, ha “terminado su guardia” impactando contra el cometa.
Hasta el último instante envió fotografías, como la que ilustra este post, tomada a unos 2 km de distancia del 67P, una masa irregular del tamaño del centro de Los Ángeles que marcó un hito astronómico para la Agencia Espacial Europea (ESA) y la ciencia, ya que logró orbitarla y lanzar una sonda secundaria, la Philae, para que se posara en su superficie y estudiara el cometa. El punto de caída ha sido una fosa cartografiada, Ma’at, y donde se originan varios chorros de polvo estudiados por Rosetta estos años. Rosetta llegó al cometa para empezar a orbitarlo el 6 de agosto de 2014 (despegó de la Tierra en marzo de 2004) y logró enviar a Philae poco después, que aterrizó accidentadamente el 12 de noviembre de 2014.
De hecho no pudo culminar su propia misión: rebotó contra la superficie y quedó sujeta sólo por un par de anclajes, por lo que quedó fuera de la zona de recepción de luz solar para alimentar sus paneles fotovoltaicos; para sujetarse tuvo que utilizar el taladro para exploración de la superficie, lo que limitó mucho su operatividad científica. La razón para sacrificar la nave es sencilla: una vez consumido el combustible de impulso del viaje, sus paneles solares no recibirán suficiente energía porque el cometa se está alejando del Sol. En lugar de perderla era mejor utilizarla hasta el final y conseguir más información en forma de datos e imágenes que se sumarán a la base de datos acumulada durante este tiempo. Durante el descenso ha logrado enviar información muy valiosa sobre el espacio que rodea el cometa y la propia superficie.
La importancia de los cometas
Los cometas de hoy son los mismos de hace 4.000 millones de años, sin cambios, es decir, justo en el momento en el que la Tierra empezó a ser un planeta. Son testigos mudos y fijos de cómo era el inicio del Sistema Solar. Por eso era tan importante la misión Rosetta y la sonda Philae. Atrás queda mucho trabajo. Una década de tiempo, 6.400 millones de km después y toda la ESA conteniendo la respiración para que la inversión finalizara con éxito. Ayudará a dar respuestas sobre si la teoría de que la vida llegó a la Tierra gracias al impacto de uno de estos cometas donde estaban los compuestos necesarios.
Una misión de más de una década en la que la Rosetta ya estudió los asteroides Steins (2008) y Lutetia (2010) antes de volver a apagarse y reiniciarse en enero de este año. La sonda Philae será vital para poder entender mucho mejor qué es un cometa, de qué se compone (aunque hay muchas clases y puede variar muchos) y cómo se comporta. Por ejemplo el 67P es un auténtico carámbano congelado, ya que viaja con una temperatura media de -70º. La Rosetta, con los espectrómetros que llevaba abordo, ha podido determinar que sin embargo esta temperatura es demasiado alta para ser una bala de hielo. A más hielo más agua, y a más agua más intrigante el papel de los cometas en el origen de la vida.
Porque ésa es una de las grandes claves: los cometas son bolas de compuestos congelados que deambulan en órbitas abiertas y largas alrededor del Sol, y entre los componentes hay hielo de agua. Es de suponer que quizás contengan otros compuestos que al reaccionar químicamente en un ambiente más estable y grande pudieran terminar por dar lugar a las bases de carbono necesitaras para que exista vida. Por ejemplo, en la Tierra. La teoría de la vida originada por el impacto de un cometa sobre nuestro planeta se mantiene como una opción más que explicaría por qué precisamente en este planeta. Por decirlo así los cometas serían balas perdidas donde está todo lo necesario para lo biológico, pero que no se inician a no ser que choquen contra un planeta. No obstante, es una teoría todavía por confirmar y que no supondría la anulación de las establecidas oficialmente hasta ahora.
Una de las últimas fotos enviadas por la Rosetta, antes de llegar a la zona de fosas de Ma’at